Cómo protegerse de gripes y resfriados

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Los adultos contraen entre 2 y 6 resfriados al año, pero se pueden tomar medidas para reducir las probabilidades de enfermar.

Los avances de la ciencia no pueden evitar todavía que suframos periódicamente, y con más frecuencia en otoño e invierno, el molesto conjunto de síntomas que caracterizan al resfriado y la gripe (dolor de garganta, mucosidad, estornudos, lagrimeo, tos seca y fiebre junto con dolores de cabeza, en las articulaciones y en los músculos en el caso de la gripe).

Varios factores influyen a la hora de contraer o no una infección respiratoria. Hace falta entrar en contacto con el virus de la gripe o, en el caso del resfriado, con alguno de los 200 rinovirus conocidos. Estos virus afectan las vías respiratorias, principalmente la nariz y la garganta, llegando en ocasiones a la tráquea y a los bronquios.

Por otra parte, el estado del sistema inmunitario y de las mucosas impide o facilita que los virus se multipliquen, y además son importantes las condiciones ambientales. Se ha dicho siempre que es necesario protegerse del frío, pero aunque parezca increíble, hasta hace muy poco no se determinó científicamente que favorece los resfriados y la gripe. Alumnos de medicina de la Universidad de Cardiff (Escocia) tuvieron que meter sus pies en agua a baja temperatura durante un rato cada día para comprobar si enfermaban más que sus compañeros con los pies calientes. El resultado fue que sí, que el frío resfría, seguramente porque provoca una bajada momentánea de las defensas.

Virus en el ambiente

La vía más frecuente de contagio son los virus que flotan en el aire tras ser expelidos por los enfermos al toser y estornudar. Como las gotas se posan en manetas de puertas, pasamanos, mesas, sillas, toallas, dinero o teléfonos, la manera más eficaz de evitar la invasión vírica es lavarse las manos frecuentemente y mantenerlas siempre alejadas de nariz, ojos y boca.

En los ambientes interiores es útil evaporar aceites esenciales de eucalipto, tomillo y menta porque tienen propiedades antisépticas. Existen aparatos vaporizadores pero también se pueden echar dos o tres gotas del aceite esencial —es importante que sea puro— es una taza con agua recién hervida. No es necesario que la calefacción suba la temperatura por encima de los 19 grados porque provoca un contraste con el exterior demasiado pronunciado. Por otra parte, disminuye la humedad en el aire y favorece que las mucosas de las vías respiratorias superiores se resequen, convirtiéndose en un lugar apropiado para la multiplicación de los virus.

Para evitarlo, la humedad debiera encontrarse siempre entre el 40 y el 60 por ciento. Los aparatos de bomba de calor suelen ofrecer una función humidificadora que resuelve la cuestión, mientras que en las casas con radiadores puede resultar una buena idea recurrir a los humidificadores eléctricos, sobre todo en los dormitorios. Los que funcionan por ultrasonidos son los más recomendables.

Alimentación preventiva

Una alimentación equilibrada que proporcione todos los nutrientes, especialmente los esenciales para el sistema inmunitario, es el otro gran pilar de la estrategia preventiva. Es necesario ingerir diariamente un mínimo de 60 mg de vitamina C, dosis que se obtiene, por ejemplo, de una naranja, un kiwi, un mango, un pimiento rojo crudo, tres mandarinas o media guayaba.

Otros nutrientes importantes son los minerales selenio y zinc. El primero es capaz de aumentar la producción de glóbulos blancos, que participan en la defensa contra los virus. El alimento más rico en selenio es la nuez de Brasil, pero los 70 mcg diarios necesarios se pueden obtener con una ración de pescado o incluyendo en la dieta huevos, cereales integrales y productos lácteos.

El zinc es interesante pues tiene una actividad antivírica directa. Para garantizarse los 15 mg necesarios es una buena idea comer diariamente un puñado de semillas de calabaza, un trocito de queso curado y pan integral. Además se encuentra en frutos secos, mariscos, legumbres, arroces integrales, carnes, pescados, huevos y productos lácteos.

El ajo y la cebolla crudos también tienen efecto antivírico y son reputados alimentos-medicina que no deben faltar en los menús de otoño y primavera. Por otra parte, los lactobacilos y bifidobacterias que se encuentran en el yogur y el kéfir ejercen un efecto beneficioso sobre el sistema inmunitario a través de la flora intestinal. Uno o dos yogures diarios son suficientes para incrementar la eficacia de las defensas.

La equinácea (Echinacea purpurea) es eficaz para prevenir los resfriados, según un estudio realizado por investigadores escoceses con más de 700 participantes que tomaron pastillas de extracto durante un mes. La investigación mostró que los resfriados se redujeron a la mitad de lo previsto. 

Hacer todo el ejercicio físico que se pueda, mantener el estrés bajo control y dormir las horas suficientes todas las noches —el sueño que se pierde no se recupera— son las recomendaciones que redondean el programa de fortalecimiento.

Y en caso de enfermedad

Si pese a todas las precauciones se acaba pillando un resfriado o una gripe, aún se pueden hacer algunas cosas. Un dicho afirma que la gripe se cura en siete días si no se va al médico y en una semana si se va. Es cierto que en general lo único que realmente cura en estos casos es el tiempo, pero también lo es que algunos remedios consiguen en algunos casos acortar el proceso y reducir la intensidad de las molestias.

La mayoría de medicinas que se venden sin receta —que no están libres de efectos secundarios y resultan, por cierto, un gran negocio para las empresas farmacéuticas— son analgésicos, antiinflamatorios y antipiréticos como la aspirina o el paracetamol. Alivian los síntomas pero no ayudan al cuerpo en el combate contra los virus. De hecho incluso obstaculizan la respuesta natural del organismo.

La vitamina C puede acortar la duración y la intensidad de los síntomas. Con fines terapéuticos se puede doblar o triplicar la dosis diaria recomendada, ya sea a través de alimentos o de suplementos. No obstante hay que subrayar que no se ha podido demostrar una eficacia general de la vitamina C: a unas personas les va bien y otras no aprecian el beneficio.

Más demostrado está el efecto del zinc, siempre que se tome en cuanto aparezcan las primeras molestias. Su acción es directa: debe dejarse que la pastilla se deshaga en la boca para que el tiempo de contacto entre el mineral y los virus que se han instalado en las mucosas sea el mayor posible. Una dosis de 12 mg cada 2 o 3 horas durante los tres primeros días puede conseguir que la duración del resfriado se reduzca a la mitad.

El tratamiento se completa con descanso, comidas ligeras y digestivas y un aumento en el consumo de líquidos que ayuden a limpiar las vías respiratorias. Puede tomarse agua, agua con miel, té con limón e infusiones de plantas medicinales, como el saúco, la verbena y el eucalipto.

Un resfriado o una gripe representa siempre un contratiempo, pero se supera mejor si la actitud es positiva y de confianza en la capacidad de recuperación. Una enfermedad leve de este tipo es una oportunidad para cuidarse y para desconectar de las rutinas. A fin de cuentas cada resfriado representa una vacunación y reduce las probabilidades de enfermar en los años siguientes.

¿Es necesario vacunarse?

• No existen auténticas vacunas contra los resfriados porque la variedad de virus causantes es demasiado amplia.
• La vacuna antigripal no garantiza que no se vaya a contraer la enfermedad, pero reduce las probabilidades. Sólo protege frente a un tipo de virus y durante una temporada.
• La vacuna no está libre de efectos secundarios, desde una febrícula de 2 o 3 días a reacciones más severas muy poco frecuentes. Deben evitarla las personas alérgicas al huevo.

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