Los aceites olvidados de la Biblia

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Los Reyes Magos portan oro, incienso y mirra al niño Dios. El valor del oro nos parece evidente hoy en día, pero el incienso y la mirra parecen poca cosa porque se han olvidado sus propiedades y simbología.

En las más diversas culturas y durante miles de años -desde los antiguos egipcios, pasando por los israelíes hasta los primeros cristianos- se han empleado aceites especiales para ceremonias espirituales y para la curación de enfermedades. La biblia certifica en numerosos pasajes estas aplicaciones llenas de fuerza y simbología. Sin embargo han caído totalmente en el olvido...  

El Antiguo y el Nuevo Testamento demuestran que los pueblos de la antigüedad tenían acceso a un tesoro compuesto por multitud de aceites, especias, fragancias y pomadas. Así, por ejemplo, en el Génesis (37:25) se describe cómo una caravana de camellos procedente de Galaad, cargada con especias, bálsamos y mirra pasaba junto a los rebaños de Jacob con destino a Egipto. 

Los aceites esenciales se usaban tanto de manera externa como interna desde el nacimiento hasta la muerte. Servían para prevenir y curar enfermedades, pero también se empleaban para limpiar el alma y el espíritu, y para ungir a los muertos. Los aceite servían como perfumes, se inhalaban, se tomaban por vía oral y también se empleaban para dar sabor en la cocina.

Entre las aplicaciones más nombradas por la Biblia está el ungido. Actualmente sólo se conoce el significado simbólico, sin embargo, en los tiempos bíblicos, este proceso tenía sobre todo una indicación medicinal. Ungir a alguien significaba aplicar una crema o dar un masaje con grandes cantidades de aceite. 

El "santo óleo" que Dios entregó a Moisés se corresponde con medidas actuales a 23,7 litros. Era una mezcla de valiosos aceites esenciales como el de cassia (un tipo de canela), hisopo, incienso, nardo, gálbano, mirra, onycha, canela y cálamo, mezclados en un aceite base (normalmente aceite de oliva). El vertido de aceite sobre el cuerpo se menciona en varios pasajes de la Biblia y parece haber tenido gran importancia.

También eran muy apreciados los aceites evaporados, que se nombran unas 70 veces en la Biblia. El potente efecto del humo aromático era muy apreciado por los pueblos bíblicos.

Los aceites más importantes de la biblia

Como es sabido, el inicio del Génesis describe el jardín donde vivían Adán y Eva en medio de los aromas de la naturaleza. En los últimos versículos se hace referencia al embalsamamiento del cuerpo de José, que se hacía tradicionalmente con una mezcla de aceites esenciales y un aceite vegetal. Los dos aceites esenciales que aparecen con más frecuencia en la Biblia son el de mirra y el de incienso. 

Mirra (Commiphora myrrha). La mirra es la resina que se obtiene del arbusto del mismo nombre, de la familia de las burseráceas, que procede del entorno del Mar Rojo. Su aroma amargo y místico distingue su aceite. El aceite de mirra es el más nombrado en la Biblia, siendo además el primero, en el Génesis (37:25) y el último, junto con el incienso, en aparecer Apocalipsis de San Juan (18:13).

La mirra era uno de los aceites que los Reyes Magos trajeron de Oriente como presente a Jesús recién nacido. En aquella época la mirra se empleaba para evitar infecciones del cordón umbilical. Tras la muerte de Jesús, su cuerpo fue preparado con sándalo y mirra. La mirra acompañó pues a Jesús desde su nacimiento hasta su muerte física.

Su aceite tiene la capacidad especial de alargar el aroma de otros aceites sin neutralizarlos, lo que mejora su calidad. Pero por sí mismo tiene muchas propiedades curativas: fortalece el sistema inmunitario y tiene un efecto antiséptico; es un estupendo remedio antiestrés ya que mejora el estado de ánimo gracias al efecto de los sesquiterpenos (62%) sobre el hipotálamo, la hipófisis y la amígdala.

Muchas culturas conocieron sus beneficios: los egipcios llevaban en la cabeza conos de grasa aromatizada con mirra para protegerse de las picaduras de insectos y refrescarse del calor del desierto. 

Los árabes usaban la mirra ante las enfermedades de la piel y también para combatir las arrugas. En el Antiguo Testamento se habla de que la judía Esther, que debía de desposarse con el rey persa Ahasveros, se pasó seis meses antes de la boda bañándose en mirra. 

Los romanos y los griegos empleaban la mirra por su sabor amargo como estimulante del apetito y la digestión. Los hebreos y otros pueblos bíblicos la masticaban como si fuera un chicle para evitar infecciones de boca.

Incienso (Boswellia carteri). Procede de la región arábiga y se caracteriza por un aroma terroso y alcanforado. El aceite se consigue mediante extracción y destilación de la resina de la corteza del árbol. En el antiguo Egipto, el incienso era considerado como remedio curativo universal. En la cultura india, dentro del ayurveda, el incienso también tiene un papel fundamental.

Junto con la mirra, era el otro presente que los magos de oriente llevaron a Jesús:

“...Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.” (Mateo 2:11)

Seguramente los Magos de Oriente eligieron el incienso porque era costumbre que los hijos recién nacidos de reyes y sacerdotes fueran ungidos con su aceite.

El incienso tiene efecto antiinflamatorio y está indicado para el reuma, las enfermedades intestinales inflamatorias, el asma, la bronquitis, las arrugas y las impurezas de la piel.

También se confieren al incienso propiedades relacionadas con la conciencia, de ahí que juegue un papel importante en la meditación. El incienso para quemar en forma de varita o cono se utiliza en templos y con fines sacros en general. Su aroma balsámico es único y sigue siendo fundamental en composiciones de perfumería.

Cedro (Cedrus atlantica). El cedro parece ser el primer aceite obtenido por destilación. Los sumerios y los egipcios usaban este procedimiento para conseguir el preciado aceite de embalsamar y para desinfectar. También se usaba para limpiezas rituales y para los cuidados de los enfermos de lepra, además de para protegerse de los insectos. Su efecto es tan fuerte que los armarios realizados en esta madera son capaces de mantener las polillas alejadas. 

El aceite de cedro está compuesto en un 98% de sesquiterpenos que favorecen la oxigenación cerebral y favorecen el pensamiento claro.

La madera de cedro mejora el sueño gracias a la estimulación de la hormona melatonina.

El aceite es además antiséptico, evita las infecciones urinarias y regenera la piel. Se ha empleado en enfermedades como la bronquitis, la gonorrea, la tuberculosis y la pérdida de cabello.

Cassia (Cinnamomum cassia) y canela (Cinnamomum verum). Pertenecen a la familia de las laureáceas (laureles) y se asemejan mucho en el olor. Los dos aceites tienen propiedades antivirales y antibacterianas.

La canela es uno de los aceites antimicrobianos más potentes que existen. Además resulta sexualmente estimulante.

A través de inhalaciones o frotaciones de las plantas de los pies con ambos aceites, se puede fortalecer el sistema inmunitario y protegerse de los resfriados.

La cassia es uno de los componentes del santo óleo de Moisés. Así se explica en el Éxodo (30:23-25):

“Toma también de las especias más finas: de mirra fluida, quinientos siclos; de canela aromática, la mitad, doscientos cincuenta; y de caña aromática, doscientos cincuenta; de casia, quinientos siclos, conforme al siclo del santuario, y un hin de aceite de oliva. Y harás de ello el aceite de la santa unción, mezcla de perfume, obra de perfumador; será aceite de santa unción.”

Cálamo aromático (Acorus calamus). Es una planta asiática que crece con preferencia a orillas de pantanos.  

Los egipcios conocían el cálamo como la “caña sagrada” y para los chinos tenía la propiedad de alargar la vida. En Europa se emplea como estimulante del apetito y vigorizante. Su aceite también es componente de la santa unción de Moisés. También se usaba como incienso y se llevaba como perfume.

Hoy en día el aceite se usa en contracturas musculares, inflamaciones y problemas respiratorios.[pagebreak]

Gálbano (Ferula gummosa). Pertenece a las família de las apiáceas, como el perejil, y está emparentado con el hinojo. El olor de su aceite es terroso y estabiliza emocionalmente. Del zumo lechoso de su raíz seca se obtiene un bálsamo, que por su efecto positivo en problemas femeninos como dolores menstruales se conoce como “resina madre”. Es antiespasmódico y diurético. El aceite se emplea para mejorar los problemas digestivos, las enfermedades de las vías respiratorias y para atenuar las arrugas.

Los egipcios usaban el gálbano para momificar sus muertos con su resina gomosa. También se empleaba como incienso y se le atribuía un profundo efecto espiritual como se ve en el Éxodo (30:34-35):

“Dijo además Jehová a Moisés: Toma especias aromáticas, estacte y uña aromática y gálbano aromático e incienso puro; de todo en igual peso, y harás de ello el incienso, un perfume según el arte del perfumador, bien mezclado, puro y santo.”

Onycha/Styrax (Styrax benzoin). También se conoce como “benjuí” o “incienso de Java”. Es un aceite de color dorado y con un olor semejante al de la vainilla. Se empleaba en la antigüedad frecuentemente como incienso gracias a su aroma dulzón y agradable. Favorece una relajación profunda, ayuda a conciliar el sueño y se emplea contra miedos e irritabilidad. Tiene un efecto de profunda limpieza, de ahí que se empleara también en el cuidado de la piel.

Nardo (Nardostachys jatamansi). En los valles húmedos y las pendientes del Himalaya crece el nardo de fragancia amarga y terrosa. Su aceite era uno de los más valiosos y se usaba como unción de reyes y sacerdotes. Según la Biblia, hubo un gran revuelo cuando María de Betania utilizó aceite de nardo por valor de más de 300 denarios para ungir los pies y los cabellos de Jesús (Marco 14:3-8). Al parecer de Judas y otros discípulos se trató de un derroche, pero Jesús la justificó. 

Se asegura que el aceite consigue unir los planos corporal y espiritual. Tiene un fuerte efecto sobre el sistema nervioso, es tranquilizante y favorece el sueño. Se emplea en alergias, migrañas y mareos. Refuerza el valor y da paz interior.

Hisopo (Hyssopus officinalis). Pertenece a la familia de las lamiáceas y en la antigua Grecia se empleaba por sus propiedades expectorantes y sudoríferas en resfriados, tos, bronquitis, gripes y asma. Los pueblos bíblicos lo usaban para limpiar a las personas de adicciones y malas costumbres. Así, en el Salmo 51, 7-11 se dice:

“Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría; que se regocijen los huesos que has quebrantado. Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de tu presencia, y no quites de mí tu santo Espíritu.”

Para obtener protección frente al Ángel de la Muerte los israelíes colocaban  matas de hisopo en los dinteles de las puertas.  

El hisopo se empleaba sobre todo en caso de afecciones de las vías respiratorias como el asma.

Mirto (Myrtus communis). El aceite se obtiene a través de la destilación de las hojas jóvenes, ramas o flores del arbusto del mirto, que está muy extendido por la región mediterránea.

El mirto tiene un fuerte significado de limpieza. Aún hoy las ramas se emplean en los ramos de novia ya que representan la pureza. Se decía en la antigua Roma que Afrodita, diosa de la belleza y el amor, emergió de los mares sosteniendo una rama de mirto. El mirto se empleaba en tiempos bíblicos para ceremonias religiosas y para rituales de purificación.

El aromaterapeuta francés Dr. Daniel Pénoel descubrió que el mirto era capaz de armonizar las funciones de los ovarios y de la tiroides. También los problemas respiratorios pueden mejorar al inhalar este aceite o recibir friegas en el pecho. El olor fresco y herbáceo del mirto libera las vías respiratorias.

Además el aceite es adecuado para combatir el estreñimiento y ayuda en caso de psoriasis, heridas y lesiones.  

Sándalo (Santalum album). El árbol de sándalo, autóctono del este de la India, es considerado sagrado en su patria. En la tradición médica india del ayurveda ya se conoce su efecto antiséptico, antiinflamatorio y antiespasmódico. 

La madera de sándalo, de peculiar y agradable aroma, se conocía en tiempos de la Biblia como aloe, aunque no tenía nada que ver con la conocida planta aloe vera. El sándalo ya era conocido por sus propiedades de apoyo en la meditación y como afrodisíaco También se empleaba el aceite para embalsamar.

Hoy en día este aceite (muy a menudo, falsificado) se emplea para el cuidado de la piel, para mejorar el sueño y para regular el sistema endocrino y reproductor femenino.

Desenterrar el tesoro 

Los aceites olvidados de la Biblia pueden recuperarse y utilizarse de manera eficaz en la actualidad. En sus aromas contienen una fuerza milenaria que necesitamos más que nunca.

Efectos corporales y espirituales  

Los aceites de oliva o lino se utilizaban como sustancias portadoras aunque no están libres de propiedades medicinales. Sin embargo, se atribuyen virtudes todavía mayores a los aceites esenciales cuyos compuestos activos son capaces de penetrar profundamente en los tejidos.

Hoy sabemos que los aceites esenciales pueden equilibrar los sistemas circulatorio, digestivo, endocrino, nervioso e inmunitario. 

Aplicados desde el exterior, ofrecen protección contra picaduras de insectos y conducen a la curación de heridas y alteraciones de la piel. Pero no sólo tienen efectos sobre el cuerpo, sino también a nivel emocional, espiritual y mental.

Los aceites esenciales se encuentran entre las sustancias con más potencia antioxidante que existen. Por ejemplo, las famosas bayas Goji tienen un valor antioxidante (ORAC) de 25.300, mientras que el aceite esencial del clavo de olor tiene un valor de 10.786.875. Esto supone un poder 400 veces mayor que el de las bayas.

Además son capaces de atravesar la barrera hemato-encefálica. Al inspirar los aromas, las moléculas de aceite van a parar directamente a la amígdala cerebral, compuesta por un conjunto de núcleos de neuronas localizadas en la profundidad de los lóbulos temporales donde se procesan y almacenan emociones y recuerdos. Por tanto los aceites esenciales pueden actuar a un nivel difícilmente alcanzable por otras sustancias.

Su gran poder terapéutico también pueden atribuirse al fenolipropano, un compuesto fenólico, y a los mono y sesquiterpenos. Una hipótesis sostiene que el fenilpropano y los fenoles son capaces de “limpiar” la superficie de las células. De esta manera favorecen la interacción perfecta entre células. Los sesquiterpenos favorecen el transporte de oxígeno y junto con los monoterpenos pueden eliminar residuos que interfieran el funcionamiento de las células. Estos tres componentes ayudan al cuerpo a recuperar y mantener el equilibrio.