Movimientos suaves que apoyan las defensas

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El objetivo es influir sobre el flujo del chi, la energía vital que determina la salud, según la medicina oriental.

Un estudio de gran envergadura, publicado en el riguroso  Journal of the American Medical Association, demostró que el ejercicio moderado y suave resulta más beneficioso que la actividad física intensa y agresiva. La persona entregada al taichí o al yoga, cuyo cuerpo quizá no responda al prototipo de deportista, tendrá más salud que el típico adicto al gimnasio de figura escultural.

Estas disciplinas orientales pueden llegar a ser muy complejas -por ejemplo, sólo el estilo yang de taichí se compone de 108 gestos- pero también se pueden practicar series sencillas de ejercicios que son suficientemente eficaces.   

La antigimnasia, la euritmia, la eutonia, la biodanza son sólo algunas de las otras opciones para practicar movimientos suaves. 

1. Sentir la energía

• Postura preliminar de pie. Con los pies separados, alineados en la vertical de los hombros y con los dedos gordos señalando al frente, permitimos que los hombros se relajen, que la nuca permanezca estirada y libre de tensiones y respiramos profundamente. Las rodillas están ligeramente flexionadas de manera que la colocación de la pelvis permita que los órganos se recojan en un acogedor recipiente y que los músculos de la parte baja de la espalda se alarguen y relajen. Al tiempo, la concentración se dirige a las sensaciones que proceden del cuerpo.

• Sacudir el cuerpo entero para liberar y hacer circular la energía. Empezamos a mover los dedos. Damos pequeño salto sobre el sitio y respiramos profundamente. Aumentamos del brinco y sacudimos las manos. Sacudimos también la cabeza y los hombros. La mandíbula debe estar relajada. Los movimientos pueden exagerarse y prolongarse, alternando el peso de un pie a otro. Cuando se sienta como fluye la energía, se puede tratar de dirigirla a los órganos o zonas del cuerpo que interese. El ejercicio se repite de 6 a 15 veces al día. 

2. Remedio general

• La tradición asegura que este movimiento por si solo, junto con relajación y respiración profunda es el más conveniente para alargar la vida y, si se está enfermo, favorecer la curación.

Partiendo de la posición preliminar de pie, nos inclinamos hacia delante y llevamos los brazos estirados también hacia delante. Luego nos estiramos hacia atrás, también con los brazos estirados. Intentamos llegar cuanto más atrás mejor. 

Después se respira profundamente, nos relajamos y repetimos el ejercicio. Es recomendable repetirlo de 20 a 50 veces en 6 a 10 sesiones diarias.