Más vitaminas y menos Prozac

26.9.2013
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Vitaminas, minerales y otras sustancias presentes en los alimentos se han mostrado eficaces, a grandes dosis, para prevenir y mejorar las enfermedades emocionales y psíquicas.

La importancia de los suplementos alimenticios en relación a los desequilibrios mentales lleva investigándose desde hace más de 50 años y, en la actualidad, pocos dudan de su eficacia, a excepción de la medicina psiquiátrica oficial y los psicoanalistas más ortodoxos. Al mismo tiempo, cada vez despierta más dudas la efectividad de los fármacos psicoactivos: un reciente artículo publicado en el Journal of the American Medical Association señala, por ejemplo, que estos no son mejores que placebos cuando se aplican a personas con depresión débil a moderada.

Hace unos tres años, Jack Challem publicó el libro La comida, una solución al malhumor, en el que analiza los resultados de las investigaciones que relacionan la dieta con las alteraciones psíquicas, desde los raptos de malhumor hasta el insomnio, la depresión o la esquizofrenia. Mantiene que la falta de neuronutrientes, que al principio se manifiestan como inexplicables ataques de mal humor, irritabilidad, fatiga, insomnio y accesos de ansiedad o de depresión leve, a la larga acaban evolucionando hacia la esquizofrenia, el trastorno bipolar o la depresión crónica si no se realizan a tiempo los necesarios cambios en la dieta y no se recurre a complementos nutricionales.

 

La importancia de las vitaminas del grupo B

Vitamina B1 

Los estados carenciales de la vitamina B1 como de la vitamina B3 afectan a la salud física, pero también se manifiestan en el sistema nervioso o psíquico. Si bien la carencia absoluta o casi absoluta de estas vitaminas difícilmente puede manifestarse hoy en día con la dieta habitual, sí puede haber muchos casos de déficit crónico de una vitamina, lo que con el tiempo puede afectar al sistema nervioso y más si esa insuficiencia coincide con otras carencias nutricionales, o con desequilibrios bioquímicos producidos por una alimentación incorrecta o como consecuencia de una medicación, de un ambiente tóxico o de alguna adicción (especialmente el alcoholismo).

Varios estudios han demostrado que un déficit subclínico de B1 puede originar depresión, inestabilidad emocional y agitación. Ensayos realizados con vitamina B3 han dado resultados comparables a la acción de las benzodiacepinas: relajantes, sedantes y tranquilizantes. Su empleo en altas dosis se ha revelado efectivo frente a la esquizofrenia.

A mediados del siglo pasado, varios científicos de la talla de Linus Pauling, C. Pfeiffer, A. Hoffer o H. Osmond construyeron las bases teóricas y experimentales de la medicina ortomolecular y, en particular, de la psiquiatría ortomolecular, que en esencia puede definirse como el tratamiento de las enfermedades mentales mediante complementos nutricionales y, en especial, con vitaminas.

A medida que se fue avanzando en conocimientos sobre la bioquímica del ser humano y de los animales, se han ido encontrando nuevas moléculas orgánicas que están implicadas en el equilibrio del sistema nervioso y en el funcionamiento del cerebro. Hoy sabemos que el cuerpo sintetiza numerosas proteínas que actúan tanto a nivel de neurotransmisores como de hormonas y que nuestro bienestar emocional es el resultado de un delicado equilibrio entre todas esas sustancias, que unas veces actúan de forma sinérgica y en otras antagonizando unas con otras.

Vitamina B6

La clave de la salud reposa en la capacidad del organismo para procurarse con la alimentación las materias primas necesarias para sintetizar esos neurotransmisores y en hacerlo en las cantidades que el cuerpo requiera en todo momento. Ahora bien, esos procesos de síntesis química se revelan extraordinariamente complicados y hay unas moléculas en ellos que actúan como catalizadoras de ciertas etapas críticas del proceso: las vitaminas. Por ejemplo, la vitamina B6 es fundamental para la síntesis de serotonina, dopamina y GABA (Ácido Gama-Amino-Butírico), y la vitamina C para formar la norepinefrina a partir de la dopamina.

El ácido fólico o vitamina B9 es bien conocido porque se suele administrar a las embarazadas. Una leve carencia en folatos puede dar origen a malformaciones en el tubo neuronal del feto y degenerar en espina bífida. Sin embargo, la administración de esta debería hacerse antes del embarazo ya que un nivel óptimo de la misma puede llegar demasiado tarde en el proceso del desarrollo fetal (clave entre los días 21 y 27 de la concepción).

Pero las deficiencias de B9 no sólo tienen importancia para las embarazadas y su hijo. En coincidencia con otros investigadores, Edward Reynolds señala en Folic acid in Neurology que los niveles bajos de ácido fólico se caracterizan por la aparición de estados depresivos. En ancianos, los bajos niveles de B9 se asocian con demencia senil, Alzheimer y pérdida de memoria reciente.

La B6 o piridoxina, que  como ya hemos visto es clave para la síntesis de varios neurotransmisores, aumenta la producción cerebral de serotonina, lo que se traduce en una sensación de relajación y tranquilidad. Junto a ésta, hay que destacar la vitamina B3. Abram Hoffer, el pionero de la psiquiatría ortomolecular, trató a más de mil pacientes esquizofrénicos con grandes dosis de vitamina B3 (1 a 6 gramos/día), logrando resultados comparables a las benzodiacepinas.

Respecto a la vitamina B12, se han obtenido espectaculares resultados en casos de demencia senil mediante suplementación con B12 y en especial si se administra junto con la B9.

Suplementación

En general las vitaminas del grupo B suelen suministrarse en conjunto como un complejo B que incluye: B1, B2, B3, B5, B6, B8 o biotina, B9 y B12, a las que se agregan tres sustancias que juegan un papel complementario y que antiguamente se consideraban como pertenecientes al grupo B: colina, inositol, y PABA.

La colina –al igual que las vitaminas D y K–, es sintetizada por nuestro organismo, si bien, en los casos de problemas mentales o nerviosos, no lo hace en la proporción que se requiere y debe complementarse mediante nutrientes. Se trata de la molécula precursora de un importante neurotransmisor: la acetilcolina, involucrada en las actividades neuronales, desde el movimiento muscular hasta la memoria, la capacidad cognitiva y el equilibrio emocional. Hay varios estudios que demuestran su efectividad tanto en casos de memoria senil como de trastorno bipolar.

Inositol   

El inositol es otra sustancia incluida en el complejo B y que también puede ser sintetizada deficientemente por el organismo. Hace unos años, se hizo un estudio que comparaba la efectividad del inositol con la droga fluvoxamina (químicamente similar a Prozac) en 20 pacientes que sufrían ansiedad y ataques de pánico, demostrándose que tiene efectos comparables a ese fármaco.

En otros estudios se demostró la efectividad del inositol frente a la bulimia nerviosa, la ansiedad y la depresión, así como en la mejora cognitiva de un grupo de enfermos de Alzheimer. Cabe señalar que el inositol actúa en la sinapsis, al igual que los psicofármacos antidepresivos y ansiolíticos SSRI (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), por lo que algunos naturópatas lo denominan Prozac natural. El inositol es un componente natural de frutas, vegetales, legumbres, nueces, semillas y carne, por lo que en una dieta normal ingerimos del orden de un gramo de inositol al día, pero para lograr un efecto farmacológico se necesitan entre 10 y 20 gramos/día.

Los resultados de los ensayos clínicos anteriormente reseñados se realizaron analizando vitamina a vitamina, aunque solemos tomar las vitaminas del grupo B como un complemento completo (complejo B), por lo que es de esperar que haya una acción sinérgica de mayor efectividad. Por último, debe tenerse en cuenta que una dieta con exceso de azúcar o abuso de alcohol tiende a consumir las reservas de vitaminas del grupo B del organismo.

Otros nutrientes

Los metales

Zinc. Carl Pfeiffer, un médico nutricionista, estudió durante 30 años la relación que hay entre los minerales esenciales en la dieta, minerales tóxicos y conductas sociales. En 1980 comenzó a estudiar con William Walsh, un experto en química analítica, los contenidos de metales en los cabellos y obtuvieron resultados sorprendentes: las personas normales mostraban similares contenidos de metales en sus pelos, en tanto que el de los delincuentes contenía tres veces más plomo y cadmio (ambos metales son muy neurotóxicos).

Además, dentro de esos reclusos pudieron diferenciar dos grupos: uno mostraba un alto contenido en cobre y bajo en zinc, sodio y potasio, y se caracterizaba por “perder los nervios” y estallar de ira ante la mínima objeción. El otro grupo tenía bajos el zinc y el cobre y muy altos los contenidos de sodio y potasio y se distinguía por ser agresivos natos, los que no mostraban arrepentimiento por sus conductas violentas. 

El zinc parece jugar un papel fundamental en la etapa de crecimiento y maduración del cerebro y más tarde participa en la síntesis de los compuestos encargados de la eliminación y expulsión del organismo de los metales tóxicos ya señalados. Además, el zinc participa en la síntesis de unas 200 enzimas diferentes y se ha comprobado que en los encéfalos de la gente que sufre depresión, demencia, retraso mental y dificultades de aprendizaje hay niveles muy bajos de zinc. Es un metal esencial para la síntesis de varios neurotransmisores, en especial de GABA, serotonina y melatonina, y juega un rol importante en la síntesis de proteínas, forma parte de la molécula de la insulina y además es un importante factor en el metabolismo de las hormonas del eje hipotálamo-hipófisis.

Magnesio. Varios estudios han relacionado las carencias de magnesio con la epilepsia, las migrañas y la circulación por la sangre de un exceso de hormonas adrenales que contribuyen a la ansiedad, los ataques de pánico y al desequilibrio entre los sistemas simpático y parasimpático.

Cromo. Los compuestos de cromo venían usándose en el tratamiento de la glucemia, siabetes II (DMNID) y síndrome metabólico. Pero hace pocos años, el Dr. Michael McLeod descubrió de forma casual una sorprendente manera de combatir la depresión mientras trataba a un paciente deprimido, que mejoró al iniciar una dieta apoyada con la ingesta de picolinato de cromo. Intuyó que podía haber alguna relación y trató con compuestos orgánicos de cromo (los mismos que se emplean para el exceso de azúcar en sangre) a los pacientes que estuvieron dispuestos a realizar las pruebas.Usó placebos, compuestos de cromo y combinaciones entre estos y medicación antidepresiva habitual. Los resultados de sus trabajos y de los colegas que repitieron con otros pacientes la experiencia fueron publicados en las más prestigiosas revistas de psiquiatría y ya nadie duda de que es un tratamiento efectivo de la depresión. 

Litio. En 2009, unos investigadores de la Universidad de Oita, en Japón, publicaron en British Journal of Psychiatry que, tras medir la cantidad de litio en el agua de consumo doméstico de 18 comunidades del sur de Japón y compararlo con el promedio de suicidios de esas zonas, comprobaron que había menos en las zonas donde el agua era más rica en litio. Las cantidades de metal que hallaron en el agua abarcan desde un máximo de 59 microgramos/litro y un mínimo de 0,7 microgramos/litro. Los autores concluyen que el agua con mínimas cantidades de litio podría bajar la tasa de suicidios y proponen investigar más a fondo sus propiedades. Actualmente el litio es muy usado en grandes dosis para tratar el trastorno bipolar y otras alteraciones mentales, aunque luego fue eclipsado por los psicofármacos.

Omega-3

Muchos psiquiatras ortomoleculares insisten en los buenos resultados de raciones de uno a cuatro gramos diarios de aceite rico en omega 3 (en especial el aceite de pescado rico en DHA y EPA) en casos de depresión, SHDA y esquizofrenia, tanto por sí solos, como tomándolos para potenciar el efecto de fármacos químicos convencionales.

La acción del omega-3 podría estar relacionada con su capacidad antiinflamatoria, dado que es frecuente encontrar estados de inflamación en encéfalos de personas con desórdenes mentales.

El Dr. Andrew L. Stoll quedó tan impresionado con los resultados de omega-3 en casos de depresión y trastorno bipolar que decidió escribir un libro sobre el tema: La conexión omega-3: un novedoso programa dietético-cerebral para la depresión. Posteriores estudios demostraron que los omega-3 contribuían también a la reducción de actitudes agresivas, insomnio, ansiedad y tendencias suicidas. Unos investigadores franceses demostraron que en los ratones de laboratorio una dieta alta en omega-3 potenciaba la síntesis y secreción de dopamina (el neurotransmisor de la euforia). Y Mary Zanarini y sus colaboradores de la Universidad de Harvard demostraron en el 2003 que los suplementos de omega-3 contribuyen a reducir los estados depresivos y las actitudes agresivas.

Las hormonas y los aminoácidos

Melatonina. Es una poderosa hormona fabricada por la glándula pineal y muy utilizada para casos de insomnio y jet lag, y tiene también propiedades contra el Alzheimer. Según los estudios del Dr. Miguel Pappolla, la melatonina inhibe in vitro la formación de las placas de la proteína beta-amiloide (tóxica para las neuronas cerebrales) en células neuronales. En ensayos con ratones de laboratorio se comprobó también que los nudos fibrilares típicos de esta enfermedad bloquean la producción de melatonina en el encéfalo, retroalimentando la escasez de melatonina y su acción protectora en el cerebro. 

Triptófano. Desde los estudios de Don Ross en 1998, se sabe que el nivel de serotonina descienden peligrosamente a partir de las siete horas de privación en el suministro de l-triptófano. De lo que se deduce que muchos casos de disminución de serotonina en el organismo pueden atribuirse a un déficit de triptófano, un aminoácido escaso en la mayoría de los alimentos. De hecho, ha sido extensamente utilizado en el tratamiento de una amplia gama de trastornos. Este debe complementarse con las vitaminas B6, C y ácido fólico y el magnesio, necesarias para la transformación del triptófano en serotonina.

Se trata de un aminoácido esencial: no es sintetizado por nuestro organismo y proviene de los alimentos. Una ingesta inadecuada o insuficiente de triptófano o de vitamina B6 puede dar origen a problemas como dermatitis, diarrea, demencia e incluso la muerte. Niveles significativamente bajos de triptófano suelen ser característicos de pacientes con Alzheimer y puede tener relación con otros trastornos de naturaleza psíquica.

El uso de suplementos alimenticios con triptófano (o el 5HTP precursor de la serotonina) ha demostrado ser útil en casos de depresión, insomnio, fatiga mental y ansiedad.