Cuidado natural de los oídos

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¿Cómo se trata naturalmente el dolor y la infección?

Remedios naturales, homeopáticos y caseros.

Existen animales con un oído mucho más complejo y fino, pero el ser humano se sorprende con el suyo. Casi desde niños sabemos que contiene los huesos más pequeños y originales del cuerpo, el yunque, el estribo y el martillo, que no soportan músculos, sino que transmiten el sonido hasta el oído interno. Nos parece maravilloso, pero no cuidamos lo suficiente los oídos. Las alteraciones son muy frecuentes, a pesar de que las más comunes –las infecciones y la pérdida de capacidad auditiva debida al ruido ambiental– pueden prevenirse y tratarse eficazmente.  

El oído está dividido en tres partes. El externo está compuesto por el pabellón auricular y el conducto auditivo externo, y su función es conducir el sonido hacia el oído medio. En éste se encuentran la caja del tímpano y las celdas mastoideas. Dentro de la caja timpánica, que se comunica con el cavum de la faringe mediante la trompa de Eustaquio, se alojan los tres famosos huesecillos, que están articulados y oscilan al recibir las ondas sonoras. En el hueso temporal se encuentra también el oído interno o laberinto, que engloba dos sistemas, el laberinto posterior, encargado del equilibrio, y el sistema coclear, encargado de la audición. 

Las ondas sonoras llegan hasta el tímpano, lo hacen vibrar y mueven así los huesecillos, que transmiten la onda hasta el oído interno, donde se propagan en un medio líquido que rodea el auténtico “micrófono” del cuerpo, la espiral de Corti, donde se hallan miles de células sensibles, con forma de cabellos, que al moverse transforman la vibración en impulsos nerviosos que el cerebro interpreta.

La infección de oídos es una de las afecciones más comunes durante la infancia. Cuando tienen seis años, casi todos los niños la han sufrido alguna vez y para algunos es un problema recurrente. A los padres puede llegar a preocuparles que las infecciones acaben dañando el oído de los pequeños.

Existen dos tipos principales. La otitis externa afecta a la piel —se puede ver el conducto enrojecido, escamoso o húmedo— y puede causar dolor y salidas de líquido. No representa un riesgo para la integridad del órgano, pero puede disminuir temporalmente la capacidad de audición. Es poco probable que se complique y en la mayoría de los casos basta con un tratamiento casero. Consiste en lavar con suavidad las escamas y exudaciones con la ayuda de un trozo de algodón empapado en vinagre diluido en agua al 50%, que se deja en el oído durante 8-12 horas (hay que estar seguros de que el algodón podrá sacarse sin dificultades). Luego, con la ayuda de una pera, se enjuaga el conducto y se deja que se seque. Cada ocho horas aproximadamente se puede poner una gota de la solución de agua con vinagre.

Infección del oído medio

La otitis media se produce cuando la trompa de Eustaquio se abre y se cierra inapropiadamente, permitiendo que las mucosas cargadas de microorganismos de la garganta y la nariz penetren y se queden en el oído medio. Es más seria que la externa y es la que propiamente se considera infección de oídos. 

Los niños son más propensos a sufrir el trastorno porque su trompa todavía es demasiado pequeña para funcionar a la perfección. A cualquier edad, lo más  normal es que las infecciones aparezcan después de haber sufrido un resfriado.

A medida que la infección progresa, el pus que se forma en el oído medio aumenta la presión sobre el tímpano, que se abomba hacia afuera, lo que causa un dolor agudo. Puede, incluso, rasgarse para permitir la salida del pus, pero no hay que alarmarse: una pequeña rotura de tímpano cura sin problemas.

Los síntomas son variados. Unas personas sufren dolores intensos y otras sólo sienten los oídos taponados. Los niños más pequeños pueden tirarse de las orejas o mostrarse más irritables de lo normal. Puede haber fiebre alta, aunque a menudo ni siquiera aparece. En ocasiones el niño vomita o tiene diarrea y se hace difícil relacionar los trastornos con los oídos. 

Para diagnosticar la otitis es necesario observar el estado del tímpano y del canal externo con un otoscopio (una lente equipada con una luz). Una manera “aficionada” pero eficaz de diferenciar la otitis externa de la media es mover y tirar del lóbulo de la oreja para comprobar si la molestia aumenta. Si es así, se trata de una otitis externa, pero no hay que descartar que simultáneamente no haya una otitis media.

Los médicos convencionales recetan antibióticos para tratar la otitis y evitar complicaciones, a pesar de que multitud de estudios científicos señalan su poca eficacia: una investigación de gran tamaño incluso ha mostrado que los niños que no recibieron antibióticos se curaron un poco antes. 

Otro estudio halló que los niños con otitis crónica tratados con antibióticos eran de dos a seis veces más propensos a recaer que aquéllos que tomaron placebos. Por otra parte, los antihistamínicos y los descongestionantes, aunque se receten a menudo, son aún menos eficaces y encima tienen efectos secundarios. 

Cuando la otitis crónicas causa pérdida auditiva, el otorrino suele optar por insertar diminutos tubos de plástico a través del tímpano para permitir el drenaje. Este tratamiento es eficaz sólo durante unos meses y favorece la aparición de lesiones irreversibles en el tímpano, por lo que debiera reservarse para los casos más graves y evitarse en los niños. 

En cualquier caso, es necesario tener cuidado si se recibe el diagnóstico de otitis media. Las complicaciones son raras pero posibles. Dos de ellas son la meningitis, cuando la infección llega al cerebro a través de la sangre, y la infección del hueso mastoideo (mastoiditis), que puede causar pérdida de oído. Por eso conviene permanecer alertar a la aparición de rojeces, dolor o hinchazones en la zona. 

Tratamiento natural

La medicina convencional no se para a pensar en cuál es el origen de las infecciones y en por qué algunos niños las sufren repetidamente. 

En los niños las infecciones recurrentes están muy relacionadas con la lactancia artificial precoz, bien porque la leche de vaca maternizada provoca una reacción de intolerancia en el bebé, o bien por el efecto antiinflamatorio e inmunoprotector de la materna. Está demostrado que hay una relación entre lactancia artificial, alergias alimentarias e infecciones de oído crónicas. No obstante, no es recomendable dar el pecho o el biberón estando el bebé tumbado, pues la fuerza de la gravedad puede llevar el líquido al interior del oído medio.

Para prevenir la aparición del problema en los bebés es muy recomendable mantener la lactancia materna hasta los dos años (y como alimentación exclusiva hasta los seis meses). A cualquier edad, las infecciones de oído repetidas pueden indicar la existencia de una intolerancia alimentaria o una alergia subyacentes. 

Las recomendaciones generales en caso de otitis son guardar reposo y beber mucho líquido. En la mayoría de los casos no es necesario nada más, pero se puede reforzar la capacidad autocurativa del cuerpo con la ayuda de los remedios homeopáticos (ver el recuadro) y las plantas medicinales. Algunas recomendables son la equinácea (Echinacea angustifolia), el sello de oro (Hydrastis canadensis) y la regaliz (Glycyrrhiza glabra). Se toman tres veces al día (infusiones de una cucharadita de cada una).

No conviene realizar aplicaciones calientes sobre el oído, aunque ésta sea una recomendación tradicional. Es cierto que alivian el dolor, pero existe el riesgo —pequeño— de que favorezcan el desarrollo de la infección.

Según los osteópatas, a menudo los trastornos que se manifiestan en el oído tienen su causa última en traumas físicos u otros acontecimientos —quizá el propio nacimiento— que dejaron una impresión sobre los "circuitos de comunicación" del cuerpo. En consecuencia, la llegada de sangre arterial a los oídos o los drenajes venoso y linfático pueden haber resultado afectados. La movilidad rítmica del hueso temporal puede haber resultado interrumpida. Como resultado, semanas después del suceso se desarrolla la infección. 

Un osteópata puede realizar manipulaciones sobre articulaciones, músculos y tejidos conjuntivos para deshacer los bloqueos. De hecho, el tratamiento natural más recomendable para las infecciones de oído infantiles que se repiten es la osteopatía. 

Los remedios homeopáticos

La homeopatía ofrece muy buenos resultados ante las infecciones de oído. Como es sabido, los homeópatas realizan un tratamiento individualizado que tiene en cuenta las características del paciente a la hora de elegir un medicamento. El remedio homeopático constitucional es a menudo eficaz con las otitis crónicas serias. Sin embargo, existen ciertos remedios que se utilizan frecuentemente en estos casos. Las preparaciones se toman cada 3-6 horas durante 2-3 días. Si en 24 horas no se ha experimentado ninguna mejora conviene probar con otros remedios:

Belladonna. Es la medicina homeopática más frecuentemente indicada durante las primeras fases del dolor de oídos, especialmente cuando la enfermedad comienza de repente, con síntomas previos de resfriado (mucosidad acuosa). Otros signos que recomiendan esta elección son canal auditivo de color rojo brillante, fiebra alta y repentina y dolor extendido hacia el cuello, la cara o la garganta.

Ferrum phosphoricum. Es utilizado en las primeras etapas de los dolores de oídos que aparecen de pronto y que no van acompañados de formación de pus. Pero, en comparación con los casos donde está indicada la Belladonna, la aparición no es tán repentina, la fiebre no es tan alta y el dolor es menos intenso. 

Hepar sulphuricum. Indicado para los niños irritados. Aunque el estado emocional es similar al descrito para la Chamomilla, el niño se muestra algo menos expresivo, es menos proclive a chillar prolongadamente, no tienen tanta aversión a ser abrazados. Hepar está indicado para niños frioleros, que buscan el calor de las mantas. El dolor es intenso, va acompñado de una descarga coloreada y espesa por la nariz o por los oídos, y empeora por la noche y con el frío.

Pulsatilla. En comparación con Chamomilla, es recomendable para niños que llevan el dolor sin perder la dulzura y la placidez. Pueden mostrarse irritables, pero no   se violentan. Además desean ser abrazados y se sienten mejor cuando se les muestra afecto. Pulsatilla está indicado  para  las infecciones que se desarrollan tras síntomas de catarro que han durado días. La descarga nasal es espesa y amarilla o verde. También en el oído puede haber salida de líquido amarillo verdoso. El dolor suele empeorar por la noche y en lugares cálidos. Puede que no haya fiebre, pero el afectado se  siente caliente y quiere aire fresco. Además siente poca o ninguna sed. 

Chamomilla. Está indicada cuando los síntomas emocionales son muy acentuados: si el niño es extremadamente irritable, grita, se enfada, pega y no quiere ser tocado ni reconfortado. En cambio, se calma cuando se le toma en brazos. Los síntomas empeoran si se inclina hacia adelante y mejoran con el calor. La salida de pus es poco frecuente, sin embargo puede haber moco acuoso, incoloro, por la nariz. 

Mercurius. Recomendado para los dolores después de que haya ocurrido la formación de pus. El niño que necesita Mercurius es algo irritable, actúa impulsivamente y está menos atento de lo normal. Le molesta tanto el frío como el calor, pero los síntomas suelen empeorar con el calor, especialmente en la cama. El dolor es más intenso por la noche. Otros síntomas que lo hacen recomendable son transpiración profusa, con mal olor, salivvación aumentada,  mal aliento y lengua hinchada

Silica. Está indicado en los estados avanzados de los resfriados que van acompañados de infección de oídos. Quien necesita Silica lleva bien su enfermedad, pero está menos interesado en obtener afecto que las personas que necesitan Pulsatilla. Otros síntomas son sensación de cansancio, necesidad de calor y sudor en las manos, pies o cabeza. El dolor tiende a producirse por la noche y empeora con las complicaciones del resfriado, al moverse o al permanecer sentado durante mucho tiempo. Silica es el remedio más indicado para los dolores detrás de la oreja. 

La amenaza del ruido

Tras las infecciones, la siguiente amenaza para los oídos es el ruido. La exposición prolongada a un nivel sonoro elevado puede dañar las células en forma de cabello del oído interno, de manera que la capacidad auditiva resulte afectada irreversiblemente. La sensibilidad del oído puede empezar a disminuir a los 20 años, aunque el afectado no suele darse cuenta hasta los 50, cuando ya es demasiado tarde. A cualquier edad hay que sospechar si se pide a menudo que nos repitan las cosas o si nos dicen que bajemos el volumen de la radio o la televisión.

Los perjuicios causado por el ruido pueden ir mucho más allá del oído. Puede producir hipertensión arterial, enfermedad cardiaca isquémica, neumotórax y comportamiento agresivo, dificulta la lectura y la concentración, y afecta la memoria y la capacidad de resolver problemas.

Los 85 db que se consideran seguros se superan ampliamente en ciertos puestos de trabajo, así como en conciertos o locales musicales y utilizando mal los equipos de audio. Un decibelio es una unidad que mide la intensidad del sonido en una escala de cero a 140. Una conversación normal se desarrolla a unos 60 db. El motor de un camión llega a los  100 db, como muchas máquinas industriales o las perforadoras de construcción. Pero para que se produzca un daño permanente no hace falta que la exposición se mantenga día tras día: basta que explote un petardo muy cerca. Por encima de 140 db (120 db en los niños) se puede producir inmediatamente un daño en el oído.

Las medidas preventivas resultan obvias (aislar la casa con ventanas dobles, controlar el volumen de los aparatos audiovisuales, ponerse tapones...) aunque no siempre está en la mano de los individuos evitar la fuente de ruido. Según un estudio encargado por la Comisión europea, más de la mitad de los ciudadanos europeos viven en un entorno ruidoso. Un tercio soportan por la noche ruidos que turban su sueño.  

Buena parte de la responsabilidad es de las autoridades municipales, que mediante ordenanzas debieran asegurar la salud de los ciudadanos. Pero los camiones y las motos van a seguir circulando y las obras no cesarán. El pesimismo está justificado pues ya en la antigua Roma se intento evitar mediante leyes el ruido que producían las ruedas de los carros sobre los adoquines. Hoy seguimos con lo mismo, aunque hemos multiplicado el número de máquinas y actividades que nos atronan.

Por otra parte, los ruidos relacionados con el trabajo son difícilmente evitables, aunque pueden hacerse muchas cosas para mitigarlos, como elegir tecnologías más silenciosas, instalar barreras o hacer obligatorio el uso de protectores.

Acúfenos o tinnitus

Junto a la pérdida de capacidad auditiva, la aparición de un zumbido ocasional o permanente puede ser síntoma de que se está expuesto a un ruido excesivo. Los zumbidos pueden tener diferentes características y ser debidos a varias causas, entre ellas haber sufrido una exposición continuada a un ruido intenso que halla  dañado el nervio auditivo. Este sería el origen en aproximadamente la mitad de los casos. Pero también es posible que el acúfeno sea consecuencia de deficiencias circulatorias, malformaciones de la trompa de Eustaquio, tapones de cera, alergias alimentarias, reacciones a medicamentos, anemia o diabetes. La medicina psicosomática sostiene que el paciente de tinnitus no se defiende frente al estrés sino que lo interioriza y se molesta a sí mismo. Así se hace más patente su necesidad de paz. Desde esta perspectiva, la curación pasa por pararse, mirar hacia adentro y descubrir las propias necesidades.

El zumbido puede ser leve y sobrellevable o tan intenso que dificulte la concentración, trastorne el sueño o incluso favorezca la aparición de una depresión. Es un problema frecuente entre la población adulta —lo sufre el 15% aproximadamente— y cada vez más entre adolescentes.

Los tratamientos médicos convencionales no siempre pueden ayudar a los pacientes. El tratamiento natural comienza con el aprendizaje de alguna técnica de relajación, como biofeedback, relajación progresiva, entrenamiento autógeno o sofrología, pues el tinnitus suele ir acompañado de unas contracturas de los músculos de la cabeza y el cuello que dificultan la llegada de suficiente sangre al oído interno. Hacer ejercicio físico, yoga o tai chi son otras buenas ideas para reducir el estrés y reequilibrar el organismo.

La acupuntura consigue resultados excelentes en ocasiones. Según la medicina tradicional china, este trastorno del oído guarda relación con un desequilibrio energético del riñón. Por tanto, el tratamiento, que puede completarse con plantas medicinales, actúa sobre el riñón y de rebote el acúfeno se difumina. 

La fitoterapia occidental también tiene una interesante propuesta: se ha demostrado que el ginkgo biloba mejora la circulación en los vasos sanguíneos más pequeños, como los encargados de irrigar el cerebro y el oído interno. Los resultados debieran empezarse a apreciar entre las 6 y las 8 semanas. 

Si ningún tratamiento resulta eficaz, se puede optar por enmascarar los tinnitus leves con la ayuda de un "ruido blanco" de fondo. Se trata de un tipo un sonido constante que abarca con la misma intensidad todas las frecuencias audibles. En internet es fácil encontrar archivos sonoros de este tipo e incluso páginas generadoras (como ésta).

Las infecciones, el ruido, el tinnitus y muchos otros problemas —por ejemplo, tumores o daños de las estructuras sensoriales causados por drogas o medicamentos, como los antibióticos de la familia aminoglycoside y la vancomicina— pueden llevar a una pérdida de capacidad auditiva. Incluso la popular aspirina puede producir una leve pérdida de oído mientras se está tomando. Pero lo normal es que, viviendo en un entorno respetuoso y manteniendo un comportamiento sensato en relación con las fuentes de sonido, se llegue a edades muy avanzadas con un oído más que bueno. 

Los remedios caseros 

Para el dolor:

• Poner una bolsa de hielo sobre el oído dolorido durante 20 minutos.
• Guardar reposo y beber mucho líquido (dos litros de agua por lo menos). 

Para abrir y drenar las trompas de Eustaquio:

• Sentarse con la cabeza recta y realizar con la mandíbula el movimiento de mascado (o mascar algo realmente). 
• A continuación realizar la maniobra de valsalva: cerrar las ventanas de nariz con los dedos e intentar expulsar aire hasta que se sienta un chasquido en el oído afectado. 
• Los dos ejercicios pueden hacerse varias veces a lo largo del día. 
• Además son recomendables como medida preventiva antes de despegar o aterrizar en avión (un bebé puede mamar o chupar el biberón).  

Para vaciar la cera (sólo si se está seguro de que el tímpano no está perforado):

• Acostado de lado, introducirse unas gotas de agua templada en el oído con ayuda de una jeringuilla (¡sin la aguja!).
• Esperar 10-15 minutos y sacudir la cabeza para expulsar el agua.
• Repetir con agua oxigenada, esperar 15 minutos y hacerlo de nuevo con agua templada.
• Si la cera no ha salido, repetir todos los pasos después de tres horas.   

Para la higiene diaria: 

• Los bastoncillos de oídos no sirven para limpiar el conducto externo: se usan para limpiar y secar los pliegues del pabellón auditivo. Si se introducen en el conducto empujan la cera y contribuyen a la formación de tapones. 
• La oreja y el oído externo se lavan diariamente con agua y jabón. Para evitar la entrada de agua en el oído medio se inclina la cabeza hacia el lado que se está lavando.
• Existe un spray para los oídos, a base de agua de mar, que evita la formación de tapones de cerumen. El producto realiza una microdifusión muy suave, específicamente adaptada al conducto auricular.

Velas hopi para una higiene perfecta
Los tapones de cera pueden disolverse con la ayuda de las llamadas "velas hopi". Es un remedio con una larga historia. Los egipcios utilizaban velas para curar trastornos del oído hace 4.500 años y también lo hacían los indios hopi de las praderas norteamericanas. Las velas para la higiene de los oídos están hechas a mano con cera de abeja, própolis y algodón sin blanquear. Tienen forma de cono. La parte estrecha se coloca en el conducto auditivo y la ancha se enciende. Tarda en quemarse unos 10 minutos y mientras las ceras y las toxinas se oxidan y vaporizan, saliendo del oído gracias al "efecto chimenea". Las velas están diseñadas de manera que es imposible que se produzca algún tipo de daño. La persona que se las aplica no siente nada, excepto ligeros crujidos y silbidos de la cera al ascender por el cono. Para que el oído quede completamente limpio es necesario quemar dos o tres velas por oído. El tratamiento se repite cada 3-6 meses. Las personas que tengan los oídos en peores condiciones pueden necesitar hasta 8 velas distribuidas en un periodo de seis meses. Sólo están contraindicadas en pacientes con el tímpano artificial, perforado o con tubos de drenaje.