Al sol sin miedo

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La radiación solar aporta muchos más beneficios para la salud que perjuicios. Para disfrutar de ellos se puede adoptar una estrategia natural, que incluye los baños de sol razonables y la utilización de productos naturales. 

El mito dice que cada día, Apolo recorre el cielo en su carro de este a oeste y regala la luz de la vida al planeta. Para los antiguos griegos, Apolo fue el dios de la luz y el sol, que podía traer a los mortales tanto enfermedad como curación. La ciencia moderna también cree que el sol tiene dos caras, pero a lo largo del último siglo ha insistido en los aspectos negativos.

Todos sabemos ya que los rayos ultravioletas son capaces de penetrar hasta las capas profundas de la piel, donde pueden desencadenar la generación de células cancerosas. En cambio, se han minusvalorado los beneficios que brinda el sol. Por ejemplo, es necesario para la síntesis de vitamina D, un nutriente que regula la expresión de un millar de genes, implicados en la formación de tejidos corporales y en procesos como el metabolismo del calcio o el funcionamiento del sistema inmunitario.

Apenas se ha debatido cuál es la dosis mínima necesaria o cuál es la mejor manera de tomar baños de sol, más allá de recurrir a cremas solares cuyos efectos son discutibles. Aunque existen estudios epidemiológicos con todas las garantías científicas que relacionan el uso de cremas solares artificiales y el incremento de melanomas, ninguna sociedad científica ha respaldado todavía una estrategia de precaución.

    
  

PRINCIPALES EFECTOS SALUDABLES

Antibiótico. Bajo la acción de las radiaciones ultravioleta muchas bacterias pierden la facultad de reproducirse, reducen su vitalidad y mueren. Así limpian la atmósfera de los gérmenes que causan resfriados y gripes. Cuando nos exponemos al sol, la acción antibiótica se produce sobre la piel.

Antidepresivo. La luz del sol resulta imprescindible en la regulación de la secreción de hormonas y neurotransmisores. Cuando escasea, algo que ocurre, por ejemplo, durante el largo invierno en los países nórdicos, se multiplican las probabilidades de sufrir depresión estacional.

Antiinflamatorio. El sol estimula la circulación sanguínea y las terminaciones nerviosas de la piel, lo que produce un efecto analgésico. Los dolores musculares, debidos a contracturas o contusiones, y las inflamaciones superficiales se alivian.

 
    

Síntesis de vitamina D

La piel de una persona que se exponga en traje de baño al sol de verano durante media hora segregará 1,25 mg de vitamina D a lo largo de las siguientes 24 horas. La cantidad de vitamina producida se reduce a medida que aumenta el  bronceado, de manera que una persona con la piel muy oscura necesitará que el tiempo de exposición se multiplique por seis para segregar la misma dosis que una pálida. Los antropólogos evolucionistas creen que la piel del ser humano se fue blanqueando a medida que se alejaba de su cuna en África para favorecer precísamente la obtención de vitamina D. Paralelamente tuvo que aumentar la ingesta de pescado graso, donde también se encuentra. 

La función principal de la vitamina es reforzar la absorción del calcio para que pueda fijarse en los huesos, servir para la transimisión de señales nerviosas o para obtener energía de los alimentos. La deficiencia de vitamina D, debida a una exposición insuficiente al sol, puede causar malformaciones esqueléticas en los niños, así como dolor de huesos y osteoporosis en las personas mayores, tanto mujeres como hombres. 

Además existen estudios que asocian la poca exposición al sol, la deficiencia de vitamina D y una incidencia mayor de esclerosis múltiple, diabetes, hipertensión, síndrome metabólico y varios tipos de cáncer, entre ellos los de mama, ovario, colon, páncreas y próstata. William Grant, director del Centro de Investigación Luz Solar, Nutrición y Salud, con sede en San Francisco (Estados Unidos), sospecha que los baños de sol pueden conferir protección ante enfermedades como la artritis reumatoide, el asma y las infecciones. 

Tomar el sol de manera moderada y regular incluso podría prevenir el melanoma, el cáncer de piel más agresivo, que tradicionalmente se ha achacado a las quemaduras solares sucesivas. Según Michael Holick, profesor de la Universidad de Boston (Estados Unidos), las personas que trabajan al sol presentan paradójicamente una incidencia menor de melanoma. Marianne Berwick, de la Universidad de Nuevo México (Estados Unidos), apunta además que las personas con una exposición alta y continuada sobreviven al melanoma en mayor proporción que otros pacientes con menos horas de sol a sus espaldas.

También protege del cáncer

En cuanto se examinan los datos con profundidad, la ecuación que relaciona el sol con el cáncer es más compleja de lo que se acostumbra a pensar. Como subraya Reinhold Vieth, profesor de Nutrición en la Universidad de Toronto (Canadá), por cada tres casos de cáncer debidos al exceso de sol se producen de 30 a 40 causados por la deficiencia. Por tanto Vieth y otros investigadores se preguntan si es razonable evitar el sol a toda costa para evitar el cáncer de piel. 

El nivel de vitamina D en la sangre es el único indicador de que se está sufriendo una deficiencia de sol. Los expertos consideran que poseer menos de 29 nanogramos (ng) por mililitro (ml) implica una predisposición a una amplia variedad de enfermedades. La mala noticia es que buena parte de la población, especialmente las personas mayores, se encuentran en esta situación de riesgo.  

La orquilla de valores aconsejables se sitúa entre los 40 y los 60 nanogramos de vitamina D por mililitro. Mantenerlos en este margen es la medida más eficaz para evitar el cáncer después de dejar de fumar, según Cedric Garland, profesor de la Universidad de California (Estados Unidos). Sus indicaciones para alcanzar las tasas mencionadas mediante baños de sol son muy precisas: hay que tumbarse con el 40 por cien de la piel desnuda, cuando el sol está en lo más alto, de 3 a 15 minutos diarios, en función del tipo de piel, sin crema de protección solar. Estas recomendaciones son seguras para todas las personas sanas que no toman medicamentos que aumentan la sensibilidad a los rayos solares.

Las exposiciones breves (de cinco a diez minutos) y repetidas a lo largo del día son seguras y eficaces, mientras que pasar el mismo tiempo al sol pero de una sola vez puede ser arriesgado. Por otra parte, llevar una dieta rica en antioxidantes ayuda a prevenir los efectos negativos de la radiación solar y refuerza los positivos. Las vitaminas A, C y E, el selenio y los compuestos químicos presentes en los vegetales con un color llamativo son potentes antioxidantes que en verano se encuentran al alcance de la mano. 

La helioterapia, la cura naturista mediante baños de sol, muestra cómo se pueden aprovechar las propiedades beneficiosas de las radiaciones solares y evitar sus riesgos. Tuvo su momento álgido en el siglo XIX, cuando se demostró eficaz para curar el raquitismo y las tuberculosis, ambas debidas a las malas condiciones de vida en las ciudades industrializadas. 

Cuando los agricultores trabajaban de sol a sol, las clases altas valoraban la piel casi translúcida. Cuando los trabajadores fueron encerrados en las fábricas y se quedaron pálidos, los ricos comenzaron a apreciar el color de la piel después de un crucero. Los historiadores ubican el cambio del ideal blanco al moreno en torno a 1920. Casí un siglo después aún seguimos esa estela, dominados por el modelo del cuerpo enteramente bronceado, que se asocia a la belleza y los placeres lujosos.

Para alcanzarlo, muchos no dudan en echar mano de cremas con ingredientes desconocidos, de seguridad dudosa, y tumbarse en playas y terrazas a ver pasar las horas, a veces con gran esfuerzo.

Existe un culto alternativO al sol, basado en el cuidado de la salud. En la década de 1920, el doctor Auguste Rollier definió la helioterapia como disciplina médica y construyó un sanatorio en Leysen, en los alpes suizos, donde trató con éxito a pacientes de tuberculosis mediante baños solares. El centro de Rollier y su técnica del baño solar se hicieron célebres en toda Europa.  

Los pioneros de la helioterapia recuperaron a principios del siglo XX una antiquísima tradición sanadora, cuya historia conocida se remonta a Egipto y Grecia, donde los baños de sol formaban parte de las rutinas para fortalecer la salud. El historiador Heródoto mencionó la utilización del sol como remedio terapéutico e incluso señaló los peligros de su empleo abusivo, dando normas para evitar las quemaduras.  

    
  

LUGARES Y TIEMPOS PARA TOMAR EL SOL

EL SOL DE MONTAÑA, con aire limpio y seco, presión atmosférica baja, y radiaciones abundantes en infrarrojos (calóricos), estimula el sistema nervioso y el metabolismo. También está indicado para reforzar el sistema respiratorio.

LA HELIOTERAPIA MARINA, bajo la enorme luminosidad que causa la reflexión en la arena y el mar, y con una temperatura y humedad moderadas, resulta sedante y está indicada en convalecencias, debilidad general, retrasos de crecimiento o problemas de circulación.

LAS HORAS RECOMENDABLES son entre las 10 y las 12 de la mañana y a partir de las cuatro de la tarde. Las horas centrales del día deben evitarse.

EL PLAN DEBE SER PROGRESIVO. El primer día basta con cinco minutos. Los especialistas recomiendan empezar por los pies y cada día posterior sumar cinco minutos y ampliar la zona de exposición. Al quinto día se habrá incluido el pecho (la cabeza se cubre siempre) y el baño habrá durado 20 minutos. Conviene realizar pausas para tomar un baño o ponerse a la sombra durante media hora hacia la mitad del baño de sol. Tras cada sesión es necesario refrescarse con agua.

 
    

La técnica del baño solar

Salvo excepciones, la mayoría de personas tiene la capacidad de adaptarse al sol, que puede tomarse en dosis pequeñas y moderadas sin necesidad de recurrir a las cremas. Si se quiere prolongar la exposición o se desea proteger las zonas más delicadas —las menos expuestas durante el resto del año— se pueden utilizar productos realmente naturales, basados exclusivamente en filtros físicos como el dióxido de titanio o el óxido de cinc.

Cada persona debiera conocer cuál es su nivel de tolerancia al sol y planificar los baños en consecuencia. Para ello hay que determinar el fototipo, es decir, cuál es la reacción de nuestra piel a la radiación solar. En las descripciones siguientes, el tiempo indica cuánto tarda en quemarse una zona normalmente no expuesta, bajo un sol de mediodía en verano. 

El fotipo I se quema muy fácilmente y nunca se broncea. Tiene la piel blanca lechosa, ojos azules, cabello de rubio o pelirrojo y pecas todo el año. No debe permanecer al sol más de diez minutos.

El fotipo II casi siempre se quema y a veces se broncea. Probablemente es de piel blanca rosada, le salen pecas en verano, tiene ojos de color claro y el pelo rubio o castaño claro. Su límite de exposición está en 15 minutos.

El fotipo III a veces se quema y generalmente se broncea. La piel que no está expuesta al sol es blanca, pero no le cuesta adquirir color. Puede permanecer bajo el sol hasta 30 minutos.

El fotipo IV es raro que se queme y siempre se broncea. La piel siempre está morena y el cabello y los ojos son oscuros. Su límite es de 45 minutos.

El fotipo V está genéticamente pigmentado. Es muy frecuente en las poblaciones nativas americanas, asiáticas y mediterráneas.

El fotipo VI tiene la piel negra y puede estar una hora o más bajo el sol sin quemarse.

Exposición planificada

Sólo el tipo I debiera prescindir por completo de la idea de beneficiarse del sol. Incluso debiera protegerse habitualmente con gafas oscuras, sombrero y crema. Los demás poseen capacidad de adaptación.

Si se pretende obtener todos los beneficios del baño de sol y evitar sus riesgos, es necesario preparar la piel desde tres semanas antes. Durante este tiempo debe someterse a una exfoliación, es decir, un tratamiento que elimine las células muertas y favorezca la renovación celular. Para ello, tres veces a la semana nos cepillaremos antes de la ducha con un guante de crin o nos aplicaremos una crema exfoliante natural. Después de la ducha se aplica aceite de almendras dulces para hidratar y nutrir la piel.

Los baños de sol pueden empezarse a tomar según los consejos del médico naturista Eduardo Alfonso, cuyas obras, escritas desde la década de 1920, continúan siendo actuales. Recomendaba a las personas fundamentalmente sanas y con una piel no demasiado blanca, con capacidad para broncearse, que el primer día se expusieran al sol durante seis minutos, tres por la parte anterior y tres por la posterior, y que cada día fueran aumentando el tiempo de exposición en sólo dos minutos por cada lado. 

Siguiendo este plan, el límite del baño de sol puede situarse en 40 minutos, vigilando siempre la propia sensibilidad y evitando en todo momento la quemadura. Si queremos alargarlo durante más tiempo, es imprescindible que se recurra a una crema protectora, respetando las instrucciones de tiempo y cantidad que ofrezca el fabricante. 

Tras el baño de sol, se aplica una infusión de caléndula por todo el cuerpo  con ayuda de un pulverizador y a continuación se realiza un masaje suave con aceite de almendras. No hay que olvidarse de cuidar el cabello, sobre todo si también se han realizado baños de mar. Para nutrirlo a lo largo del verano se puede aplicar aceite de aguacate una vez a la semana, unos diez minutos antes de lavarlo. 

Las radiaciones solares difícilmente causan efectos secundarios indeseables si se toman con mesura. Sin embargo, conviene ser muy prudente si se sufren determinados problemas de salud. Es el caso, por ejemplo, del lupus eritematoso, que puede verse agravado después de los baños de sol. Otros trastornos que tienen contraindicada la helioterapia son las afecciones cardiacas, hepáticas y renales severas, la hipertensión grave y el cáncer. 

Tampoco hay que exponerse al sol si se tiene fiebre o se está siguiendo un tratamiento médico. Los que implican mayor riesgo de provocar efectos secundarios son los antibióticos, los somníferos y los antidepresivos. Entre los antidepresivos se incluye una planta medicinal, el hipérico o hierba de San Juan, que produce una sensibilización de la piel a la luz del sol y puede provocar la aparición de manchas. 

Precauciones especiales

Algunas personas deben tomar precauciones especiales. La radiación solar beneficia en general a los niños, sobre todo en el desarrollo de su sistema musculoesqulético, pero también es cierto que son más vulnerables que los adultos. Es conveniente recordar que el cáncer se ve favorecido por la repetición de quemaduras que empiezan en la infancia. 

Los bebés con menos de siete meses no debieran estar expuestos nunca a la luz directa del sol durante las horas de máxima incidencia. Entre los siete y los 18 meses pueden recibirla en el cuerpo durante unos minutos, pero no en la cabeza. 

No hay razón para que las personas mayores renuncien a los baños de sol. Al contrario, conviene que los tomen mientras hacen un paseo por la playa para mejorar la circulación en las piernas y favorecer la sínteses de vitamina D, que va decreciendo con la edad. Eso sí, deben hidratarse en abundancia por dentro y por fuera. Pueden, por ejemplo, beber un par de litros diarios de agua con unas gotas de zumo de limón e hidratarse la piel con cremas adecuadas. En cuanto a las embarazadas, pueden beneficiarse de la luz del sol como las demás personas y con las mismas precauciones.

Cremas y tiempo

Las cremas, que no protegen frente a todos los tipos de radiación solar, ofrecen una peligrosa sensación de seguridad. Permiten tomar el sol más tiempo, pero no con más seguridad. El tiempo añadido viene indicado por el número de «protección». Es decir, tomar el sol sin crema durante 15 minutos produce una «carga solar» equivalente a hacerlo con una crema de protección 8 durante dos horas (15 multiplicado por 8 nos da 120 minutos). Por lo tanto, la seguridad no está en la crema, sino en el tiempo que dura el baño de sol. 

Riesgo de los filtros químicos. La oxibenzona reduce la absorción de radiación UVB (la que quema) pero dejan pasar buena parte de la UVA (la que broncea, pero que también es cancerígena a largo plazo). En consecuencia, uno cree protegerse con la crema y en realidad recibe un exceso de radiación. Por otra parte, los filtros químicos son absorbidos por la piel y sus efectos a largo plazo todavía no son bien conocidos. Producen frecuentemente reacciones de tipo alérgico.

Filtros naturales. Los filtros físicos, utilizados en las cremas naturales, reflejan ambos tipos de radiación, la UVB y la UVA. Lo consiguen mediante ingredientes minerales (dioxido de titanio, óxido de cinc u otros) que dejan una característica pátina blanca sobre la piel (por eso son menos utilizados por las firmas cosméticas convencionales). No obstante, conviene rechazar el dióxido de titanio si se encuentra en forma de nanopartículas (están prohibidas en los productos ecológicos certificados). 

Alimentos protectores. Es fundamental consumir diariamente alimentos ricos en  betacaroteno. Es un pigmento presente en las frutas y hortalizas de color amarillo, rojo y naranja (zanahorias, albaricoques, calabazas, mangos...) que previene los procesos degenerativos en la piel. Los frutos secos y semillas son interesantes por sus ácidos grasos que protegen la dermis. El té verde posee potentes antioxidantes cuyo efecto preventivo frente al cáncer de piel está demostrado.