Resiliencia

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Hay una palabra que me lleva rondando la cabeza desde hace años: resiliencia.

Hay una palabra que me lleva rondando la cabeza desde hace años: resiliencia. Llegué hasta ella por la vía ecológica, y aún recuerdo mi paso por el Centro para la Resiliencia de Estocolmo. De ahí salió una historia sobre las ciudades “resilientes” y la necesidad de adaptarse y absorber el impacto del cambio climático.

Ahora me toca aplicarme el cuento a nivel personal, aunque los libros de psicología positiva y meditación me miran desde las estanterías con una capa del polvo, como vestigios de otra época sin duda más feliz.

Pues resulta que resiliencia –no confundir con “resistencia”- viene del término latín “resilio”, que tiene esa connotación de “rebotar o volver atrás”. El término se aplica desde hace tiempo a campos como la ingeniería o la fabricación de materiales, y parece que fue John Bowlby quien contribuyó al salto a la psicología y a las ciencias sociales.

La resiliencia está de moda, como también lo está el “mindfulness”, y aquí tenemos ya el Instituto Español de la Resiliencia. En tiempos de crisis, comenzó a hablarse de la resiliencia en las empresas, y parece que estemos rodeados también de políticos “resilientes” (que aguantan lo que les echen).

Dicen que se puede nacer con una predisposición a la resiliencia, pero que es una cualidad esencialmente dinámica, que puede y debe cultivarse, pues nos hará más “resistentes ante la adversidad”.

“Levantarse y luchar”, de Rafaela Santos, define en dos palabras el concepto. Imaginemos que recibimos un golpe. Y ahora dejemos de imaginarlo porque resulta que estamos en el suelo, y no hay lona donde agarrarse. Pero dentro llevamos los “recursos psicológicos”, o eso parece, no solo para ponernos en pie, sino para salir fortalecidos.

Dicen también que la flexibilidad ante los cambios, la perseverancia y el sentido del humor son cualidades que nos hacen más "resilientes". Pero si tenemos que aprender una lección, nos remitimos a las ecosistemas: a mayor diversidad, mayor resiliencia. Moraleja: nada mejor para superar una experiencia traumática que contar un rico ecosistema de amigos, familiares y personas cercanas en los que apoyarse.

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