Rábano rusticano: la raíz prodigiosa

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Algunos le llaman la penicilina del huerto y efectivamente el rábano rusticano tiene un enorme potencial curativo. Desde septiembre hasta febrero se cosechan sus raíces.

Ya en la Edad Media el rábano rusticano (Armoracia rusticana) se empleaba como remedio curativo en caso de dolores de barriga, problemas digestivos, gases, toses persistentes, así como intoxicaciones provocadas por setas. 

Hoy en día se conocen sus componentes curativos: los glucosinolatos (alil-glucosinato y 2-fenil-etil-glucosinolato)​. Estos compuestos son inodoros y sobre todo muy efectivos cuando el rábano fresco está recién preparado.

 

En la cocina aporta un sabor único al plato y mejora su conservación.

Si se utiliza el rábano desecado las enzimas vegetales se desdoblan en aceites de mostaza volátiles y picantes que hacen que su efecto sea más flojo.

Además, contiene vitamina C, B1, así como flavonoides y sales potásicas.

Por desgracia, su cultivo se ha ido reduciendo en la península ibérica, pero todavía se puede encontrar en las estribaciones pirenaicas de Aragón y Cataluña. En español, la planta se conoce como jaramago, mostaza romana o rábano magisco, magistro, picante, rusticano, rústico, salvaje, silvestre o vagisco.

En catalán se le conoce como rave rusticà, rave picant, rave boscà, rave de bestiar, rave de cavall, rave de porc, rave de riu o herba dels cantors. En vasco como errefau mina y en gallego, ravo picante ou ravo rusticano.

Aplicaciones terapéuticas

Los principios activos picantes estimulan la producción de jugos gástricos y biliares. Además tiene un efecto antiespasmódico (previene los dolores abdominales) y ayuda a bajar la tensión arterial.

También frena la proliferación de cándidas y es recomendable para tratar infecciones de vías urinarias de origen bacteriano.

Para utilizar el rábano rusticano con fines sanadores se recomienda rallar entre 10 y 20 gramos de raíz y consumirla mezclada con yogur.

Se puede aplicar como un remedio externo, triturado y en forma de cataplasma. De esta manera sirve para combatir molestias musculares, gota y trastornos reumáticos, entre otros, gracias a su capacidad para estimular la circulación.

Para hacer la cataplasma se ralla el rábano rusticano, se mete en un bol y se mezcla con agua hasta que se obtenga una pasta, que se coloca en un paño de algodón encima de la zona afectada.

Si duele la cabeza debe colocarse sobre la nuca. Y sobre la mejilla en caso de dolores de mueltas. 

En el rábano rusticano hay unas sustancias denominadas goitrinas que inhiben la absorción de yodo, de ahí que en caso de sufrir déficit de yodo o de hipotiroidismo sea mejor renunciar a su ingesta o consultarlo con el médico. 

En la cocina

El rábano rusticano se ralla y se usa tal cual, o bien se muele y se elabora con él una pasta que en muchos países sustituye a las mostazas. Esta pasta también se vende, coloreada de verde, como si fuera wasabi, el condimento japonés que acompaña el sushi, pero que es mucho más caro (el wasabi auténtico se elabora con otro rábano picante, el Eutrema japonicum o Cochlearia wasabi.

En el Reino Unido es la base del "horseradish" y en Francia del "raifort".