El poder de la permacultura

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Trabajar con la naturaleza, integrando la agricultura en el bosque, en asentamientos humanos sostenibles y pensando en las generaciones venideras. Los principios acuñados por Bill Mollison y David Holmgren a finales de los setenta han echado raíces en todo el mundo

Recorremos cuatro de proyectos punteros en España: Cañadulce en Coín, Huerto del Rey Moro en Sevilla, Serral de Ses Monges en Inca y Arboretum en Marbella

"Copiar y pegar de la naturaleza... La labor del permacultor es la de diseñar y crear entornos humanos sostenibles y totalmente respetuosos con el medio ambiente".

A Lucho Iglesias le cambió la vida un documental, protagonizado por el australiano Bill Mollison y demostrando el poder de la permacultura… “Descubrí que tenemos a mano todas las herramientas para hacer posible el paraíso. Se puede vivir efectivamente de otra manera: en total armonía con la naturaleza, haciendo crecer maravillosos bosques comestibles, cultivando nuestros propios alimentos con el máximo respeto a la tierra. Porque la permacultura es ante todo muy práctica, ideal para construir paso a paso nuestra utopía”.

Ahora, a sus 45 años, en compañía de Matricia Lana y de su hijo, Lucho puede mirar hacia atrás con la satisfacción de haber forjado su propio sueño gracias a la imaginación, al sudor y a la sabiduría adquirida en ese trabajo en equipo con la naturaleza. La utopía práctica se llama Caña Dulce: un vergel incomparable, a la vera del Río Grande y a nueve kilómetros de Coín, en las estribaciones de la sierra malagueña…

 

Un día en la vida de Lucho Iglesias arranca con un paseo por el bosque comestible, atraído sin remedio por la "bendición" de los cítricos. Naranjas dulces, naranjas sanguinas, mandarinas castellanas, clementinas con pipos... "La naranja es el alimento-medicamento básico. No hay palabras para describir todo lo que nos aportan. Son vitamínicas, depurativas, antioxidantes, estimulan nuestro sistema inmunitario... Yo no podrían vivir sin ellas".

Como buen permacultor, la misión de Lucho consiste en "dinamizar" la finca, observar lo que funciona y no funciona, "buscar soluciones trabajando siempre con la naturaleza y no contra ella". El olor penetrante del purín de ortigas, aliado impagable del agricultor ecológico, nos saluda en la transición del bosque comestible hacia la huerta, con sus espacios de vida silvestre, los pequeños estanques, las zonas de relax y contemplación, el bosque de ribera autóctono y los setos que van marcando suavemente los lindes.

Los lugares te reclaman… Lucho Iglesias -nacido en el barrio de La Concepción, criado en Moratalaz y “urbanita” a su pesar- recuerda cómo siempre tuvo la tentación de “vivir de otra manera” y pasó años buscando un paraje que le invocara. En Brunete, en un curso permacultura y agricultura sinérgica de Emilia Hazelip, dio el primer paso. Allí vivió en comunidad, conoció a otros pioneros de la permacultura como Luciano Furcas, y fue preparándose a conciencia para el salto.

Lucho y Matri se dejaron tentar por nombres como Arroyo de Luz, en Extremadura, pero al final encontraron su lugar en el mundo en Coín, en una finca que había estado abandonada más de una década pero que reunía las condiciones para dar forma a su particular utopía.

"Utopía" es una de esas palabras que crean división sin remedio. Para unos, es poco menos que lo imposible o lo inalcanzable. Para otros, es simplemente un lugar al que aún no hemos llegado, pero no tardaremos. Lucho se encuentra sin duda entre estos últimos, y ahí está cabo de 15 años, dando forma todos los días a ese otro mundo posible y palpable.

"Utopía" dio también título al documental de Lucho Iglesias y Alex Ruiz. La película se estrenó hace apenas siete años, antes de que atizara la crisis, cuando hablar de la agricultura ecológica, de la banca ética o de los tejados verdes era como remar contra la corriente del cercano Río Grande. Y sin embargo “Utopía” -premiada en el Festival Internacional de Cine de Medio Ambiente- tuvo una acogida entusiasta, duró cuatro meses en la cartelera del Pequeño Cine Estudio de Madrid y supo sembrar a tiempo las semillas del gran cambio.

Lucho Iglesias ha vuelto a sentir ahora la llamada del comunicador que lleva dentro y está ya avanzando por la senda de una segunda película, que aspira a salir adelante por financiación colectiva y será sin duda mucho más que una simple secuela...

"Lo que ahora llamamos utopía posiblemente sea realidad en treinta o cuarenta años, o incluso antes, al ritmo vertiginoso con el que están cambiando las cosas. Es increíble cómo se está dinamizando todo, y para mí el ejemplo más claro de lo que está ocurriendo es la explosión de los huertos urbanos. La gente está descubriendo que el principal paso para empoderarse, y para encontrar la fuente de la salud y del bienestar, es precisamente cultivar tus propios alimentos".

En la nueva película veremos el camino recorrido por Lucho Iglesias y Matricia Lana, construyendo su propia vivienda modular, con materiales de la zona y asentada sobre una base de cantos rodados traídos del río. Podremos también ver, año tras año, la metamorfosis prodigiosa de Caña Dulce, a la que han contribuido a su manera decenas de voluntarios e incontables estudiantes de permacultura, de bioconstrucción, de yoga kundalini, de cocina vegana o de autoconomiento. Otros prefieren apuntarse a las "ecoestancias regeneradoras" en pleno verano, para afrontar la vuelta al duro asfalto. Más de uno se quedaría de buena gana en Caña Dulce...

"Yo tenía claro que no quería vivir en la ciudad, aunque cuando vuelvo ahora a Madrid, a dar cursos o conferencias, me asombro de cómo funciona todo", reconoce Lucho Iglesias al pie de un naranjo. "Uno viene con una idea idílica al campo y la experiencia te hace tocar tierra. Cometes muchos errores y algún que otro acierto, y así es como avanzas. El campo es trabajo duro, de doce a catorce horas muchos días, siempre a las puertas de tu casa. Pero a cambio te aporta algo que te reconforta en el alma".

"Ahora es cuando estamos empezando a rentabilizar la finca", reconoce Lucho. "Este año hemos tenido 500 kilos del albaricoques, doscientos de granados, doscientos de nueces... Todo va poco a poco en aumento, aunque la sensación que tienes en el campo es que trabajas mucho para poco beneficio. Pero ganas en muchas otras cosas, ya digo. La tierra te da sobre todo paz y alegría".

Le preguntamos a Lucho Iglesias que intente imaginar este lugar al cabo de otros 15 años, aunque su sueño va aún más allá... "Me gustaría ver en el planeta brotaran más y más proyectos de permacultura. Ya hay muchos en todo el mundo, y lo bueno de esta ciencia hermosa y multidisciplinar es que se adapta a todos los climas y a todos los lugares del mundo".

HUERTO DEL REY MORO (SEVILLA)

Entre las calles Sol y Enladrillada, en pleno barrio de San Julián, hay un incomparable oasis urbano que nos remonta a tiempos precolombinos. El Huerto del Rey Moro es uno de esos milagros que sólo se entienden por la acción incomparable de la naturaleza y por el activismo tenaz de un puñado de vecinos, agrupados en torno a la asociación La Noria, que hace diez años ocuparon este solar de casi 5.000 metros cuadrados en el corazón encalado de Sevilla.

“En este espacio único hay una memoria latente que ha vuelto aflorar con el tiempo”, nos advierte Luciano Furcas, el sabio permacultor urbano venido de Italia y que ha creado escuela por toda nuestra geografía. "Los moros siempre tuvieron una relación muy especial con el agua, y aquí hay acequias, aljibes, albercas, pozos y norias que nos remiten a su pasado hortícola".

El huerto debe su nombre a la Casa del Rey Moro, una construcción gótico-mudéjar de finales del siglo XV que está considerada como la casa doméstica más antigua de la ciudad después del Alcázar. La Junta de Andalucía protegió la casa como bien de interés cultural, pero sobre el huerto pesaba (y sigue pesando) el fantasma de la urbanización que no cesa.

"La ciudad se ha mercantilizado de una manera tremenda en el último siglo", advierte Luciano Furcas. "Éste es de alguna manera un espacio donde los ciudadanos reclamamos nuestra soberanía. Aquí hemos recuperado también el vínculo que existía con la tierra en tiempos de los árabes, cuando el tiempo se detenía tres veces al día, en sintonía con los ritmos naturales: al amanecer, con el sol en lo más alto y ya de atardecida".

Abrir la cancela del Huerto del Rey Moro es definitivamente entrar en otro tiempo, con un pie en el pasado remoto y el otro en el futuro inminente. Este hermoso huerto, que fue un solar abandonado, es ahora un palpitante "puzzle de acciones", con la naturaleza como testigo y cómplice.

Aunque a veces nos cueste verlo, nuestras ciudades se están reverdeciendo desde muy dentro. Lo que está pasando en Sevilla (desde los huertos del Alamillo al mercado ecológico de la Alameda) es el emblema de esa "revolución de la lechuga" que está transformando nuestra relación con la tierra, incluso en el duro asfalto.

Nuestra charla con Luciano Furcas arrancó precisamente en el mercado ecológico de la Alameda y a lomos de la bicicleta, arropado por nuestro común amigo Marcos Rivero, de la Red de Decrecimiento de Sevilla. A orillas del Guadalquivir se celebró hace un año el encuentro de las redes e iniciativas decrecentistas y "transicioneras", con un amplio espacio reservado a la soberanía alimentaria y a la permacultura urbana.

Luciano lleva más de tres décadas predicando con el ejemplo, desde la legendaria Galería de Arte Elemental de Tarifa (donde coincidió también con Lucho Iglesias) al vergel en al azotea de la calle Pajaritos, pasando por los talleres del colegio Huerta de Santa Marina. En Sevilla, y en el Huerto del Rey Moro, ha encontrado finalmente el permacultor urbano "ese espacio sostenible en el que la naturaleza cuida de sí misma y los humanos nos limitamos a escuchar su llamada y a seguir sus consejos".

A la entrada el huerto, nos da la bienvenida el horno de pan, donde los niños aprenden los secretos de la levadura madre. En la zona de ocio y esparcimiento se celebran acalorados debates, comidas populares y fiestas de cumpleaños, más el cine de verano y las tertulias interminables bajo la fornda de las moreras y las acacias, sin olvidarnos de la memorable higuera...

"Creemos que la higuera debe llevar aquí mas de quinientos años, y ella es de alguna manera la que diseña el espacio y sirve incluso de cimentación con sus potentes raíces para las casas que rodean el huerto", asegura Luciano. "Hemos querido venerar este espacio sombreado y enseñarles a los niños el valor de los alcorques, que son como el pie del árbol".

La serpiente gigante y protectora, construida con neumáticos, piedras, paja, palos de bambú y materiales de desecho, hace las delicias de los más pequeños y marca el camino hacia la veintena larga de huertos, con el naranja chillón de las capuchinas moteando por doquier el paisaje verde...
"Las capuchinas son las plantas ciudadoras. Es buena compañera de las tomateras, de los pepinos y de las lechugas. Sirve también para repeler al pulgón y tiene propiedades antibióticas y balsámicas... En los cinco bancales comunales procuramos ir más allá de lo que se encuentra en el mercado, y cultivamos coles, borrajas, hinojos, y plantas medicinales silvestres".

Luciano Furcas viene prácticamente todos los días al Huerto del Rey Moro, "a ver lo que hay y lo que hace falta". Con la más provebial de las herramientas (la percepción), el permacultor urbano vela por los huertos comunales y siempre está mano para un sabio consejo...
"La naturaleza habla por sí sola y nuestra función consiste casi siempre en esperar a que las cosas se revelen.Tenemos que aprender también a activar la paciencia, que es la ciencia pendiente. Los mecanismos naturales tienen su propia dinámica; no necesitan siquiera de nuestro empuje".

PARQUE DEL SERRAL DE SES MONGES (MALLORCA)

Cae la tarde en el Parque del Serral de Ses Monges en Mallorca, y es el momento ideal para arrancar unas espléndidas hojas
de "col de todo el año", o para llevarse unos pimientos y unos tomates que luego se servirán en el comedor social, o para regar la planta de la papaya, que también crece por estas tierras.

Mientras los paisanos de Inca van y vienen con sus aperos, para rematar la faena a última hora del día, el permacultor Julio Cantos nos recuerda cómo todo esto era hace cinco años un yermo, una "tierra de nadie", el típico descampado de las afueras donde uno iba en todo caso a correr o a pasear con el perro.

Ahora empieza a parecerse a un vergel, palabra mágica, que significa ni más ni menos que "lugar con gran abundancia de plantas, flores y árboles frutales”. Más difícil es explicar en qué consiste eso de la permacultura, pero el propio Julio nos ayuda: "Copiar y pegar de la naturaleza, tan simple como eso... La labor del permacultor es la de diseñar y crear entornos humanos sostenibles y totalmente respetuosos con el medio ambiente".

Julio Cantos, alicantino de 48 años, mallorquín de adopción, con una larga trayectoria desde Permacultura Montsant a los "balcones comestibles", tiene un sueño confesable: "Que todos los niños sean permacultores"... Y por ese camino va, tendiendo puentes con las escuelas, intentando convencer a otros municipios de la isla del valor de los centros demostrativos como éste en Inca, donde es capaz de vislumbrar "ese mundo multicolor y lleno de bosques comestibles" que podrán saborear las futuras generaciones.

En el serral de Inca, se planta un árbol nuevo por cada niño nacido en la ciudad. El jardín de toda la vida deja aquí paso al "paisaje útil". Por un lado, el bosque autóctono, con encinares, bojedas, acebuchares... Por otro, los bancales elevados, los cultivos en avenida, los huertos sociales y familiares y el vergel demostrativo (con gallinas incluidas).

Entre uno y otro, el aula educativa a cielo abierto, las barbacoas, las mesas de picnic y el itinerario de footing. Los lindes entre el bosque, el cultivo y el ocio no están grabados con piedra, y en el fondo eso es lo que pretende el permacultor, que la naturaleza vaya ganando poco a poco el terreno perdido durante décadas de actividad humana.

Los picos de la sierra Tramontana nos reclaman a lo lejos, y el sueño completo de Julio sería rodear la reserva de la biosfera con vergeles periurbanos como éste que sirvieran de amortiguación y transición... "Podríamos reverdecer la isla con poco esfuerzo. Vivimos en un entorno privilegiado y muy fértil, que nos está pidiendo que trabajemos con él y no contra él. A eso aspiramos al fin y al cabo los permacultores: a co-crear con la naturaleza".

Julio Cantos iba para ingeniero agrónomo, pero al final se conformó con "la mejor profesión del mundo", que tiene el aliciente de reinventarse a sí misma en cada estación del año y en cada lugar. En Inca, en Mancor de la Vall y en muchos otros lugares de la isla (en espacios públicos y en fincas privadas) se siente la mano invisible de este permacultor mediterráneo, miembro de la asociación Permamed, velando por una vida más ecológica y sostenible en la isla de sus sueños y sus desvelos.

ARBORETUM DE MARBELLA

Avanzando a todo gas por la Autovía A-7, serpenteando por esa Marbella "deluxe" venida a menos, llegamos a la salida 184 y enfilamos hacia el majestuoso Pico de la Concha. En medio de aquel laberinto de urbanizaciones, con el espejismo del hotel Don Miguel en lo alto, creeremos habernos perdido irremisiblemente…

Pero no. Aquí estamos. En el Arboretum Marbella, el bosque para la gente. Un rincón del paraíso en el Mediterráneo, surgido en lo que era un vertedero y salvado milagrosasamente de la especulación. Un inesperado y saboroso contraste en plena Costa del Sol, con una deslumbrante mimosa a la entrada, convocando bajo su generosa sombra y sus flores amarillas a decenas de vecinos...

En su día asistimos al momento mágico del sorteo de los huertos urbanos. Se repartieron treinta lotes entre más de sesenta aspirantes. La alegría de unos y la decepción de otros se trocó al final en entusiasmo compartido. Unos se comprometieron a hacer sitio a quienes no tuvieron la suerte. Otros hicieron pactos para deshacer los lindes y fundir sus parcelas.

La primera cosecha fue espectacuar y esta segunda va por el mismo camino. Aunque Alejandro Orioli (fundador del singular Arboretum ) nos invita a mirar más allá de los huertos y explorar el bosque comestible, el 'silvetum' de especies autóctonas o el corredor biológico que completan este proyecto de 'permacultura' para el pueblo que ha roto todos los moldes en Marbella...

"La transición hacia un nuevo modelo hay que impulsarla sobre todo en lugares como éste”, sostiene Alejandro, nacido en Ciudad de Plata hace 44 años y químico antes que permacultor, un oficio que para él consiste simplemente en “cuidar del planeta y de la gente. Por el camino conoció a Julio Cantos, visitante asiduo y referente constante de la permacultura mediterránea, y con sus sabios consejos sigue avanzando en ese proyecto que ha “polinizado” en varios proyectos de huertos urbanos".

"Aquí no sólo se cultiva la tierra, también se cultiva la conciencia", atestigua Alejandro. “Lo único que pedimos a las instituciones es que nos dejen hacer. En espacios como éste es donde la gente se empodera realmente y se crean lazos muy fuertes. "Para nosotros es muy importante crear esa conexión entre generaciones y asegurarnos de que los niños tienen un contacto directo con la naturaleza y con los alimentos. Es así como podemos realmente cultivar nuevos valores y convertirnos en protagonistas activos del cambio".

Alejandro nos lleva finalmente hasta la parte más alta de la finca, la que linda con la urbanización Montaña Marbella Club, para otear el horizonte azul y vislumbrar lo que él define como la "evolución ecológica"...

"Intentad imaginar un futuro llenos de espacios como éste, donde la especie humana esté en diálogo permanente con la naturaleza, que al mismo tiempo nos inspire y nos convoque. Los mejores frutos que me ha dado la vida, las relaciones más intensas, se han producido siempre en contacto con la naturaleza: bajo la sombra de un árbol, removiendo compost, sembrando semillas"...

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