¡Hazlo tú mismo!

¡Hazlo tú mismo!

Inventores más o menos chiflados, ingenieros de garaje, genios de la electrónica, programadores precoces, mecánicos lunáticos, artistas del bricolaje, soñadores y creadores... Todos caben en el cajón de sastre de los “makers” o “hacedores”, esa subcultura genuinamente norteamericana que en apenas cinco años –y espoleada por la crisis- ha sacudido el país bajo un lema unánime: “Hazlo tú mismo”.

Arrancaron en San Mateo, a la sombra tecnológica de Silicon Valley. Del desierto de Nevada soplaron los vientos iconoclastas del festival Burning Man, con todo su despliegue innovador y artístico. De los lugares más remotos llegaron finalmente en tropel los inventores semiclandestinos, como sacados de “Regreso al Futuro”, maquinando los artilugios más inimaginables.

No, Maker Faire no es precisamente una feria de bricolaje. A simple vista, podría parecer un encuentro de iluminados y excéntricos, empezando por Bob Schneeverse, que avanza firme en su cuádriga robótica, o por Lindsay Lawlor y Russell Pinnington, abriéndose paso a ritmo de “techno” con su girafa eléctrica de 800 kilos y un motor de doce caballos impulsado con gas propano.

Otros, como Morris Jarvis -más conocido como el “cowboy” del espacio- se ha construido con mucha paciencia su propio tranbordador espacial, el Hermes. Con los pies en la tierra, el veterano Frank Bletsch (65 años) recorre la feria con su triciclo eléctrico y “retro”. Berth Feguson espera entre tanto la llegada de las bicis para recargar en su “gasolinera” solar, mientras el Anybot de Trevor Blackwell se abre paso entre los humanos con su cuello regulable y dos ojos como los del entrañable Wall-e.


Máquina de vapor, en el Maker Faire de 2010.

Esto es parte del espíritu global. Todos llevamos un inventor dentro de nosotros: la creatividad es un fenómeno universal"

A todos ellos los iremos conociendo más tarde, porque lo que necesitamos urgentemente es alguien que nos explique qué son realmente los “makers” y qué hay detrás de todo este tinglado, capaz de atraer todos los años en mayo a más de 100.000 visitantes al centro de San Mateo, en esta feria delirante e itinerante que pasará luego por Austin, Detroit y Nueva York.

A finales de junio, en Barcelona, tendremos la Minimakers Faire, versión reducida y casera del festival. Aunque el gran salto europeo será el 3 de octubre en Roma, en el primer cónclave en toda sus dimensión de los “hacedores” del viejo continente, impulsados por el “boom” de las impresoras en 3-D, la producción en código abierto y ese renovado afán por reusar y reparar en estos tiempos que corren.

“Imagínate un gran patio de recreo donde se dieran la mano el mundo físico y el mundo digital”... Hablamos con Dale Doughherty, cofundador de Maker Faire, a los pies del Cohete Gótico Ray Gun, apuntando desafiante hacia el cielo: “Aquí no hay más límite que la imaginación y la habilidad de cada cual para ir más allá. Visto desde fuera, puede parecer un fenómeno muy americano, pero yo creo que esto es parte del espíritu global. Todos llevamos un inventor dentro de nosotros: la creatividad es un fenómeno universal”.

La tradición del DoItYourself (DIY) no es ni mucho menos nueva. Lo que sí ha marcado la diferencia es los últimos años ha sido el efecto propagador de internet, que ha permitido crear conciencia de “movimiento” entre los inventores y los “hacedores” caseros, deseosos de romper su encierro y mostrar al mundo sus ingenios.


Uno de los inventos 'locos' del Maker Faire, el Cohete Gótico Ray Gun.

Hay un deseo de valorar más lo que se tiene y de aprender nociones básicas que pueden ser muy útiles para salir adelante en tiempos difíciles"

“Digamos que internet ha hecho muy visible y accesible la cultura del “háztelo tú mismo””, señala Dougherty. “Y algo ha empezado a cambiar también en la mentalidad de la gente, un deseo de valorar más lo que se tiene y de aprender nociones básicas que pueden ser muy útiles para salir adelante en tiempos difíciles. No es de extrañar que nuestro movimiento haya entrado en ebullición en plena crisis”.

Con Dougherty volvimos a coincidir recientemente en París, en el Ouishare Fest, donde se tendieron los lazos definitivos entre los dos movimientos más pujantes del momento: “Hasta ahora se hablaba del consumo colaborativo. Nosotros somos el otro lado de la moneda: la producción colaborativa. El espíritu de los “makers” se debe trasladar a la cadena de montaje. ¡La innovación tiene que ser compartida!”.

El chispazo de los “makers” surgió del encuentro de Dale Dougherty –hasta entonces dedicado a la publicación de libros técnicos- y Mark Frauenfelder, deseoso de darle un giro a su vida y a su carrera tras haber vivido de primera mano el “pinchazo” de la burbuja tecnológica. Los dos bebieron de las fuentes del mítico Mister Jalopy, que se define a sí mismo como “soldador experimental, trabajador de la madera, mecánico de bicicletas, tratante de neumáticos, reparador electrónico, bordador, diseñador, vendedor de garaje, constructor, blogero, activista” y unas cuantas cosas más.

Frauenfelder recuerda la visita al “taller” de Mister Jalopy como su experiencia iniciática... “Su garaje era la expresión personal de su filosofía. En su mundo particular, todos los objetos aparentemente inservibles adquieren un nuevo significado. Toda su vida gira en torno a reparar cosas o a inventar cosas nuevas a partir de lo que va comprando o recogiendo en otros garajes”.


Mister Jalopy en la tienda de bicis Coco's. Restaura viejas bicicletas con piezas de reciclaje.

La mejor bicicleta para el medio ambiente es la que ya existe, no la que está hecha con materiales nuevos..."

Mister Jalopy, que regenta una lavandería y un taller de bicicletas en Los Ángeles, fue una de las estrellas de la última Make Faire, donde invitó a los inventores a que descubrieran el valor de lo usado: “La mejor bicicleta para el medio ambiente es la que ya existe, no la que está hecha con materiales nuevos... Hay un valor añadido en trabajar con lo que otras manos han moldeado, como si los objetos tuvieran alma y les diéramos nueva vida”.

El diseñador gráfico Adam Savage, otro de los gurús del movimiento de los “makers”, invocó a los dos inventores más venerados por la concurrencia –Nikola Tesla y Buckminster Fuller- e incitó a los más jóvenes a aprender de sus errores: “Así es como ha avanzado la humanidad y no existe otra manera mejor que se sepa. La única duda está en cuántas veces tendremos que caer para “despertar” a la solución que con tanto afán andábamos buscando”.

La musa más reciente de los “makers” es Limor Fried, más conocida como Lady Ada, que se ha encaramado a la última portada de la revista Wired sacando músculo con el soplete en mano. La joven ingeniera, procedente de las filas del MIT, ha revolucionado el mercado de la electrónica con Adafruit Industries y ha creado dispositivos como el Tweet-a-Watt, que permite “twitear” la información sobre el consumo eléctrico al minuto.

“La cultura del “háztelo tú mismo” está cambiando radicalmente en el siglo XXI”, adiverte Lady Ada. “No es sólo la información y los vídeos que tenemos disponibles en webs como iFixit, Etsy, Make, Hack a Day o la nuestra misma en Adafruit. Es también la sensación de pertenecer a una comunidad. Ya no nos ven como un puñado de 'freaks' trabajando cada uno en su garaje; en todo caso, como un grupo de 'freaks' trabajando por fin juntos en sus garajes, gracias a las nuevas herramientas tecnológicas”.[pagebreak]


Jeffrey Lipton y la impresora 3D de código abierto de Fab@Home.

Madera, metal, plástico, silicona... Cada material tiene su propio continente en el planeta de los “makers”, aunque todos ellos están ligados por la última obsesión de todo inventor casero que se precie: las impresoras en tres dimensiones.

Jeffrey Lipton, estudiante de robótica de la Universidad de Cornell, muestra a los incrédulos visitantes cómo funciona la impresora en 3-D de Fab@Home, diseñada para construirla como un mecano a tu medida: “Todos podremos replicar a distancia objetos en tres dimensiones y con los materiales que queramos: resina, arcilla, chocolate, hielo... Las aplicaciones para la industria son infinitas. Y para poder fabricar objetos en nuestras propias casas. En el futuro, las impresoras tridimensionales serán tan imprescindibles como hoy lo son los ordenadores”.

La robótica se lleva una tercera parte de la feria, y allá donde vayamos tendremos grandes posibilidades de toparnos con el Anybot: el robot multiusos que pretende romper molde en el mercado de la “telepresencia”. “Puede servir como portero o recepcionista, como empleado virtual o como prolongación de uno mismo si no queremos desplazarnos”, asegura su creador, Trevor Blackwell.

El Anybot es como a un Segway le hubieran puesto los ojos (las cámaras) donde estaba el manillar. Avanza por control remoto (desde un ordenador) sobre dos ruedas, a una velocidad de máxima de diez kilómetros por hora y tiene un cuello regulable para mirar cara a cara los humanos. Su coste en el mercado son 15.000 dólares, aunque lo que más teme Blackwell no es el coste sino la aceptación por parte de los humanos: “Se supone que a estas alturas los robots estarían haciendo las tareas más mundanas por nosotros. Ya va siendo hora...”.

Morris Jarvis, ingeniero aeronáutico, ha invertido treinta años en construir su propio sueño en un garaje de Arizona: un minitransbordador

En una esquina del gigantesco y oscurecido Fiesta Hall, el epicentro de la feria, se congrega el club local de fabricantes de R2 D2, devotos del robot enano de La Guerra de las Galaxias. Gerard Fajardo confiesa que invirtió 7.000 dólares y tardó dos años en construir el suyo, sacando ratos perdidos los fines de semana: “Es un veneno que se te va metiendo y en el que te dejas el corazón y la cartera”.

Morris Jarvis, ingeniero aeronáutico, ha invertido treinta años en construir su propio sueño en un garaje de Arizona: el Hermes, un minitransbordador inspirado por los primeros diseños del “shuttle”, con capacidad para un piloto y tres pasajeros... “Empecé a construirlo mucho antes de que se hablara de la privatización del espacio, y sólo necesito un patrocinador para poder lanzar un vuelo piloto de aquí al 2015. El espacio es de todos, y el sueño está cada vez más cerca”.

La NASA se ha apuntado por cierto a la fiebre del “háztelo tú mismo” y convocó en la feria del 2011 un premio de ideas para vuelos suborbitales en los que pueden participar los estudiantes de institutos. Los más pequeños, entre tanto, se consolarán con los lanzamientos de pequeños cohetes o con los talleres de electrónica donde aprenderán a montar y desmontar robots solares con apenas seis años.

Volvemos con Beth Ferguson, que lleva tiempo esperándonos para explicarnos en español (pasó un tiempo en Barcelona) los secretos de la “gasolinera” del Sol Design Lab de Austin. En realidad, se trata de una estación de recarga, usando el viejo diseño de una gasolinera, con un tejado capaz de generar 870 vatios con sus cuatro paneles fotovoltaicos.

“La estación está fabricada totalmente con productos reciclados”, nos explica Beth. “Y puede servir tanto para recargar bicis eléctricas como ordenadores o móviles. La idea es instalarlas de momento en campus universitarios: tenemos ya dos funcionando en Texas y una en Califoria. Aunque podría instalarse pefectamente en cualquier esquina de cualquier ciudad”.



Beth Ferguson y la Solar Pump que ha inventado para cargar móviles y scooters eléctricos.

Frank Bletsch, 65 años, ha sido capaz de construirse su propio vehículo eléctrico con apenas 2.200 dólares y materiales reciclados

A bordo del Joe Car, un triciclo “retrofuturista”, llega el veterano Frank Bletsch, 65 años, que ha sido capaz de construirse su propio vehículo eléctrico con apenas 2.200 dólares y materiales reciclados. “Mi inspiración ha sido siempre Buckminster Fuller”, confiesa. “Para mí no ha existido nadie que haya revolucionado más el modo en pensamos y diseñamos los objetos. También he tomado ideas de los comics y de las películas de ciencia ficción... No me cabe duda de que un futuro muy próximo nos moveremos de una manera muy distinta en las ciudades, sin humos ni ruidos, y ocupando el mínimo de espacio”.

Bletsch ha inventado también una moto eléctrica que parece sacada directamente de Minority Report, pero va llegando la hora de la recogida, y la última nota del Maker Faire la ponen precisamente sobre el escenario los chicos de Rock the Bike, pedaleando incesantemente en sus bicis estáticas, en un dechado de energía humana al servicio de una causa. ¡Que no pare la música!

 

Sobre el autor
Carlos Fresneda lleva media vida de corresponsal para el diario El Mundo en Italia, Estados Unidos y Gran Bretaña. En El Correo del Sol nos cuenta todo lo que se cuece en la trastienda de la actualidad diaria. Ha publicado un libro, La Vida Simple (Ed. Planeta).
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