El poder de los pequeños grupos

El poder de los pequeños grupos

Cecile Andrews es de las que piensan que todo empieza con un “cambio personal”… “La mayoría de la gente no se involucra en el cambio social de un día para otro. Hay que hacerles ver todo lo que ganan si se involucran y conectan con otras personas. Necesitan entusiasmo e inspiración. Y para eso hace falta pasar por un cambio personal”.

“La mejor forma de garantizar la felicidad y el bienestar es reforzando los lazos sociales”, sostiene Cecile Andrews, a quien conocimos hace 16 años en Seattle, cuando empezó con sus círculos de la vida simple. Eran los tiempos de las “vacas gordas”, cuando un puñado de norteamericanos le plantaba cara a los prósperos noventa con aquello que entonces se llamaba “simplicidad voluntaria”…

Le preguntamos si el mensaje sigue siendo válido en estos tiempos duros en los que miles de personas se ven abocados a la “simplicidad involuntaria”… “Los lazos sociales son si acaso más importantes ahora. De hecho, una de las respuestas más interesantes a la crisis es la “economía compartida”: la gente está encontrando nuevas formas de colaborar y de ayudarse unos otros. Crear comunidad se ha convertido en algo realmente excitante e inspirador”.

Pero no basta con conectar virtualmente a través de las redes sociales. Cecile Andrews reivindica a toda costa el arte de la conversación y de la interacción cara a cara, y de eso va precisamente su último libro, Living Room Revolution...

“Desde los salones de la Revolución Francesa a la grupos de conciencia en el movimiento de la liberación femenina, todo ha empezado gestándose en pequeños grupos reuniéndose en un reducido espacio o en un salón. Es en los pequeños grupos donde podemos realmente conectar y sentir que somos escuchados. Ahí es donde empiezan de veras a gestarse las ideas y la interacción”.

“Nunca dudes de que un pequeño grupo de gente concienciada y comprometida puede cambiar el mundo; en el fondo siempre ha sido así”…  Cecile Andrews suscribe por completo la famosa cita de la antropóloga Margaret Mead y la eleva a una nueva dimensión.

“Hablar es ya una manera de pasar a la acción”, sostiene la autora de Living Room Revolution. “Hablar es algo esencial en una democracia y es un arte que estamos perdiendo. La mayoría de la gente tiene miedo a hablar en público. Por eso necesitamos darles voz en pequeños grupos, en “círculos” que te den el apoyo que necesitas para dar un paso más”.

Sólo creando comunidades conectadas es como podemos aspirar a eso que llamamos felicidad

El movimiento Occupy, según Cecile, ha sido capaz de trasladar esa atmósfera a los parques y a las calles, y de invitar de paso a los paseantes anónimos a hablar en público y a subirse a la “revolución”. En su opinión, el movimiento de Transición también ha recuperado esa empatía y ese poder de la comunidad que surge en los pequeños grupos, como puente necesario entre el cambio personal y el cambio social.

"Irónicamente, la crisis económica está obligando a mucha gente a cambiar", asegura  Cecile Andrews, mientras apura un té en The Green Bean, la cafetería local que ocupó el espacio dejado por un McDonald's en Seattle. "Conforme la economía hace aguas, la gente se ve obligada a salir de la rueda de consumismo y a conectar con otra gente. Sólo así, creando comunidades conectadas, es como podemos aspirar a eso que llamamos felicidad".

Andrews vuelve una y otra vez a la raíz de la simplicidad, y nos invita a releer a Thoreau, el faro de la “otra América”: "La mayoría de la gente está muy confundida sobre la felicidad. Creen firmemente que si eres rico, eres feliz. La gente cae en la trampa de la competición y la independencia, hasta acabar terriblemente solos y endeudados. Yo me rebelo contra ese principio: creo sinceramente que los seres humanos no somos egoístas por naturaleza".

Andrews, que organiza tertulias sobre 'La Felicidad y la Nueva Simplicidad', nos invita a ensanchar aún más el concepto, siguiendo la ruta trazada por Richard Wilkinson y Kate Pickett en Desigualdad: un análisis de la (in)felicidad colectiva.

"¡Demasiado dinero puede hacernos menos felices!”, nos advierte. “La desigualdad económica ha dinamitado la cohesión social. El 'bache' de la riqueza ha servido para romper las conexiones y crear una cultura de 'tú eres lo que posees', en vez de fomentar una cultura basada en el bien común. Tenemos que reconocer que nuestro bienestar personal está totalmente ligado al bienestar de los otros”.

“La felicidad consiste en trabajar con otros por el cambio social”, concluye la sociable, combativa y divertida autora de Living Room Revolution, que deja lo mejor para el final: “En esta lucha tiene que necesariamente haber algo de hedonismo, si no nadie se apuntaría. Mi meta ha sido siempre crear pequeños grupos donde la gente pueda hablar, reír y pasar a la acción”.