Nicholas Stern: “El reto del cambio climático es de una urgencia que aún no hemos entendido”

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Hace trece años, a petición del gobierno británico, Nicholas Stern calculó cuál será el impacto económico del cambio climático. Advirtió que será un desastre equivalente al de una de las guerras mundiales del siglo XX. No se le hizo mucho caso, pero hoy nos dice que sus previsiones se quedaron cortas.   

Foto de Nicholas Stern, por Carlos Alba. Fotos de Change the Change, por Manuel Vílchez

Nicholas Stern se desmarcó con un contundente informe sobre el impacto del cambio climático que hizo historia. Entre otras predicciones, el prestigioso economista de la London School of Economics advirtió que un calentamiento global por encima de los dos grados se traducirá en una pérdida del 5% del PIB mundial y podría llegar al 20% en si el calentamiento gobal se hace incontrolable. Entonces le llamaron “alarmista”, pero él tiempo ha barrido a su favor y Nicholas Stern reconoce a estas alturas que se quedó corto. El economista británico abrió fuego el 6 de marzo en la conferencia Change the Change en San Sebastián. Objetivo: acelerar los cambios ante el mayor reto ambiental del siglo XXI.

Si tuviera que poner al día el “informe Stern” ¿qué cambiaría?
No me he quedado cruzado de brazos en este tiempo. He estado publicando informes periódicos y un libro (“¿A qué esperamos?”) con una llamada a la acción… En su día me acusaron se exagerar la amenaza. Aunque eran otros tiempos, y los escépticos tenían aún algo de crédito. Yo creo que ese debate está ya zanajado. Entre los 20 años más cálidos registrados hasta la fecha, están lo 19 que llevamos en este siglo. Las tormentas son cada vez más intenesas, y las olas de calor, y se está acelerando también la retirada del hielo del Artico. Los cambios se están produciendo más rápido de lo pensábamos, y cada vez es mayor la urgencia… Es curioso, porque el informe se publicó un año antes del lanzamiento del iPhone. Es increíble cómo ha avanzado la tecnología desde entonces y cómo tenemos ahora herramientas para gestionar la energía o la movilidad en las ciudades, que es donde se generan el 75% de las emisiones. Las energías renovables han avanzado muy rápido y son tremendamente competitivas. Nos falta avanzar más en almacenaje y en infraestructuras, para permitir el relevo del coche eléctrico, pero las herramientas las tenemos ya ahí. Ahora solo falta la acción y la voluntad política.

¿Hasta qué punto las ciudades están marcando el camino, frente a la inmovilidad de de los Gobiernos?
La ciudades tienen un tremendo poder, y le voy a dar un ejemplo. Ni en mis mejores sueños imaginaba hace 12 años que escucharía a los fabricantes de automóviles decir:  “La era del motor de combustión está tocando a su fin”. A ese punto hemos llegado gracias a la presión de la ciudades, que han decicido plantar cara a la contaminación y a las emisiones de CO2, y que han anticipado ya que prohibirán los montores diésel y con el tiempo lo de combustión en un plazo de seis, diez o quince años. Las ciudades pueden crear también redes y fijar nuevos estándares comunes para los autobuses públicos, y eso sirve para aminorar costes y dinamizar la economía. En las ciudades hay también un sentido de comunidad y de identidad que hace más fácil generar los cambios.

¿Hacen falta realmente más cumbres? ¿No es el momento de pasar a la acción?
El entendimiento y la voluntad política son necesarios para pasar a la acción, como creo que quedó demostrado en la Cumbre de París. Todo lo que sigamos haciendo para aunar esfuerzos ante el cambio climático es poco… Pero es cierto que hace falta más movimiento. Mi opitimismo sobre todo lo que podemos hacer se topa con la preocupación por lo que haremos al final, y si lo haremos lo suficientemente rápido.

Cualquiera diría que siempre hay alguna buena excusa para “aparcar” el cambio climático. Hace cuatro años era el terrorismo, ahora tenemos el Brexit y Donald Trump…
El Brexit es una gran distracción y una gran disrupción, no cabe duda. Mi posición la he dejado clara en la Cámara de los Lores. Salir de la UE es una mala opción, y el “no deal” sería terrible. Lo mejor para nuestra economía y lo mejor para Europa sería quedarnos como estamos…Y Trump no ayuda, es cierto. Yo estaba en la cumbre del clima de Marruecos cuando fue elegido presidente. Pero en vez de caer en la resignación, el resto del mundo le plantó cara. China e India, aunque con altibajos, están marcando el camino con la reducción de emisiones y la transición hacia las renovables. Pese a los problemas internos, la UE debería recuperar también el liderazgo y marcarse tal vez metas más ambiciosas.

¿El cambio climático necesita una sacudida?
En eso estamos, y creo que el nombre de la conferencia en el País Vasco lo dice todo. Hay que cambiar la percepción del cambio climático: tenemos que estar preparados para gestionar un cambio mucho más rápido. Estamos avanzando, pero no con la urgencia y con la determinación que necesitamos… Los próximos veinte años van a ser los más críticos en la historia de la humanidad. En ese tiempo, la economía global se multiplicará por dos, y también las infraestructuras, y el espacio que ocupan las ciudades, donde se agrupará el 75% de la población mundial. En ese período tenemos el reto de reducir las emisiones en un 40% , y eso para un escenario de un aumento de las temperaturas de dos grados, que está ya por encima del “techo” deseable de 1,5 grados. Reducir las emisiones casi a la mitad mientras doblamos la economía… El reto es de ua magnitud y de una urgencia que áun no hemos entendido

Hay quienes sostienen que el problema está precisamente en el crecimiento, y que la respuesta debería ser el decrecimiento
El decrecimiento es un “punto muerto” político. Si paramos de golpe el crecimiento, vamos a seguir emitiendo de entrada 50.000 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera. Lo que tenemos que hacer es neutralizarlas, y llegar a las cero emisiones netas de carbono. ¿Cómo? Cambiando hacia otro tipo de crecimiento, rompiendo ese vínculo pernicioso entre la actividad económica y la destrucción ecológica. Lo que necesitamos es cambiar radicalmente el modo en que producimos y consumimos. Si seguimos por el mismo camino, el coste del cambio climático puede ser en poco tiempo más del 5% del PIB mundial. Ya no basta con decir que el coste de la inacción es superior al de la acción. Es que el modelo alternativo es mucho más atractivo y está lleno de oportunidades. ¿Quién no quiere vivir y trabajar en ciudades más saludables y respirables?

¿Si tuviera que recomendar cuatro acciones globales ante el cambio climático, con cuáles se quedaría?
Es esencial que el carbono tenga un “precio”, para que se sepa cuál es el coste social de todas nuestras acciones. Es fundamental que los Gobiernos sigan y fijando estándares de eficiencia energética. Hay que tender un puente entre innovación e infraestructuras. Y hay que hay que reorientar finalmente el sistema financiero hacia la economía real.

¿Hay que desinvertir en combustibles fósiles?
Las renovables son ya más competitivas, y ése es otro cambio que ha llegado más rápido de lo que yo creía. No tiene sentido invertir en petróleo o en carbón en este otro modelo al que aspiramos y que estamos creando.

CAMBIAR EL CAMBIO

Del 6 al 8 de marzo, San Sebastián se convirtió en capital mundial de la acción ante el cambio climático con la conferencia Change the Change. Allí han estado entre otros el economista Nicholas Stern, la oceanógrafa Sylvia Earle, el geólogo del Alejandro Cearreta, el chef Andoni Aduriz, la ingeniera y activista Uxua López Flamarique o la directora ejecutiva de Greenpeace Bunny McDiarmid. El inusual encuentro de expertos tuvo una prolongación practica en Berdeago, la feria de sostenibilidad del País Vasco, con ejemplos reales de innovación aplicadas a la movilidad, a la agricultra ecológica y a las empresas sociales. Durante tres días, el centro conferencias Kursaal se convirtió en muestrario de todo el abanico respuestas ante el gran reto ambiental. Más de una veintena de medios se sumaron durante la conferencia al decálogo del “cambio” necesario a la hora de informar sobre el cambio climático y trasmitir a la opinión pública la urgencia del problema y las soluciones a nuestro alcance.

 

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