Guía de aparatos humidificadores

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Si las medidas básicas no son suficientes para mantener la humedad en el nivel adecuado, puede resultar necesario recurrir a los aparatos humidificadores. Los hay de tres tipos diferentes.

 

Si las medidas básicas no son suficientes para mantener la humedad en el nivel adecuado, se hace necesario encontrar soluciones. Algunas personas colocan platos con agua encima de los radiadores o recipientes diseñados con ese  fin, pero el vapor difícilmente se dispersa por una habitación mediana. Entonces hay que recurrir a los aparatos humidificadores. Los hay de tres tipos diferentes:  

• Humidificador ultrasónico. Utiliza las vibraciones del sonido para remover el agua de manera que se desprendan moléculas al aire. Sus grandes ventajas son que no utiliza calor, por lo que se reduce el riesgo de quemaduras en los niños, y que no hace ruido. Otra es que las partículas de agua son extremadamente pequeñas, por lo que permanecen en el aire mucho tiempo e hidratan las mucosas rápida y eficazmente. Las desventajas son que tiene un precio más elevado que los demás y que precisa agua destilada o el empleo de productos descalcificadores. Por otra parte, puede usarse para dispersar aceites esenciales que ayuden a prevenir y curar los problemas respiratorios.  

 

• Humidificador caliente. La energía eléctrica calienta una resistencia en contacto con el agua y ésta se evapora. Su principal ventaja, además del precio de compra, es que no necesita agua destilada. Sin embargo, aumenta el riesgo de que se produzcan quemaduras y, a largo plazo, resulta caro y poco sostenible porque consume mucha energía. También puede utilizarse para vaporizar aceites esenciales. 

• Humidificador frío. Tiene un pequeño ventilador que hace pasar el aire a través de un filtro empapado. Sus ventajas son que, además de humedecer el aire, también lo limpia y que no consume demasiada energía. El inconveniente es que resulta un poco ruidoso.    

Cuidados básicos

Los humidificadores se utilizan para prevenir los contagios y respirar mejor, sin embargo, ellos mismos se convierten a veces en el problema, pues en sus rincones interiores pueden proliferar bacterias, mohos y esporas que finalmente son emitidos al aire.  

• Resulta imprescindible limpiarlos dos veces por semana si se usan a diario. Para una correcta limpieza, se deben seguir las instrucciones del fabricante y, en cualquier caso, usar un cepillo para eliminar todos los restos sólidos que pueda tener el depósito.  

• No se debe utilizar detergentes. Es necesario aclarar muy bien todas las piezas para evitar que se dispersen sustancias nocivas al aire. Es preferible el uso de agua destilada en todos los aparatos y, en el caso de los ultrasónicos, imprescindible. Otra premisa fundamental es que se debe cambiar a diario. 

• Hay que tener en cuenta que los humidificadores fríos esparcen más gérmenes que los calientes. De ahí la importancia de una limpieza y un cuidado adecuado.

• Algunos modelos tienen un tratamiento interior de triclosán para evitar la proliferación de gérmenes. Aunque esta sustancia tóxica no llega al aire, es un problema una vez ha concluido el ciclo de vida útil del aparato.