El guardián de la biodiversidad

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Carlos Magdalena, horticultor gijonés que trabaja en el Kew Gardens, ha sido elegido entre los mil londinenses más influyentes del momento.

En pocos lugares se siente la auténtica magia de las plantas como en el Kew Gardens. Estamos en el jardín botánico más fascinante del planeta, un increíble "arca de Noé" del mundo vegetal, custodiado entre otros por un horticultor gijonés que ha sido elegido entre los mil londinenses más influyentes del momento…

“Tanto como el cambio climático debería preocuparnos la pérdida tremenda de biodiversidad como producto de las actividades humanas”, nos advierte de entrada Carlos Magdalena, que así se llama nuestro particular ecohéroe. “Deberíamos esforzarnos por minimizar nuestro impacto y venerar las plantas, que tienen la llave de la vida en planeta".

 

Carlos saltó hace unos meses a primerísimo plano en el papel del “rescatador” del nenúfar enano ugandés (Nymphaea thermarum), la planta acuática más diminuta de la que se tenía noticia y que se creía exintiguida en su hábitat natural. Aunque sus méritos van mucho allá y podemos hablar de él como el auténtico “guardián de la biodiversidad”, velando por los viveros tropicales del Kew.

A Carlos no le gusta que le llamen el "mesías" de la plantas. Pero lo cierto es que su fama trasciende fronteras, tanto por su papel de "propagador" del famoso nenúfar como por su labor al rescate de algunas de las 275 especies de plantas en peligro de extinción en Isla Mauricio. Entre ellas, el café marrón (Ramosmania Rodriguesii), una minúscula flor blanca de la familia del árbol del café.

Hasta hace poco más de un año, Carlos disfrutaba en privado del mundo secreto de sus plantas. Pero una mano anónima se apropió del único ejemplar de la minúscula Nymphaea thermarum que se exhibía en el jardín botánico londinense, y el revuelo mundial fue inevitable.

Nunca más se ha vuelto a saber del nenúfar robado: un misterio a la medida de Sherlock Holmes. Carlos no ejerce de detective, pero es sagaz como pocos y tiene sus propias teorías: "Fue seguramente un aficionado o un coleccionista. La gente llega a veces a extremos obsesivos y son capaces de pagar grandes sumas de dinero o arriesgarse a llegar a lugares peligrosos para conseguir un preciado ejemplar".

El caso es que el horticultor gijonés tenía una buena remesa de nenúfares enanos en los viveros. Y la prodigiosa naturaleza había logrado ya por su cuenta el “milagro”: la minúscula planta volvía a crecer cerca de donde fue hallada por primera vez.

El nenúfar enano fue descubierto en 1987 por un botánico alemán, Eberhard Fischer, junto a un manantial en Mashyuza, en el suroeste de Ruanda. Fischer logró preservarlo en el jardín botánico de Bonn, y gracias a un intercambio de plantas llegó hasta los invernaderos tropicales del Kew, donde estimuló la vivísima curiosidad de Carlos Magdalena...

Deberíamos esforzarnos por minimizar nuestro impacto y venerar las plantas, que tienen la llave de la vida en planeta

"Llevaban más de veinte años intentándolo en Alemania, pero no daban con el secreto para propagarlo. Con las técnicas habituales para los nenúfares, que crecen en aguas profundas, se había logrado que germinara, pero luego se debilitaba y no llegaba a florecer".

Fiel a su fama de "descifrador" del código secreto de las plantas, Carlos Magdalena viajó virtualmente al hábitat original, "que no era un estanque sino una manantial en el que los niveles de agua subían y bajaban constantemente". Así fue como dio con la clave: "Lo que la Nymphaea thermarum necesitaba era dióxido de carbono. O sea, una mayor exposición al aire, manteniendo siempre una parte sumergida para conservar la humedad. Así fue como floreció en cuestión de dos o tres meses".

"El nenúfar enano se salvó por la campana", reconoce Carlos, que no concibe la vida sin esta inmersión diaria en el paraíso de 132 hectáreas del Kew Gardens. Allí nos muestra con orgullo la prueba fehaciente de que el nenúfar enano ruandés no estaba solo, sino bien acompañado de su larga familia en los viveros tropicales, donde el botánico gijonés de 43 años se mueve como pez en su estanque.

La pasión le viene de lejos: de la aldea de sus abuelos en las montañas de Asturias y de las dos floristerías que regentaba su madre, por no hablar de la predilección de su padre por los árboles frutales... "Siempre me recuerdo rodeado de plantas, de una manera o de otra. Creo que aprendí a sembrar semillas antes incluso de que pudiera hablar".

La muerte de su padre y la jubilación de su madre le dejaron a Carlos en una encrucijada. En el 2001 vino a Londres a aprender inglés y de la noche a la mañana se vio trabajando como un reputado sommelier -"el acento español o francés siempre era un plus"- en un hotel de cuatro estrellas.

Su destino estaba ligado al vino, o eso parecía. Hasta que un día cruzó el Támesis y encontró su lugar en el mundo: Kew Gardens... "Tuve la sensación de que me había estado esperando toda la vida. Supe que ya no podía trabajar en otro lugar. Pedí un puesto provisional como propagador y así fue como me incorporé a esta gran familia de 700 personas, unidas por la pasión por las plantas".

Hasta los oídos de Sir Richard Attenborough llegó la fama del simpático y didáctico "propagador" gijonés, invitado especial en la serie Kingdom of Plants... "Quizás en España nos ha faltado alguien como Sir Richard, un Rodríguez de la Fuente capaz de hacernos palpitar con las plantas igual que con los animales".