Psique y Cosmos

06.09.2012
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La conciencia humana puede participar libre y creativamente en la expresión de la inteligencia cósmica, según el filósofo Richard Tarnas.

Formamos parte de un universo consciente, y dentro de él somos libres.

La Tierra es un punto azul pálido, una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol. Una partícula indistinguible en un vasto océano cósmico, sometido a fuerzas físicas inexorables. En este lugar, apareció una bacteria hace cuatro mil millones de años. La vida se diversificó y evolucionó. Surgieron y desaparecieron millones de especies. El ser humano (Homo sapiens) nació hace unos 200.000 años. Su peculiar capacidad de pensamiento fue un resultado evolutivo de la lucha por la supervivencia. Algún día dejará de existir. Quizá impacte sobre la Tierra un gran meteorito que elimine todo rastro de vida.

La aparición y desaparición de la vida y del ser humano son frutos del azar. No hay ningún plan. Ningún objetivo para la vida, ningún creador inteligente. Hay que asumir esta realidad, renunciar a los autoengaños consoladores. Nuestra aspiración sólo puede ser vivir cada día con mayor bienestar, reducir el sufrimiento, aunque la angustia existencial permanezca como un mar de fondo.

 

Esta es la visión moderna del mundo. La que domina en las universidades y centros intelectuales, la que impregna la vida de cada día. Se ha impuesto hasta parecer obvia… y sin embargo puede estar profundamente limitada. Así lo cree Richard Tarnas, autor de Psique y cosmos (Ed. Atalanta). Piensa que existe una profunda interconexión entre la conciencia humana y el Universo. Que incluso se puede observar una correspondencia entre los movimientos de los astros y los vaivenes del espíritu.

Por supuesto, ha faltado tiempo para que los vigilantes del pensamiento correcto hayan acusado a Tarnas de reanimar la vieja superstición astrológica. Pero pocos se habrán molestado en leer sin prejuicios su obra de más de 600 páginas. Si lo hubieran hecho, habrían descubierto algunas ideas nuevas que tienen poco que ver con la astrología tradicional y que iluminan la tramoya de la propia filosofía moderna.

Demasiado simple

Según Tarnas, el Universo desencantado moderno es el resultado de una teoría del conocimiento simplista. Ha servido para que el ser humano afianzara su ego, su independencia y su espíritu crítico, pero también ha permitido la explotación desconsiderada del mundo, puesto que era un objeto sin alma. Ha proporcionado una increíble cantidad de conocimientos útiles, pero en el marco de una mirada estrecha.

Además, a buena parte de la humanidad, vivir en un Universo sin significado y sin orientación, separada de la naturaleza, le ha producido un vacío que ha sido llenado por diferentes formas de banalidad, como las obsesiones por el trabajo, el consumo, la política espectáculo o el cotilleo.

Los sabios de todos los tiempos, los célebres y los anónimos, han descubierto un Universo espiritual y digno de respeto. Para ellos, todo lo existente es expresión de una inteligencia creativa, profunda y misteriosa. Incluso en nuestros días, este conocimiento se transparenta en la literatura o en determinadas escuelas filosóficas y psicológicas.[pagebreak]

Podemos descubrir las manifestaciones de la inteligencia del Cosmos a través de la intuición y de la razón.

El deseo de Tarnas es que la inteligencia humana sea capaz de dialogar con la inteligencia del Cosmos. Para ello es preciso cultivar un intelecto y una imaginación dotados de empatía. La mirada debe dirigirse hacia dentro y hacia fuera, debe observar los datos y ser intuitiva. Así se pueden descubrir las manifestaciones inteligentes del Cosmos y a la vez ser creativos, porque el ser humano es un agente activo, un protagonista en el desarrollo de la conciencia universal.

Abrise a la inteligencia

La inteligencia abierta no se encierra en un laboratorio. Es permeable a otras tradiciones y culturas. Amplía el margen de lo que considera conocimiento válido. En lugar de sospechar maliciosamente de toda visión ajena, se enriquece con ella. Y está dispuesta  descubrir los signos sutiles del despliegue de la inteligencia cósmica.

Siguiendo su propio consejo, Tarnas, profesor de Filosofía, Cosmología y Conciencia en el Instituto California de Estudios Integrales, ha escudriñado la historia de Occidente y ha descubierto una correspondencia con los ciclos planetarios. Estos se reflejan con precisión en los movimientos culturales, los acontecimientos políticos y sociales, y las biografías personales. En concreto, ha estudiado las conjunciones Urano-Plutón y Urano-Neptuno. La conjunción entre el primer par de planetas tiene lugar cada 150 años aproximadamente, y la del segundo cada 170 años.

Para entender lo que todo esto signiica, basta señalar que la última conjunción Urano-Plutón tuvo lugar entre 1960 y 1972. Es decir, en “la década prodigiosa” que luchó contra las estructuras caducas y dio impulso a la libertad, la originalidad, la creatividad y la intuición en todos los terrenos. La misma conjunción se produjo entre 1787 y 1798 —¡la Revolución Francesa!— y entre 1845 y 1856 —“!Proletarios del mundo, uníos!”—. En los tres periodos emergieron, bajo una u otra forma, ideas, arquetipos o energías similares.

20 años después de cada uno de estos hitos tuvo lugar la conjunción Urano-Neptuno, que no se asocia con revoluciones y manifestaciones exteriores, sino con movimientos profundos, unificadores, místicos, sutiles, ambiguos, fluidos… La última tuvo lugar en los 90, durante la caída del muro de Berlín, el desmoronamiento imprevisto y pacífico de la URSS, la expansión de Internet, el interés por el budismo…

Los planetas no nos gobiernan

Las explicaciones de Tarnas, con todo lujo de detalles, hacen sentir al lector que se halla ante una revelación. Asombrado, puede creer que los planetas nos gobiernan. No es así. Tarnas lo explica con una metáfora: el reloj indica la hora del día, no la produce. Lo que hay que comprender es que la psique y la sociedad humanas no funcionan al margen de su entorno. Formamos parte de un universo consciente, y dentro de él somos libres.

La inteligencia cósmica no es un invento posmoderno. Es otra forma de referirse al logos de los griegos. Heráclito lo definió como “la inteligencia que dirige, ordena y da armonía al devenir”. El logos opera simultáneamente en la mente y en el Universo, por eso la primera tiene capacidad para reconocer el orden y la belleza en el segundo.[pagebreak]  

El ser humano no puede ser un mero observador de un Universo que está fuera de él, porqué él es el Universo y el Universo es él. Como dijo Plotino en el siglo III, “todo respira al unísono”. Por supuesto, el mismo concepto se halla en las grandes tradiciones orientales. La filosofía china lo llama tao, principio de orden que dirige el incesante flujo de cambios. Para los hindúes, el dharma es la ley universal que se encuentra en cada individuo lo mismo que en todo el universo, donde se manifiesta por movimientos cíclicos y regulares.

Por cierto, observar las coincidencias, para nada azarosas, entre los conocimientos de culturas alejadas y desconectadas, es una de las maneras más eficaces de rastrear las más genuinas plasmaciones de la inteligencia cósmica. Son además un antídoto frente a quienes desean enfrentar civilizaciones y personas.

Viendo venir la ola

¿Qué implicaciones tiene, en la vida cotidiana de cada individuo, la nueva formulación de Tarnas? Lo explica con otra comparación. Un surfista en medio del mar ha de estar muy alerta para sentir por dónde va a salir la próxima ola. De la misma manera, cada uno de nosotros puede mantenerse receptivo a las expresiones de la inteligencia cósmica, conocer su pasado y su presente,  para colaborar en su manifestación y enriquecerla. Es un consejo que funciona a todos los niveles, sean personales, familiares o sociales.

Los movimientos de Urano, Neptuno y Plutón guardan relación con una serie de cosas que marcarán una nueva etapa para la humanidad, como las psicologías transpersonales, la física cuántica y las hipótesis sobre el campo unificado, la teoría del caos y de los fractales, la ecología profunda y la teoría de Gaia… Vivimos un momento que redescubre la conexión profunda entre todas las cosas, la utilidad de la colaboración y del diálogo, la importancia de respetar la libertad individual o la fuerza que reside en los lazos afectivos. En cambio, por muy presentes que todavía parezcan a nuestro alrededor, están en decadencia la arrogancia, la violencia, los privilegios o las imposiciones.

Tanto la sociedad humana como cada persona se hallan ante el reto de participar en el despliegue de la inteligencia. Porque los planetas giran, pero nosotros no podemos tumbarnos. El futuro será como nosotros queramos que sea.

¿Quién es Richard Tarnas?

Nació media hora después de media noche en Ginebra (Suiza), el 21 de febrero de 1950. Actualmente es profesor de Filosofía y Psicología en el Instituto California de Estudios Integrales en San Francisco. Además es director de un programa de estudios denominado Filosofía, Cosmología y Conciencia. Antes había sido alumno y profesor en el legendario Instituto Esalen, fundado en 1962 y centro intelectural antidogmático, orientado al desarrollo del potencial humano. Allí aprendió de Joseph Campbell y Stanislav Grof entre otros.

Como escritor, se hizo célebre gracias a su obra The Passion of the Western Mind, una historia del pensamiento occidental que se convirtió en un texto de referencia en las universidades de los Estados Unidos y en un éxito de ventas. En España acaba de ser publicado por la editorial Atalanta.

Cosmos y Psique es su última obra, fruto de 30 años de trabajo. Su objetivo es presentar una visión del mundo que reúna religión y ciencia, alma y mente, sabiduría antigua y últimos descubrimientos científicos. Representa además un esfuerzo por presentar la astrología de un modo novedoso y aceptable al mundo intelectual y académico que la rechaza por principio.