Meditación para la vida cotidiana

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Meditar es un proceso placentero, más que una meta.

Cómo incidir en la vida cotidiana para mejorarla y trascenderla.

El alumno de la escuela Zen pregunta:
-Maestro, ¿cómo se practica la meditación en la vida diaria?
-Comiendo y durmiendo.
-Pero, maestro, cualquier ser humano come y duerme.
–Sí, pero no cualquiera come cuando come y duerme cuando duerme.

Todos meditamos, en algún momento del día, realizamos algo que nos absorbe, de manera que estamos justo allí, con el pensamiento y el cuerpo juntamente. Meditar es estar donde estamos haciendo aquello que hacemos, en el momento y lugar donde lo realizamos. Y, para ello, no precisamos ningún artilugio, ni siquiera ir a un lugar específico.
Meditar es darse cuenta cada vez más de lo que sucede alrededor. No preocuparse por lo que vendrá o ha pasado, sino ser y estar en el ahora. Permitirse estar alerta.

Meditar es estar donde estamos haciendo aquello que hacemos

 

Es un proceso placentero, más que una meta. Un viaje inspirador más que un destino. No es ponerse en trance, aislarse de la realidad, dormirse, poner la mente en blanco, ni perderse en el pensamiento y olvidar quiénes somos o dónde estamos. Es rejuvenecer la conciencia más inmediata y limpiar la percepción. La máxima griega “Conócete a ti mismo” encuentra en ella un camino para mejorar y cambiar la relación con nosotros mismos y el entorno. Nos abre las puertas de la vida cotidiana, nos capacita para incidir en ella, mejorarla y, a veces, trascenderla.

Además, tiene efectos fisiológicos positivos: reduce la presión sanguínea, regula el pulso, disminuye el índice metabólico y el nivel de concentración del suero de varias sustancias. Elimina el estrés y la ansiedad. Concentra.

La actitud

La meditación se inicia con nuestra actitud: la que advierte, acepta y valora el presente como semilla y lugar de transformación. Donde suceden las cosas importantes de la vida: el amor, la libertad, la alegría, la amistad, el sosiego, la plenitud, la belleza, la paz, la dicha, la verdad, la creatividad  o el silencio.

El presente es lo único que poseemos, aunque sea fugaz, imprevisto o nos dé miedo. No aceptarlo porque no nos parezca o sea bueno desarrolla una actitud resistente contra él. Decía el sabio: “Aquello a lo que nos resistimos insiste. Aquello que aceptamos nos transforma.”

Si no aceptamos el presente como es y deseamos cambiarlo estaremos manipulándolo hasta el fin de nuestros días, siempre insatisfechos, y no podremos transformar el futuro. Al meditar, la ausencia de aceptación del presente nos lleva a esforzarnos y producir más tensión. Meditar no consiste en esforzarse, sino en asimilarse al proceso meditativo naturalmente y, a partir de ahí, posibilitar la transformación. Para cambiar el futuro debemos aceptar plenamente el presente.

La relajación

El siguiente paso hacia la meditación es la relajación. Aunque a veces con la primera llega la segunda, otras deberemos comenzar con la segunda para llegar a la primera. En este caso sugerimos dos ejercicios:

1. Tumbados en el suelo, percibiremos los puntos de contacto con éste y la respiración. Sintiendo el peso del cuerpo al espirar.

2. Partiendo de la posición de rodillas, nos sentamos sobre las pantorrillas, doblamos el tronco hacia delante y colocamos la cabeza en el envés de las manos. Una vez tranquilizada la respiración a través de esta posición, seguiremos con la meditación propiamente dicha.

Sentados como una montaña

La estabilidad mental está íntimamente conectada con la estabilidad corporal. La meditación es práctica, se realiza en primer lugar desde la posición corporal. Recomendamos la postura sentada sobre un cojín, en el suelo o en una silla. Pero si cualquiera de ellas fuera imposible o dolorosa, meditaremos tumbados. La comodidad es fundamental para empezar, no se puede comenzar con sufrimiento, dolor o frío. Meditar es, al principio, sobradamente difícil.

Aquello a lo que nos resistimos insiste. Aquello que aceptamos nos transforma"

Si nos sentamos en el suelo sobre una colchoneta, bajo las nalgas colocamos un cojín o mantas para elevar nuestra pelvis. Las piernas se repliegan una delante de la otra, con las rodillas y la parte externa de las pantorrillas apoyadas en el suelo, formando un triángulo con la pelvis. Sentados sobre una silla los pies estarán en el suelo, con las pantorrillas perpendiculares a los pies, los muslos a las pantorrillas y el tronco, a la silla.

La espalda recta, “como una flecha dirigida al cielo”, sin que esté tiesa ni rígida. Como si el punto más alto de la cabeza fuera atraído por el cielo, con las piernas estables en el suelo, sintiendo el espacio entre los dos.

Después colocamos las manos en el regazo en la posición de la meditación Zen: poniendo el envés del dedo índice de la mano izquierda descansando sobre la parte interior del de la mano derecha, dejando que ésta recoja a aquella y poniendo en contacto las puntas de los dedos pulgares una contra otra.

En el taoísmo chino, el signo que corresponde a la meditación es la montaña, que representa la quietud. A través de la quietud externa se reanima nuestro interior, donde nacer y desaparecer se consuman. Siéntese como una montaña con majestad firme y estable. Por fuertes que sean los vientos que soplen en su contra, por densas que sean las nubes que se arremolinen a su alrededor, la montaña continua en su grandeza, fuerza y magnanimidad.

Método para meditar

Si conseguimos serenarnos y estar en el presente de manera natural y espontánea o realizando una actividad como cuidar de nuestras plantas, tocar un instrumento, cantar o leer un libro, no precisamos ningún método de meditación. De hecho, intentar utilizar un método cuando encontramos ese estado por otros conductos es contraproducente.

Buda enseñó 84.000 maneras distintas de apaciguar la mente y conocerla, y otros tantos son los métodos para meditar. Los tres métodos más importantes son:

·Escuchar la respiración.

·Recitar palabras o mantras.

·Concentrarse en un objeto.

El que recomendamos es el primero: Escuchemos la respiración. ¿Cómo es la temperatura del aire que entra por la nariz? ¿Por qué agujero de la nariz respiramos mejor? ¿Qué camino recorre la respiración hasta llegar a los pulmones? ¿Qué pulmón percibimos más cargado de aire? ¿En qué otros lugares del cuerpo advertimos movimiento aparte del pulmón? ¿Qué forma tiene el espacio que se abre al respirar? ¿Cómo cambia su forma al espirar? ¿Hacemos pausas entre espirar e inspirar y entre inspirar y espirar? ¿Cuál es la pausa más larga? ¿Puedo imaginar un espacio de luz en el camino y el espacio respiratorio que se abre por todo el cuerpo?

Si nos perdemos, no nos preocupamos, despedimos amablemente lo que nos ocupaba y volvemos a la respiración

Sobre el autor
Gerard Arlandes es filósofo, bailarín y profesor de taichi y educación corporal por la Stillpoint Foundation (Colorado USA.) Ha desarrollado la técnica Chikung Contemporáneo. Ha enseñado en Alemania, Holanda, Suiza y Austria. Actualmente dirige el Centre Gerard Arlandes junto a Sybille Karsch desde 2011.
Todos sus artículos en El Correo del Sol 
Blog de Gerard Arlandes: Flores, Fieras y Fronteras
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