Los incendios de Australia calientan el debate sobre la crisis climática    

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La ola de incendios en el sureste de Australia ha causado ya al menos 18 muertos y 17 desaparecidos, ha arrasado más de cuatro millones de hectáreas y ha obligado a desplegar navíos y aviones de guerra para combatir el fuego. 

La ola de incendios en el sureste de Australia ha causado ya al menos 18 muertos y 17 desaparecidos, ha arrasado más de cuatro millones de hectáreas y ha obligado a desplegar navíos y aviones de guerra para combatir el fuego.

Los cielos se han teñido de rojo en las zonas costeras y decenas de pueblos han sido evacuados. La  capital, Canberra, se ha superado hasta 21 veces los máximos considerados como “peligrosos” por la mala calidad del aire. Y la nube de humo ha viajado más de 2.000 kilómetros, hasta los glaciares de Nueva Zelanda.

 

En medio de las escenas apocalípticas en Nueva Gales del Sur y Victoria, los dos estados más afectados, el primer ministro Scott Morrison ha contribuido a su manera a reavivar el fuego por su reacción tardía y por su empeño en no mencionar la posible conexión de lo que está ocurriendo en Austalia con la crisis climática (pese al récord de temperaturas registrado en el 2019 y el aumento medio de un grado en el último siglo).

Scott Morrison tuvo que cortar el jueves su visita a la localidad de Cobargo, donde el fuego ha destruido decenas de hogares, entre la indignación de los vecinos por su tibia respuesta a la emergencia (estaba de vacaciones en Hawai en el momento crítico). Desde su victoria en mayo al frente del Partido Liberal, el conservador Morrison ha decidido alinearse con Donald Trump y Jair Bolsonaro y torpedear la acción global ante el cambio climático.

El primer ministro australiano ha vuelto a pedir “paciencia” a sus compatriotas y ha sido criticado por su incapacidad para reconocer la dimensión del problema (un informe de la Universidad Nacional de Autralia advierte sobre el adelanto irremisible de los veranos y la desaparición del invierno en el país en el 2050). En su mensaje de año nuevo, Morrison apeló al espíritu combativo de los australianos para emular a las pasadas generaciones “que también se enfrentaron a desastres, inundaciones, fuegos, epidemias y sequías”.

Hace apenas dos semanas, Morrison recalcó que no era “creíble” que existiera un vínculo en entre el cambio climático y la oleada de incendios. Esta semana ha admitido por fin que puede existir una relación “entre la reducción de emisiones y la protección del medio ambiente contra los fuegos devastadores”. Aun así, presumió de estar avanzando hacia sus compromisos (una reducción de emisiones del 26% al 28% en el 2030), pese a rechazar las presiones para que Australia deje de ser el principal exportador de carbón del mundo.

El esceptismo del Morrison queda sin embargo ensombrecido por el negacionismo de su viceprimer ministro, Michael McCormack, que llegó a decir en noviembre que en Australia ha habido incendios “desde el principio de los tiempos” y que los que se preocupan por el cambio climático son “unos lunáticos delirantes de la ciudad”.

El 77% de los australianos reconocen sentirse sin embargo “preocupados” o “muy preocupados” por el cambio climático, el 60% quiere más acción por parte de su Gobierno y un 43% cree que hay una relación directa con las sequías, las inundaciones y los incendios de la última década, según una encuesta de The Guardian. Las imágenes de los incendios en Nueva Gales del Sur, la evacuación de decenas de poblaciones en las costas y el aire irrespirable de Canberra y Sydney han surtido efecto en las conciencias de los australianos, pese a las evasivas de su clase política.

Los científicos se han sumado al debate y han pedido a los políticos que amplíen su campo de visión. “No podemos considerar un evento específico como el resultado directo del cambio climático”, advierte en declaraciones a la BBC la profesora Glenda Wardle, de la Universidad de Sydney. “Pero lo que estamos viendo son tendencias, y no solo los fuegos, también las sequías y las inundaciones. Y todo en su conjunto sí que está innegablemente vinculado al aumento global de las temperaturas. Pero cuando el Gobierno tiene la oportunidad de acometer el problema y hacer algo, siempre encuentra otros “culpables”, como la mala gestión del territorio”.

“Lo que sí sabemos es que la temperatura media en Australia es ahora un grado superior a la que era hace un siglo”, apunta por su parte Richard Thornton, director ejecutivo del Bushfires & Natural Hazards Co-operative Research Centre. “Y es estas condiciones el verano se adelanta, y riesgo de sequías y de incendios es acumulativo, y los episodios de clima extremo se hacen más y más frecuentes”.