"La humanidad ha provocado ya un cambio geológico"

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Alejandro Cearreta, geólogo de la Universidad del País Vasco y miembro del Grupo de Trabajo del Antropoceno

"Los humanos hemos alterado también la composición de los océanos y de la atmósfera"

Hace diez años, una red internacional de geólogos tuvo la audacia de crear el Grupo de Trabajo del Antropoceno (AWG, por sus sigas en inglés). Entre ellos estaba y sigue estando Alejandro Cearreta, profesor de Paleontología en la Universidad del País Vasco, uno de los mayores divulgadores de ese concepto que aspira a dejar grabado en piedra el impacto de la especie humana. Cearreta se dejó caer recientemente por la conferencia “Change the Change”, para hablar del vínculo ineludible entre la era del Antropoceno y el cambio climático.

¿Qué le diría a los que aún cuestionan la contribución humana al cambio climático?

Desde hace años, no hay ninguna publicación científica que contradiga el impacto humano sobre el clima en nuestro planeta. Esta discusión no es un acto de fe, sino que está basada en datos y en evidencia. Ningún científico está aportado datos digan lo contrario de lo que aperecen en los informes del Panel Internacional de Cambio Climático de la ONU (IPCC) que se van construyendo cada cinco años. Otra cuestión es lo que se hace con esa información científica. Y ese sí es un tema sujeto a debate, porque colisionan los intereses políticos y económicos de los diferentes agentes y “lobbies” involucrados en la solución.

¿Se puede situar el cambio climático en el contexto del Antropoceno? ¿Hasta qué punto la actividad humana ha alterado ya la atmósfera, los océanos y el clima?

El cambio climático encaja perfectamente en el marco conceptual del Antropoceno. En el libro colectivo que acaba de publicar nuestro grupo (“The Anthropocene as a Geological Time Unit”) le hemos dedicado un capítulo entero a esa cuestión. Los humanos hemos modificado la composición química (CO2, metano) y física (temperatura) de la atmósfera y e los océanos. Uno de los efectos más indeseados es el ascenso en el nivel marino a velocidades muy superiores a las registradas en los últimos miles de años. Durante el siglo XX, el nivel del mar ha aumentado globalmente unos 30 centímetros y la magnitud del ascenso previsto para este siglo es un tema muy controvertido. Lo que está claro es que estos sistemas están operando ya fuera de la variabilidad del Holoceno, y esta es la razón por la que consideramos que estamos en una época diferente.

Pero aún no hay consenso sobre el Antropoceno…

Cualquier novedad científica que sea relevante siempre ha tenido defensores y detractores a lo largo de la historia de la ciencia. Ocurrió con la teoría de las especies de Darwin en su momento, o con la hipótesis de la deriva continental y la tectónica de placas en geología. En este caso ocurre lo mismo. Dentro de la comunidad geológica hay científicos que apoyan la propuesta del Antropoceno como un posible nuevo tiempo geológico y hay otros que tienen dudas, que solicitan más información o que son contrarios a su aprobación. Ojo, estoy hablando de científicos que no se declaran “contrarios”, sino que consideran que las pruebas presentadas no son hasta ahora suficientes para establecer una nueva división del tiempo geológico.

“Las rocas no mienten”, como decía su colega Jan Zalasiewicz…

Efectivamente, las rocas no mienten, pero hay que tener las herramientas para extraer correctamente la información contenida en ellas. En este sentido, la información que somos capaces de encontrar en los sedimentos con las ténicas que tenemos ahora disponibles son muy superiores a las de hace una décadas.

¿Es correcto hablar a estas alturas del “impacto geológico” de la especie humana?

Tradicionalmente, se ha considerado que las fuerzas naturales que impulsan la Geología de nuestro planeta lo hacen a una escala tan grande y a tan largo plazo que cualquier tipo de impacto humano, por comparación, es prácticamente insignifcante. La comunidad geológica se ha resistido de hecho a las propuestas de una posible “era humana” desde finales del siglo XIX. Sin embargo, esta opinión empezó a cambiar desde hace unas décadas, cuando la magnitud del impacto humano se ha hecho más evidente. La humanida ha provocado un cambio geológico, nuestra huella está registrada ya en los sedimentos.

¿De qué tipo de “registros” estamos hablando?

Las “señales” humanas que aparecen en los sedimentos incluyen la difusión global de radiosótopos a partir de las explosiones atómicas, la perturbación del ciclo del nitrógeno como resultado de la producción de fertilizantes o la dispersión global de nuevos materiales de origen humano (del cemento al plástico) y de los múltiples artefactos que podrían ser considerados los tecnofósiles del futuro. Otros fenómenos destacables son la dispersión global de contaminantes, las extinciones e invasiones de especies terrestres y marinas, las movilizaciones de matariales por actividades huanas o la combustión de hidrocarburos, que ha provocado un gran incremento en los niveles de dióxido de carbono atmosférico (y aquí entroncamos con el cambio climático). En un sentido geológico, muchas de estas evidencias han ocurrido al mismo tiempo y se han extendido por todo el planeta a partir de lo que la llamamos la Gran Aceleración, a mediados del siglo XX. Por eso consideramos que es la fecha más adecuada para situar el inicio del Antropoceno.

¿Y dónde se buscará finalmente el “clavo dorado” -o estratotipo global del límite- para demostrar que hemos entrado en una nueva era geológia?

Al principio pensamos en las playas de Tunelboca y Gorrandatxe, en Getxo. Pero han quedado descartadas como candidatas a albergar el estratotipo por dos motivos fudamentales: están muy sometidas a erosión por la subida del niveles del mar y el tamaño del grano es demasiado grande para contener un buen registro de radiosótopos artificales, que es la evidencia principal que buscamos. En estos momentos estamos trabajando con detalles en el Mar Báltico, en la bahía de San Francico, en el lago Crawford (Canadá) y en lago Huguangyan (China) y en sondeos de hielo de la Antártida. El objetivo es encontrar las mejores localizaciones que contengan la mayor cantidad de indicadores del Antropoceno y con la mejor resolución temporal posible… Estamos hablando de un período geológicamente muy breve, el equivalente de momento a una vida humana, pero con un impacto que ya ha cambiado de manera irrevocable la historia de nuestro planeta.