"La humanidad decide su futuro en esta década"

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Greta Thunberg promete volver a la acción tras cumplir 17 años a su vuelta a Suecia

“Välkommen hem!”. Bienvenida a casa… Greta Thunberg recibió los lametones de sus perros, Moses y Roxy, a su regreso a Estocolmo, después de su periplo de cuatro meses en tren y en barco por medio mundo. Su padre Svante, su madre Malena y su hermana Beata se sumaron el 3 de enero a la fiesta familiar para celebrar los 17 años de la niña capricornio y ecoheroína del clima, destacada por la revista Time como “Persona del Año” y despreciada por Donald Trump con el consabido: “Relájate, Greta, Relájate”.

Greta se está efecticamente “relajando” estos días, como ella misma ha hecho saber en su biografía actualizada en las redes, auque su mensaje de bievenida al 2020 hace presagiar que pronto volvéra a la acción: “¡Qué año! No intentaré siquiera resumirlo… Pero nada habría posible sin vuestro apoyo. Gracias a todos.. En esta década, la humanidad decide su futuro. Vamos a hacerlo lo mejor que podamos. Vamos a hacer lo imposible. Así que empecemos. Feliz año nuevo”.

 

Su padre, Svante, que no se despegó de ella en la doble travesía del Atlántico (en el Malizia y el Vagabonde), asegura que ha llegado el momento de arriar las velas y dejar que su hija navegue en solitario a partir de ahora por las turbulentas aguas del clima. Pese al desgaste físico de los últimos meses que hizo mella en Greta, su padre asegura que ha vuelto feliz a Suecia, “bailando, riendo y diviriténdose”, con la satisfacción de la labor bien hecha.

En declaraciones a la radio de la BBC, Svante reconoce que el odio desatado por su hija en las redes y en los medios, por su actitud combativa por la falta de acción ante la crisis climática, le ha hecho temer por la integridad de Greta... “Pero ella está increíblemente bien preparada para aguantar la presión y, francamente, no sé cómo lo hace. Ella se ríe casi siempre, los ataques le parecen hilarantes. Aunque claro que me preocupa. Me preocupan sobre todo las historias falsas que cuentan de ella, y el odio que pueden llegar a generar”.

El padre de Greta, que debe su nombre a Svante Arrhenius (el químico que ganó el premio Nobel por su teoría sobre el efecto invernadero), reconoce a estas alturas que su familia se convirtió al ecologismo “no para salvar el clima, sino para salvar a nuestra propia hija”. A los 12 años, Greta dejó de comer y de hablar, se encerró en sí misma y perdió un año de colegio.

“Vivimos la peor pesadilla para cualquier padre”, admite Svante Thunberg. Greta fue diagnosticada con síndrome de Asperger, trastorno obsesivo compulsivo y mutismo selectivo. Tanto él como su madre, la cantante de ópera Malena Ernman (famosa también por su participación en Eurovisión), decidieron sacrificar en partes sus trabajos para arropar a sus hijas (Beata fue también diagnosticada con el trastorno de déficit de atención e hiperactividad).

“Nosotros no éramos activistas del clima, nunca lo fuimos”, asegura el padre de Greta. “Pero descubrimos que cosas como dejar de comer carne o dejar de viajar en avión hacían que nuestra hija se sintiera mejor, y eso fue lo que hicimos. Sabíamos que estaba bien hacer esas cosas, pero no lo hicimos por convicción ecológica. Si soy honesto, lo único que me interesaba era la felicidad de mis hijas”.

La “conversión” familiar de los Thunberg –narrada también por la madre, Malena, en “Nuestra casa está ardiendo”- fue pues propiciada por la severa depresión de Greta, que llevó su activismo al límite cuando decidió declararse “en huelga por el clima” y plantarse ante el Parlamento sueco en el agosto del 2018.

En contra de la versión que disparó la campaña anti-Greta (según la cual, la niña fue elegida a conciencia por el emprendedor Ingmar Rentzhog, que buscaba rostros jóvenes para su campaña “No tenemos tiempos”), Svante Thunberg alega que la huelga climática de su hija y el hecho que empezara a faltar a clase le pareció de entrada “una mala idea”. Conforme el movimiento de Fridays for Future fue a más, el padre temió por el impacto físico y psicológico que podía tener en ella el hecho de estar “en primera línea de la acción ante el cambio climático”.

Aunque todos sus temores se fueron disipando a lo largo del 2019, hasta el punto de decidir acompañarla en su travesía del Atlántico y en sus tres largos meses de peregrinaje climático en Estados Unidos y Canadán, interrumpidos abruptamente tras la suspensión de la COP25 en Chile y su traslado precipitado a Madrid, lo que obligó a un inesperado golpe de timón con escala en Lisboa y una última parada en Turín, antes de atravesar en tren Alemania y llegar finalmente a Suecia el 16 de diciembre.

Desde su tierra, Greta ejerció de anfitriona del programa Today de la BBC 4 y recibió la felicitación expresa del naturalista David Attenborough: “Has conseguido en pocos meses más de lo que muchos de nosotros hemos logrado en 20 años”. La activista sueca admitió que aunque su campaña no ha servido de momento para reducir las emisiones, sí ha valido al menos para “crear conciencia y motivar a la gente”.

“¿Qué le habría dicho Donald Trump si hubiera tenido ocasión?”, le preguntaron. “Honestamente, no creo que le hubiera dicho nada. Si no escucha a los científicos y a los expertos, ¿por qué me iba a escuchar a mí?”. A eso se le llama mutismo selectivo.