¿Horario de verano o de invierno? A las neuronas que controlan el sueño les da igual

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Nuestro cuerpo no se deja influir por el cambio oficial de la hora.

«No tiene repercusiones en nuestros ritmos circadianos quedarse en un horario o en el otro», afirma el profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC Diego Redolar.

La próxima noche de sábado a domingo se atrasará una hora el reloj. Puede ser el último cambio de horario, después de los resultados de la consulta pública realizada por la Comisión Europea entre julio y agosto, en la que el 80% de los participantes se mostraron partidarios de eliminar este cambio.

El Consejo Asesor para la Reforma Horaria impulsado por la Generalitat emitió un informe la semana pasada en el que pedía que se optara por mantener durante todo el año el horario de invierno por motivos económicos y de salud.

 

Sin embargo, en el campo neuronal, sin embargo, ¿cuál de estas dos opciones es la mejor? «No tiene repercusiones en nuestros ritmos circadianos quedarse en un horario o en el otro», afirma el profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC Diego Redolar.

El neurocientífico explica que dos señales avisan al cerebro de que tiene que acostarse: la presión del sueño y los relojes biológicos. En la primera, el funcionamiento del cerebro durante horas hace que acumule sustancias —algunas, tóxicas— que hay que eliminar al final del día.

«Una de las más importantes es la adenosina; por la mañana hay muy poca y al final del día, mucha. Cuando uno de los núcleos del hipotálamo recibe la información de que hay mucha pone en marcha los procesos de iniciar el sueño», explica.

En cuanto a los relojes biológicos, vienen condicionados por las señales que se reciben del entorno para saber cuándo es de día y cuándo es de noche. «Hay varias, pero la más estudiada es la luz. Cuando falta, envía información a otro núcleo del hipotálamo para que también ponga en marcha el proceso de iniciar el sueño», dice Redolar. Las personas ciegas —matiza— también tienen ritmos circadianos; «por eso hay que insistir en que la luz es solo uno de los estímulos que los regula».

Según Redolar, la primera señal es muy difícil pararla, a no ser que tomes café o algun otro estimulante. En cuanto a la luz, sí se puede engañar al cerebro. Por ejemplo, si justo después de cenar se mira la televisión o se coge una tableta o un móvil, la luz que se recibe de los aparatos activa las neuronas y, por lo tanto, se dice al cerebro que es de día y que no tiene que acostarse.

El experto deja claro que el horario de invierno o de verano sí puede afectar en el «terreno emocional o motivacional».

Si se optara por el horario de verano, mucha gente empezaría la jornada laboral cuando todavía está oscuro, puesto que no amanecería hasta las ocho y media o incluso las nueve y media. «Cuando estás a oscuras tienes una tendencia a tener un estado de ánimo más bajo, a no estar tan alerta», apunta el profesor.

Ahora bien, insiste que no hay repercusiones en los mecanismos neuronales que controlan el sueño. Hay que tener en cuenta que entre 20 y 30 minutos antes de despertar —siempre que se haga a la misma hora— el cerebro libera una sustancia, denominada cortisol, que prepara a la persona para la actividad diaria. «Esto explica que, si tú siempre te levantas a las siete, el fin de semana te despiertes a una hora similar, a no ser que tengas una deuda de sueño», detalla Redolar.

En definitiva, a pesar de que los factores que controlan los ciclos de sueño y de que nuestros relojes biológicos son múltiples y complejos, algunas evidencias sugieren que para algunos aspectos de la salud, el horario de invierno puede tener más beneficios que el de verano.

Fuente: UOC

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