El despacho ecológico

14.3.2013
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Para que podamos rendir de una manera óptima, es importante que el despacho donde trabajamos esté libre de agentes tóxicos y que sus muebles se ajusten bien a nuestro cuerpo.

El lugar reservado al trabajo en casa ha de fomentar la actividad y la creatividad sin perjudicar la salud. 

La silla ergonómica

La silla es físicamente la pieza vital del despacho: ha de ser ergonómica, es decir, adaptada a las necesidades del cuerpo, de lo contrario resulta difícil concentrarse y pueden aparecer molestias cervicales, lumbagos y el llamado “síndrome del ratón”. Según los expertos en higiene postural, permanecemos demasiado tiempo en la misma postura y realizamos gestos repititivos, como teclear o clicar con el ratón, que sobrecargan los tendones y ligamentos. 

 

La silla debe proporcionar apoyo en las lumbares y una altura ajustable. Muchas personas optan por las que pueden balancearse ligeramente para permitirse cierta libertad de movimientos. Otras prefieren las de asiento inclinado con apoyo para las rodillas. Este tipo de sillas no se recomiendan a personas con problemas articulares y de circulación.

Es posible que algunos estudios sean un escaparate de productos naturales y artesanales, pero la mayoría están dominados por la presencia de una amplia variedad de aparatos electrónicos, con el ordenador y la pantalla como elementos básicos. Muchas de estas herramientas despiden emisiones contaminantes, tanto químicas como electromagnéticas.Estas últimas se reducen cuando nos alejamos de los aparatos. Las químicas se combaten con buena ventilación y colocando tres o cuatro plantas con poder para absorber sustancias contaminantes.

El ordenador

Los ordenadores pueden contener metales pesados y otros productos peligrosos para el entorno y la salud. Greeenpeace investigó la presencia de sustancias tóxicas en cinco ordenadores portátiles adquiridos en Europa. Las sustancias que se buscaban eran los metales plomo, mercurio, cromo hexavalente y cadmio, retardantes de llama (H10000BCD y TBBPA), compuestos bromados y cloruro de polivinilo (PVC). En un ordenador se encontró plomo y en todos ellos, bromo y cromo; en alguno en cantidades superiores a las que permite la ley. 

La presencia de bromo se debe al uso de retardantes de llama con los que se pretende evitar el incendio del aparato. Son sustancias problemáticas cuando llega el final del ciclo de vida del ordenador. Al incinerarlo, se puede liberar bromo en formas peligrosas, incluyendo bromuro de hidrógeno y dioxinas bromadas. 

La llamada “sociedad de la información” puede parecer limpia en comparación con la sociedad industrial basada en el carbón, pero lo cierto es que para fabricar un ordenador de sobremesa es necesario transformar nada menos que 1.800 kilos de materias primas (1.500 kilos de agua, 240 kilos de combustibles fósiles y 22 kilos de sustancias químicas).

El gasto es especialmente acusado en la fabricación de elementos que incluyen superconductores, como las memorias RAM, puesto que para obtener sólo dos gramos de memoria, es necesario consumir 32 litros de agua y casi dos kilos de combustibles. Por otra parte, el 46% de un ordenador está formado por plástico y silicio, materiales de reciclado complicado o imposible. Un 20% es hierro y aluminio, que sí se pueden aprovechar, pero la recuperación es muy costosa. 

El problema del coltán

También representa un grave problema el empleo de coltán, abreviatura de “columbita” y “tantalita”, dos minerales imprescindibles en la fabricación de teléfonos móviles, ordenadores, pantallas planas y cámaras digitales. Varios ejércitos, guerrillas y mafias se disputan el 80% de las reservas mundiales que se hallan en la República Democrática del Congo, un país desestructurado y en guerra permanente. En el conflicto participan de manera decisiva los países desarollados que compran el coltán y cuya rapiña ha costado ya más de cinco millones de muertes. Por otra parte, los minerales se extraen devastando ecosistemas valiosos, algunos habitados por grandes primates en peligro de extinción, tal como denuncia el Instituto Jane Goodall. 

Ofrecemos estos datos para que se valore la importancia de sacar el máximo partido de cada aparato y para no caer en la trampa de la renovación constante. Los problemas ambientales y sociales relacionados con los ordenadores van a más porque la producción mundial se multiplica al tiempo que se recambian cada vez más a menudo. 

La vida media de un sistema está actualmente entre tres y cinco años, así que ante este panorama, sólo cabe esperar que los fabricantes incorporen tecnologías de producción limpia y que los consumidores adquieran conciencia del problema y actúen en consecuencia. 

La elección de ordenador se puede complicar aún más si se añade al criterio verde el de responsabilidad social, ya que es muy difícil que las grandes compañías fabricantes de herramientas informáticas no desarrollen alguna actividad que no comprometa la ética del usuario. Si éste no sufre es porque normalmente no dispone de información. Por ejemplo, Fujitsu, Siemens y Hewlett-Packard han participado en desarrollos tecnológicos con aplicación militar. Por otro lado, basura electrónica de todas las marcas y nacionalidades se exporta al Sureste asiático, donde se vierte o se recicla sin controles. No obstante, algunas empresas han dado muestras de responsabilidad, tanto en el sentido ético como en el ambiental. Fujitsu y NEC ya fabrican modelos portátiles con plásticos biodegradables obtenidos del maíz o la patata y la mayoría de fabricantes se han comprometido a no usar más retardantes de llama bromados ni PVC a partir de 2009. Son primeros pasos hacia un futuro en el que los ya imprescindibles ordenadores deberían ser realmente ecológicos.  

Mejor que nuevo

• Es mejor alargar al máximo la vida del ordenador que entregarlo para el reciclaje y hacerse con uno nuevo. Reciclar todos los componentes es un trabajo complicadísimo que no se suele hacer correctamente.

• A veces basta un pequeño cambio –como aumentar la memoria RAM o sustituir o añadir un disco duro– para que pueda adaptarse a nuevas necesidades. No sólo nos lo agradecerá el entorno, sino también nuestro bolsillo. El cambio de equipos es uno de los gastos más frecuentes que afrontan los profesionales del trabajo en casa.

• Si se decide eliminar el aparato, conviene saber que los fabricantes, vendedores y distribuidores están obligados a hacerse cargo de los aparatos que les lleguen. Otra opción es dirigirse a un punto verde o punto limpio. 

• Los ordenadores obsoletos de los países ricos pueden ser aprovechados en los países pobres. La Fundación Bip Bip (www.fundacionbip-bip.org), por ejemplo, recoge y repara equipos para donarlos a proyectos de desarrollo. Hay otras ONG dedicadas a la recuperación de ordenadores como, Reciclanet (www.reciclanet.org), Presencia Activa (www.abierta.org/donar), Ingenieros Sin Fronteras (www.ingenieriassinfronteras.org) y Telecomunicaciones Solidarias (www.teso.org.es).  

• Es necesario ajustar la potencia del ordenador a las necesidades personales para reducir el consumo energético. Los aparatos más sofisticados consumen mucho más que los más simples, y los portátiles, menos que los modelos de sobremesa. 

• Comprar de segunda mano es una opción para aquéllos que tengan un presupuesto reducido o para los que no necesiten estar a la última tecnológicamente. 

• Los cartuchos de tinta nuevos son caros y representan un derroche de plástico. Por eso conviene adquirir productos reciclados en establecimientos que se comprometan a reutilizar el cartucho vacío. Por otra parte, hasta que no se popularicen las tintas basadas en ingredientes vegetales, conviene imprimir lo menos posible, porque las actuales están repletas de derivados del petróleo, metales pesados y otros componentes tóxicos. Si debemos pasar a papel una cantidad considerable de páginas o imprimir en color con calidad, seguramente será más limpio y rentable hacerlo en una imprenta o copistería. 

Material de oficina

Pese a la informática, en los estudios todavía hay papel, lápices, bolígrafos, carpetas y otros enseres de papelería. En prácticamente todos los casos existen opciones ecológicas. Actualmente resulta fácil encontrar papel y lápices de grafito —más limpio que el carbono— con aval FSC de la madera sostenible o reciclados. También hay bolígrafos, grapadoras, reglas, clips, chinchetas, ficheros y otros materiales en versiones conscientes y sostenibles. 

Feng shui del lugar de trabajo

Si tenemos la posibilidad de elegir la ubicación del estudio, el feng shui sugiere que decidamos en función del tipo de actividad que desarrollemos. En el caso de que se reciban visitas, conviene que esté situado cerca de la puerta de entrada a la casa. En cambio, si es introspectiva, íntima y solitaria, el lugar más adecuado es el más alejado de ésta. Es recomendable que desde la silla pueda verse toda la habitación y, en concreto, la puerta de entrada. Esto proporciona una cierta sensación de control espacial.

El orden es tanto o más importante en el estudio que en cualquier otra parte, pues hay que estar dispuestos a empezar cada momento de nuevo sin cargas del pasado. Pero eso no significa que un estudio sea un lugar aséptico. Al contrario, puede brillar con personalidad propia. Por ejemplo, se pueden colocar los recuerdos de viajes que nos han cambiado o enriquecido de alguna manera, objetos a los que por cualquier razón atribuimos un significado íntimo especial. Estos objetos inspiran para ser más creativo y es posible dejarlos a la vista o en un lugar más personal si no se desea compartirlos con los demás.

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