Vístete de moda eco

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Por la salud y por el planeta, debemos cuidar la calidad de nuestra segunda piel. Las consignas son adquirir sólo lo necesario y, si es posible, natural, de calidad ecológica y de comercio justo.

La moda y la industria textil en general viven en una profunda contradicción: los diseños son efímeros, mientras que los contaminantes que emiten las fábricas y las propias prendas cuando son abandonadas en los vertederos resultan increíblemente tóxicos y persistentes. Algunos se acumulan en el cuerpo humano y no lo abandonan hasta la muerte. En los entornos naturales, complican la vida de la flora y la fauna durante siglos. Por otra parte, esta industria es una de las principales empleadoras de trabajadores en condiciones indignas, incluyendo mano de obra infantil.   

En las últimas décadas los diseñadores se han dejado seducir por los tejidos artificiales, con toda su gama de acabados. Como consecuencia, encontramos en las tiendas estanterías repletas de prendas de poliéster y otros materiales similares que se obtienen del petróleo, por lo que no son biodegradables y generan gases con efecto invernadero. Además, se llevan mal con las necesidades fisiológicas de la piel: no la dejan respirar, causan reacciones alérgicas e irritaciones.

Stands EcoFashion en Biocultura Barcelona 2013

Antes de comprar, piensa…

Vestirse de manera ecológica significa reducir la cantidad de artículos que se adquieren, usarlos todo el tiempo que sea posible y eliminarlos de manera responsable. Pero también preocuparse por la responsabilidad ambiental y social de los fabricantes. Esto implica que antes de comprar una prenda debemos hacernos unas cuantas preguntas: ¿las materias primas se han obtenido recurriendo a los plaguicidas o mediante producción ecológica? ¿Qué fibras son sintéticas  y cuáles pueden considerarse naturales? ¿Qué industrias utilizan tintes que son un veneno para los humanos y para los animales? ¿Qué marcas esconden detrás de su publicidad glamurosa el sudor de los trabajadores explotados? 

Pero la primera cuestión cuando admiramos una bonita blusa o un jersey debe ser si realmente los necesitamos. No es una pregunta sin sentido, ya que el ciudadano medio tira cada año unos 20 kilos de ropa a la basura. Una vez hemos adquirido la prenda hay que cuidarla y arreglarla si es preciso antes de tirarla. En el barrio hay costureras y sastres que están deseando reparar los daños, adaptarla a las nuevas medidas corporales o reconvertirlas en otras prendas: un vestido en una minifalda; un jersey en un chaleco o un tejano en una bermuda.

El lavado es la principal amenaza para la integridad de cualquier prenda. Requiere mucha agua, energía y detergentes que no son inocuos para el entorno, teniendo en cuenta que si no se trabaja en el campo o en un taller, en muchos casos basta con airear la prenda. Cuando de verdad haga falta el paso por la lavadora, esperaremos a que la carga sea completa, programaremos la temperatura mínima y utilizaremos la mitad de detergente –ecológico a ser posible– que indique el fabricante. 

Por otra parte, antes de comprar ropa nueva, podemos considerar la posibilidad de adquirirla de segunda mano. La gente se deshace de su ropa por muchas razones, desde el aburrimiento hasta otras curiosas o inexplicables razones. Por eso, cuando nos acercamos a una tienda de segunda mano, muchas veces descubrimos prendas en perfecto estado que se adaptan como un guante a nuestros gustos personales. 

La cuestión de las fibras

Hoy en día se puede hacer ropa con prácticamente de todo. Aunque cualquier cosa parece mejor que las fibras derivadas del petróleo, conviene ser prudentes. Por ejemplo, se está poniendo de moda el tejido con fibra de bambú, una planta atractiva, muy productiva con la que prácticamente no se emplean pesticidas, pero los cultivos están arrebatando terreno a los bosques originarios. Con problemas similares puede estar relacionado el Tencel, una fibra obtenida de celulosa de árboles. No obstante, como norma general, las fibras naturales deben ser la primera opción: lana, lino, algodón, cáñamo o los diferentes tipos de pelo (alpaca, angora, cachemira…).

Sin embargo, aunque  la ropa de algodón parece natural y fresca, las prendas convencionales confeccionadas con esta fibra están lejos de serlo, pues contienen una carga enorme de agentes químicos. Siete de los 15 pesticidas más utilizados en los cultivos de algodón son posibles, probables o conocidos agentes ancerígenos. Además, la industria textil impregna este material de agentes que facilitan su planchado, como en el caso del polialgodón. Esto significa una exposición de los trabajadores, de los consumidores y de la fauna salvaje a una cantidad inaceptables de contaminantes. 

En cuanto a las artificiales, en principio no son convenientes, pero se puede justificar su uso para determinadas prendas y siempre que nos preocupemos de su reciclaje. El nailon, el Gore-tex y el Polartec son fibras sintéticas, pero tienen la peculiaridad de ser, a la vez, impermeables y transpirables, por lo que resultan convenientes en determinadas actividades deportivas y ante las inclemencias atmosféricas. 

Certificaciones GOTS 

Productos verdes, cada vez más accesibles

La mejor opción es elegir prendas confeccionadas con algodón u otra fibra natural que haya sido producida de manera ecológica. Existe un sello que ofrece la garantía de que se han respetado criterios ecológicos desde el cultivo a la confección y el etiquetado de las prendas. La certificación GOTS (Normas Textiles Orgánicas Globales) sólo puede ser obtenida por los productos textiles que contengan un mínimo de 70% de fibra ecológica (el sello informa claramente al consumidor del porcentaje).

Además deben cumplir una serie de requisitos en cuanto a la utilización de tintes y otros productos químicos. En este sentido, la norma GOTS es mucho más estrica que otras certificaciones más extendidas en la industria textil. Por ejemplo, la norma Oeko-Tex permite una parte por millón de arsénico o 4 ppm de níquel, mientras que GOTS los prohíbe totalmente. Asimismo garantiza que la prenda no está confeccionada con materias primas de origen transgénico, y que no contiene restos de formaldehído, disolventes aromáticos, compuestos halogenados, nanopartículas o disruptores endocrinos como el bisfenol A y los ftalatos. Finalmente el sello GOTS asegura que se han cumplido unas condiciones laborales y sociales mínimas.

Por fortuna, cada vez es más fácil encontrar ropa confeccionada con fibra natural y de producción ecológica. Se halla en tiendas ecológicas y especializadas, pero también en grandes cadenas, como Carrefour, Decathlon, H&M y C&A, y en pequeñas empresas comprometidas, como Nudie Jeans, Aiby Craft, Mandacarú, SenseNu, Pure Green Apparel, Thinking Mu o Ecoology.

Detrás de las pasarelas

LA APUESTA DEL DISEÑO. En sintonía con la creciente conciencia ambiental de la sociedad, algunos diseñadores e importantes marcas se muestran dispuestos a incorporar criterios de responsabilidad ambiental y social. Agatha Ruiz de la Prada, Anke Schlöder, Antonio Pernas, Carlos Díez, Carmen March, Davidelfín, Hannibal Laguna, Ion Fiz, Jocomomola, Josep Abril, Juana Martín, Juanjo Oliva, La Casita de Wendy, Locking Shocking, Luxoir y Txell han participado en la campaña de Greenpeace “Moda sin tóxicos” con una colección de prendas confeccionadas sin sustancias peligrosas. 

UN EJEMPLO DE RECICLAJE SOLIDARIO. La iniciativa de la cooperativa vasca Berohi es ejemplar porque une ecología y solidaridad. Con la colaboración de varias parroquias de Vizcaya, recogen ropa que luego revenden con la marca Ekorropa en tiendas de la cooperativa que, además, emplea a personas desfavorecidas. 

CUIDADO CON EL CUERO. El cuero no sólo está relacionado con prácticas crueles, sino que puede proceder de granjas creadas sobre terrenos robados a la selva amazónica. El informe de Greenpeace Sacrificando la Amazonia denuncia que el cuero brasileño es utilizado por Nike, Adidas, Prada, Reebok, Timberland, Geox, Carrefour, Gucci, Boss, Clarks y Louis Vuitton. 

Prendas de Pure Green / www.puregreenapparel.com