El cambio climático dispara las olas de calor

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Según el estudio difundido por el grupo del World Weather Attribution, las temperaturas son hasta cuatro grados superiores a las registradas el siglo pasado.

También se incrementarían en un 65% las sequías y en un 57% las inundaciones.

El cambio climático ha multiplicado al menos por cinco el riesgo de olas de calor en Europa como la registrada a finales de junio en siete países, entre ellos España y Francia, donde se alcanzó una temperatura récord de 45,9 grados en las cercanías de Nimes. El estudio difundido por el grupo del World Weather Attribution advierte que el calentamiento del planeta en las últimas décadas hacen que las olas de calor sean más frecuentes y más intensas, hasta cuatro grados por encima de las registradas el siglo pasado.

“Estamos ante un fuerte recordatorio de que el cambio climático está ocurriendo aquí y ahora, que no es solo un problema para nuestros hijos”, declaró Friederike Otto, investigadora del Instituto de Cambio Ambiental de Oxford y coautora del estudio. Otto destacó la importancia de la evidencia y de las soluciones “a escala local”, aunque recalcó que las proyecciones a gran escala son “indicativas” de lo que le espera al viejo continente en el siglo XXI.

 

El informe del grupo de Atribución Mundial del Clima, pendiente aún de revisión científica, aventura incluso que la posibilidad de olas de calor es hasta diez veces superior a la del siglo pasado y “potencialente hasta cien veces”. El estudio centrado en las temperaturas históticas registradas en Francia llega a conclusiones similares a más de 250 informes de “atribución” en todo el mundo, que concluyen que el 95% de las olas de calor han sido intensificadas por el cambio climático, que incrementar también en un 65% las posibilidades de sequías y en un 57% las de inundaciones.

El estudio advierte que la probabilidad de sufrir olas de calor aumentará hasta cien veces en comparación con el siglo pasado

“Hemos experimentado una ola de calor cuya intensidad podría convertirse en norma en la norma a mediados de siglo”, previene Robert Vautard, coautor del informe en representación del Consejo Nacional para la Investigación Científica (CNRS). “El nuevo récord de 45,9 grados registrado en Francia es un paso más para confirmar que, sin medidas urgentes para mitigación del cambio climático, las temperaturas pueden alcanzar los 50 grados en el país de aquí a finales de siglo”.

Curiosamente, los científicos del grupo de Atribución se encontraban entre el 26 y el 28 de junio en un congreso sobre episodios de clima extremo en Toulouse cuando golpeó la ola de calor y pudieron comprobar “in situ” el impacto en el sur de Francia, convertido en un “infierno” frente a la temperatura media de 27,5 grados en el resto del país.

Las escuelas cerraron en gran parte del país y los exámenes nacionales quedaron en suspenso. Se puso en marcha un plan de “refugios frescos” en los núcleos urbanos y cientos de fuentes adicionales para evitar episodios como la ola de calor del 2003 que causó 15.000 muertes en el país (y unas 70.000 en toda Europa). La ola prematura de junio del 2019, propiciada por una intrusión excepcional de aire cálido del Sahara, causó también temperaturas récords e incendios en España, Alemania, Suiza, Austria y la República Checa.

“El cambio climático no es ya un aumento abstracto de la temperatura global, sino algo que puedes sentir en cuanto sales a la calle”, aseguró el profesor Jan Van Oldenborgh, del Instituto Metereológico Global de los Países Bajos. “Tanto las observaciones como los modelos muestran una tendencia a olas de calor más fuertes. La tendencia es más fuerte que los modelos climáticos, y aún no sabemo por qué. Si  la progresión continúa, en la línea de un aumento medio de las temperaturas de dos grados del Acuerdo de París, las olas como esta serán la norma en junio”.


En España, entre tanto, la ola de calor en el arranque del verano pulverizó las máximas mensuales en 33 observatorios de la de Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). En Lleida se alcanzó una temperatura récord de 43,4 grados en el 29 de junio (casi tres grados más de la máxima jamás registrada a inicios del verano). Un día antes, el 28 e junio, la estación de Retiro de Madrid llegó a los 40,7 grados, la máxima temperatura desde que arrancaron los registros en 1920 (una décima más que el anterior récord de agosto del 2012).

En Torrejón y el puerto de Navacerrada se superaron también las máximas del mes de junio, al igual que en Barcelona, Bilbao, Burgos, Girona, Teruel, Castellón, Cuenca, Ávila, Valladolid,  Salamanca, Ciudad Real, Granada, Zaragoza, Pamplona, Logroño, Toledo, Jaén y Huesca. Los vientos de Atlántico acudieron esta vez al rescate de Sevilla y Córdoba, que sigue ostentando la mayor temperatura jamás registrada en la penísula: 46,9 grados, el 13 de juio del 2017.

Según el último informe del Consejo Nacional del Clima, Madrid podría alcanzar temperaturas de 50 grados en un escenario de cambio climático “incontrolado” de aquí a finales de siglo. Las olas de calor golpearían con mucho más frencuencia y las precipitaciones en el sur de España podrían caer un 40% y elevar el riesgo de desertificación.

Cómo protegerse del calor extremo

Las olas de calor afectan especialmente a la salud de las personas mayores, a los niños menores de cinco años y personas con enfermedades crónicas o “precondiciones” (como la obdesidad, la hierptensión, la diabetes o las cardiopatías).

La deshidratación, el agotamiento, las náuseas, la piel enrojecida o los calambres (por la falta de sales) son algunos de los primeros síntomas que conviene prevenir con una seria de medidas elementales:

• Evitar salir a pleno sol entre el mediodía y las seis de la tarde.

• Beber líquidos sin esperar a tener sed, principalmente agua y zumos fríos.

• Evitar el consumo de alcohol y de azúcares.

• Reducir la actividad física.

• Reducir la movilidad, evitar el coche y nunca dejar a nadie dentro con las ventanas cerradas.

• Evitar comidas copiosas y calientes, incliarse por alimentos ligeros y crudos.

• Descansar a la sombra.

• Usar tejidos ligeros y naturales.

• Mantenerse en lugares ventilados o refrigerados.

• Ventilar la casa y echar las persianas.