Usar el horno como deshidratador

0 comentarios

Con la ayuda del horno a baja temperatura, podemos obtener nuestros propios alimentos deshidratados.

Para todos los que les interese hacer alguna receta de cocina crudivegana, quieran probar nuevas texturas en sus postres o les interese preservar su fruta y verdura ecológica de estación para utilizar en otras que no se encuentran, una deshidratadora es sin duda un aparato muy útil. Pero también es caro, ocupa mucho espacio en la cocina y solo compensa tenerlo si deshidratamos muy a menudo. Aunque  en el horno el deshidratado es más lento y menos uniforme, lograremos con bastante éxito un buen deshidratado si seguimos estas reglas:

En verano no hace falta utilizar el horno en verano ya que el sol es la mejor forma de deshidratar (y lo más ecológico y económico).

La temperatura del horno no debe nunca superar los 90 grados. Si nuestro horno lo permite y tenemos un regulador digital de temperatura, lo ideal para preservar todas las propiedades de los alimentos a deshidratar es que se no supere los 60 grados. Una buena idea es conseguir un termómetro de cocina y dejarlo dentro del horno durante el proceso para ir regulando la temperatura abriendo y cerrando la puerta.

Nunca debemos cerrar del todo la puerta del horno, para que circule el aire y, de paso, ayudemos a que nuestro horno no alcance más temperatura de la deseada. Bastará con que pongamos un cucharón metálico en la puerta que deje una rendija por donde salga y entre el aire.

El grosor y tamaño de cada pieza que pongamos a deshidratar determinará el tiempo que durará el proceso. Hay que tener en cuenta que, por ejemplo, una rodaja normal de tomate puede tardar entre 6 y 8 horas en ser un tomate seco. Para ahorrar electricidad y tiempo es mejor que todo lo que metamos a deshidratar esté cortado en rodajitas muy finas o en cuadraditos pequeños. Esto acortará bastante los tiempos totales de deshidratación.

Si hacemos rodajas, es fundamental que todas tengan el mismo tamaño para que se deshidraten en el mismo tiempo. Para lograrlo, lo mejor sería usar una mandolina para hacer las rodajas.

Cuando deshidratemos trozos pequeños y no queramos que se nos pequen, debemos poner en la fuente de horno una lámina de silicona o de papel de horno. En el caso de deshidratar frutas o verduras a rodajas, lo ideal es hacerlo sobre una rejilla de horno previamente untada con aceite para que el aire circule mejor y se deshidraten antes. Si utilizamos una rejilla, no debemos olvidar de poner en el fondo del horno una bandeja que recoja el líquido.

Antes de deshidratarlas, hay que preparar ciertas frutas y verduras:

Las frutas que se oxidan, como manzanas o peras, debemos sumergirlas durante un minuto en una solución de agua con mucho zumo de limón.
Gran parte de las verduras, especialmente las de fécula o las crucíferas, es conveniente escaldarlas, ya cortadas, en agua caliente durante un minuto antes de deshidratarlas para romperles las fibras y que se hagan después mejor (y evitar que ennegrezcan).

• Si hacemos verduras en cubitos, a mitad del proceso de deshidratación es necesario sacar la fuente y removerlas bien para que se hagan uniformemente. 

 

Sobre la autora
Laura Kohan (@thefoodtherapy) es coaching nutricional, cocinera bío y escritora. Su espíritu emprendedor le ha llevado a viajar por el mundo y a trabajar como cocinera en diferentes situaciones. Es autora de varios libros, como Alimentos saludables para el siglo XXI, Cocina bio de temporada invierno y Cocina bio de temporada verano (N.E.Ed Ediciones). En su blog The Food Therapy, ofrece recetas, consejos y planes semanales, con planes completos y equilibrados, para comer mejor y ser más feliz. Dispone también de una página en Facebook: The Food Therapy.