Haz tus propias tintas florales

0 comentarios

Las tintas elaboradas a partir de flores son una manera poco convencional de experimentar con pinturas y dibujos.

Los resultados no son idénticos a los obtenidos con tintas convencionales, pero la obra de arte adquiere un carácter más natural, creativo y efímero.

Las flores multicolores se mecen suavemente en los campos, en los bordes de los caminos y los prados y lo cubren todo con sus intensos colores y matices. Además pueden convertirse en una base ideal para hermosos dibujos y caligrafías. Para ello sólo hay que convertir las flores en tinta, con la ayuda de la cocción, el prensado o el encurtido en vinagre.

Las tintas de flores caseras están libres de sustancias químicas, no son contaminantes y son muy bonitas, pero el resultado es efímero. Son perfectas, por ejemplo, para crear obras para hacer un regalo muy especial.

La alegría de la experimentación

A pesar de que en la actualidad ya no está de moda escribir con tinta y pluma son actividades inspiradoras que pueden convertirse en formas de meditación. Hacerlo con tintas florales le añade belleza, inspiración y fantasía. A los niños les ayuda a hacer volar su inacabable creatividad. Y si antes de ponerse a puntar van al campo a reconocer y recolesctar flores se transforma en una actividad educativa completa.

¿Qué flores dan los distintos colores?

En la elaboración de tintas florales el resultado nunca es 100% previsible. Por ejemplo, las rosas rojas pueden dar tintas rojas, violetas, violetas grisáceas o marrones. Todo depende del tipo de papel utilizado y del aditivo empleado. Pero en general podemos seleccionar determinadas plantas para obtener el color deseado:

• Color AMARILLO: Dalias amarillas, gerberas, rosas, begonias tuberosas, girasol, camomila amarilla, tulipán, vara de oro de Canadá, gordolobo y equinácea amarilla.

 


 

• Color VERDE: Consuelda menor (verde pálido, a veces también marrón oscuro), hibisco (verde azulado, también violeta y rosa), pelargonium, y peonía si se les añade bicarbonato, equinácea (al usarse tierra marrón de la planta), Impatiens glandulifera (también marronácea), violeta africana (verde azulado).

 


 

• Color AZUL: Aquilegia (también violenta o verde), hibisco (azul verdoso, también violeta/rosa), anciano, iris, jacinto de uva, violeta africana (azulverdoso, también violeta/rosa), nomeolvides.

 

 

• Color ROJO: Begonia, fucsia roja, tulipán rojo, guerrera roja, pelargonium/prímula (rojo-marronáceo), amapola, alegría del hogar (con ácido cítrico).

 

 

• Color VIOLETA: Aquilegia (también azul o gris), lila (con ácido cítrico), fucsias violetas, alegría del hogar (violeta grisáceo, verdoso), hibisco y violeta africana (también azul-verdoso o gris), amapola, malva (también mazrronáceo), peonía violeta y tulipán violeta (también grisáceo), ortiga muerta (también marrón, verde o lila grisáceo).

 

 


Tres recetas básicas para hacer tinta de flores

Para obtener buenas tintas sin correr riesgos lo mejor es ir al campo y recoger solo las flores que se reconocen (algunas flores pueden ser naturalmente tóxicas). Conviene evitar las flores al corte comerciales que han sido tratadas con pesticidas.

Tinta obtenida de zumo prensado de flores frescas

  • Para hacerla, se toman de dos a tres manos de flores frescas de la misma especie y se muelen en un mortero.
  • Las flores que son muy secas, como los pétalos de rosa, se pueden hacer algo más líquidas añadiendo un poco de agua (máximo de 1-2 cucharaditas).
  • Cuando se tengan las flores convertidas en una papilla, se meten cuidadosamente en un filtro de té o de café que se coloca encima de un tarro limpio.
  • Luego, con la ayuda de una cucharadita, se aprieta la pasta contra el filtro.
  • Una vez que se ha obtenido todo el zumo se trasvasa a una botella con buen cierre.
  • Para acabar, se le añade una punta de cuchillo de goma arábiga (como aglutinante).
  • Si se quiere alargar la vida media de la tinta se puede añadir 1-2 gotas de aceite esencial de clavo de olor.

Tinta calentada o cocinada con flores secas

Se coge una olla con una capacidad de medio litro y se llena casi hasta la mitad con flores secas y con 60 ml de agua.

En caso de hacerlo con flores frescas se añaden entre 10 y 40ml de agua en vez de 60 ml.

Se le añade una cucharadita de alumbre y se calienta con cuidado.

Se deja cocinar sin que llegue a hervir por completo.

Cuando se hayan hidratado y ablandado las flores todo el color (de 5 a 25 minutos, dependiendo de cada flor) se colocan en un filtro sobre un recipiente y se prensan.

Luego se trasvasa a una botella y se añade la punta de cuchillo de goma arábiga.

Tinta obtenida de flores macerada en vinagre

Se llena un pequeño tarro con flores (si están secas, los colores serán mas intensos).

A continuación se llena el tarro con vinagre diluido (una parte de vinagre y tres de agua) hasta que todas las flores queden cubiertas.

Se cierra bien, se agita y se deja en la repisa de una ventana. Se agita de vez en cuando.

Tras diez días, se cuela la mezcla y la tinta resultante se vierte en botellas con cierre.

Los frascos con las tintas se almacenan en lugares frescos y oscuros. Es recomendable enganchar una etiqueta con el nombre de la flor y la fecha de producción. La mayoría de ellas se vuelven marrones tras unos poco días, aunque el proceso es variable y depende de cada flor. La tinta azul es muy efímera, puede durar solo un día. Ahí radica parte de su encanto, en lo etéreo.