Masaje sensual

13.2.2013
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Elimina el estrés, es saludable y favorece la compenetración.

El masaje en pareja es una buena manera de utilizar el contacto físico para enriquecer la relación y mejorar la salud y el ánimo. La diferencia entre caricia y masaje es que la primera es espontánea y transmite una emoción, mientras que el segundo obedece un patrón establecido y busca el efecto del contacto por sí mismo.

De todos modos, un masaje entre personas que comparten intimidad siempre puede dar lugar a efectos secundarios imprevistos, pues se produce un intercambio especial de energía: tal vez uno o los dos miembros de la pareja se eroticen, a lo mejor se relajan profundamente hasta dormirse o quizá estallen en risas o en lágrimas.

 

Tocar se puede convertir en un arte cuando se hace con sensibilidad. Al principio hay que aprender las técnicas y hay que centrar en ellas la atención, luego se utilizan sin pensar: es como aprender a ir en bicicleta. 

Antes de empezar es preciso relajarse. La temperatura de la habitación ha de ser cálida y conviene asegurarse de que nadie va a interrumpir la sesión. Es importante controlar la respiración: debe ser lenta, regular y por la nariz. La respiración ayuda a concentrarse en lo que se está haciendo y multiplica el bienestar y los efectos positivos en general.

El masaje es correcto cuando el que lo recibe se siente bien, sin que importen las instrucciones escritas o las teorías. Sin embargo, es recomendable disminuir la intensidad al principio y al final para que el masaje resulte más suave. En cualquier caso, una presión ligera es la mejor opción cuando no se está seguro de la fuerza que se debe imprimir.

Siempre que el ejercicio no indique lo contrario, conviene mantener el contacto con toda la mano durante la mayor parte del tiempo, completando y repitiendo los movimientos sin levantar las manos.

Hay que ser comprensivo en todo momento con la sensibilidad de la pareja: a veces el contacto en determinadas zonas molesta y no se debe insistir por cabezonería: por ejemplo, a algunas personas les molesta que se acerquen a su ombligo. 

Para realizar un masaje es necesario un aceite que facilite el deslizamiento de las manos. Además, los aceites aportan sustancias aromáticas que a través de la piel y el olfato producen efectos tranquilizantes o estimulantes. La música, el incienso y las velas ayudarán a crear un ambiente agradable.

Son buenos aceites los de pepita de uva, sésamo y almendras dulces, a los que se pueden añadir unas gotas (diez por cada 50 ml de aceite básico) de algún aceite esencial (el árbol de té es sedante, el romero vigoriza, el de azahar es relajante, el limón estimula, la albahaca tranquiliza, la melisa reanima, la lavanda calma la ansiedad, el jazmín es sensual...).

Antes de empezar, se inicia el contacto físico poniéndose espalda contra espalda, sentados o de pie. En esta posición se centra la atención, durante un minuto por lo menos, en las zonas que están en contacto para aumentar la receptividad a las sensaciones. Luego se puede continuar con los siguientes ejercicios. Primero uno puede hacer el masaje completo al otro para recibirlo después o se pueden cambiar los papeles después de masajear cada zona (espalda, piernas, brazos, cabeza y abdomen).

1. Boca abajo

El masaje comienza por las áreas alejadas de los genitales, pues el primer objetivo es relajarse y propiciar la sintonía entre la pareja. La parte posterior es la más olvidada del cuerpo, apenas se la toca y sin embargo es extraordinariamente sensible. La parte posterior de las rodillas, los costados y los pies son zonas especialmente erógenas. Para mayor comodidad se puede colocar un cojín o una toalla doblada bajo la barriga y otra bajo los tobillos. La persona que recibe debe mantener los ojos cerrados.

Pases sobre la espalda. Se extiende el aceite desde la cintura hasta los hombros, sin olvidar los costados. La espalda es la zona que permite una presión más fuerte, excepto a la altura de los riñones. Para empezar se pueden recorrer con los pulgares los lados de la espina dorsal (nunca debe presionarse sobre ella). A continuación se realizan pases largos: se parte de la cintura, se sube hasta los hombros y se desciende por los costados, en un movimiento lento y continuo sin despegar las manos. En la zona de los hombros, donde se acumula la tensión, se puede hacer un amasamiento relajante.  

Estimular las piernas. Se extiende el aceite y con cada mano en una pierna se presiona desde los tobillos hasta las nalgas. También se puede hacer con las dos manos sobre una pierna primero y luego sobre la otra. Al pasar sobre la zona posterior de las rodillas la presión debe convertirse en suave caricia.

Círculos sobre las nalgas. Las nalgas son muy sensibles y sin embargo no se corre el riesgo de hacer daño en las manipulaciones. Se colocan las manos bien extendidas sobre el centro de las nalgas y con cada una se realizan círculos. Al principio se pueden hacer fricciones, luego amasamientos para terminar con roces de las yemas de los dedos. 

Amasamiento de pies. En los pies se acumulan una gran cantidad de terminaciones nerviosas. Por eso su masaje es muy relajante y agradable. Se flexiona la pierna, se coge el pie entre las manos y se amasa la planta con los pulgares. Luego se pueden realizar fricciones por la planta y el empeine, teniendo cuidado de que no sean tan ligeras que provoquen cosquillas (hay que evitarlas durante todo el masaje). [pagebreak]

2. Boca arriba

En esta fase aumenta el estímulo sexual. Las zonas más erógenas quedan expuestas pero debe evitarse la tentación de centrarse en ellas. Hay que descubrir otras zonas sensibles (como la parte interna de los muslos, el vientre o las caderas) y esforzarse en mantenerse relajado a la vez que receptivo. En esta fase la persona que recibe puede tener los ojos abiertos.  

Piernas enteras. La persona que recibe debe sentir que el contacto sigue un movimiento continuo. Por tanto se empieza a friccionar desde los pies —donde se había terminado la fase boca abajo—y se sube hasta las ingles. El movimiento descendente se realiza una vez por el lado interno de las piernas y otra por el lado externo.

Relajando la cadera. En este punto se trata de liberar la tensión de la cadera. Para ello se flexiona ligeramente la pierna y se fricciona con una presión moderada-fuerte sobre los músculos planos del costado, subiendo lentamente hasta sentir la protuberancia del fémur. Insistir en esa zona, alternado presiones fuertes con caricias que suban hasta la cintura.

Arqueo de espalda. La elevación por la cintura es uno de los momentos más hermosos y agradables del masaje. Enseña al cuerpo a arquearse y entregarse a la relajación. Se rodea con las manos el hueco lumbar y se entrelazan los dedos bajo la columna para a continuación elevar la cintura hasta que se encuentra resistencia. Se mantiene la elevación unos instantes y se desciende lentamente. Para hacerlo con más seguridad el masajista puede apoyarse en una rodilla. Repetir el movimiento tres veces, muy lentamente.

Pecho y costados. Quien da el masaje se coloca tras la cabeza del compañero, pone las manos sobre los hombros apuntando con los dedos hacia la cintura y las baja lentamente hasta la cintura deslizándose entre los pechos. Sin parar sube por los costados hasta la posición de partida. La presión debe ser ligera al pasar sobre el pecho y moderada en los costados. 

3. Brazos, manos y cabeza

Al acariciar las zonas del cuerpo más acostumbradas al contacto y que normalmente están a la vista la situación recupera un aire cotidiano. Por eso es necesario esforzarse en mantener la intensidad perceptiva y contener las ganas de hablar. Es recomendable que la persona que recibe permanezca con los ojos cerrados.

Toques sobre los brazos. Se levanta el brazo sosteniéndolo por debajo del codo y de la axila. Se deslizan las manos alternativamente hacia la muñeca de manera que el brazo no caiga. Estos movimientos deben ser algo más rápidos de lo habitual. Una alternativa es apoyar la mano de la persona que recibe sobre el hombro del masajista para realizar las caricias con más libertad. 

Amasamiento de hombro. Con las yemas de los dedos se amasa el hombro, utilizando toda la mano si el hombro es grande y musculoso. Si se detectan partes tensas se puede presionar con las yemas de los dedos, teniendo cuidado de no provocar ningún dolor. Puede extenderse el movimiento por la parte superior del brazo.

Caricias sobre la mano. Efectuar ligeras caricias partiendo del antebrazo y llegando hasta la palma. Primero se aplica toda la mano y luego se va disminuyendo el contacto hasta rozar apenas con las yemas. Unos movimientos pueden ser más largos y otros más cortos, pero siempre lentos. Si aparecen cosquillas aumentar la presión o pasar a otro punto.

Relajando la cabeza. Después de deslizarse de las manos hasta los hombros, se cambia de posición para masajear la cabeza. Introducir los dedos entre los cabellos y apoyar firmemente las yemas en el cuero cabelludo. No se debe frotar, sino presionar y mover los dedos para relajar estos músculos normalmente tensos. Cambiar los puntos de presión cada 30 segundos. En cuestión de minutos se comprueba que la movilidad ha aumentado mucho.

Al finalizar el masaje se cubre el cuerpo del compañero con una sábana o una toalla para mantener el calor y se permanece unos instantes en silencio.

El poder curativo del contacto

Cada vez hay más científicos que investigan el poder del tacto corporal. En el Instituto de Investigación del Tacto de Miami (Estados Unidos) han medido los efectos del masaje sobre las ondas eléctricas cerebrales, el flujo de hormonas y otras variables fisiológicas. Han confirmado con los métodos más modernos lo que las medicinas tradicionales china o india ya saben desde hace miles de años: que el masaje actúa como una medicina para el cuerpo y para el alma.

Un masaje bien hecho estimula la circulación sanguínea, afloja la tensión muscular, incrementa la velocidad del metabolismo... Según un estudio estadounidense, amasar zonas específicas incluso puede tener efectos curativos porque favorece el desarrollo de las células killer del sistema inmunitario, que luchan contra bacterias, virus y células alteradas que podrían desencadenar una enfermedad. Las investigaciones del centro norteamericano también han demostrado que casi es tan eficaz recibir como dar un masaje. 

También se sabe por qué cuando se reciben caricias uno se relaja tan maravillosamente y se reponen energías. La razón es que alrededor de cinco millones de células sensoriales, la mayoría de ellas en la espalda, en los pies y en las puntas de los dedos, informan al cerebro a través del sistema nervioso y el resultado es un aumento en el flujo de oxitocina, una hormona que interviene en el placer sexual, y de endorfinas -también llamadas hormonas de la felicidad-. Al mismo tiempo disminuyen el ritmo cardiaco, la presión arterial y el estrés.

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