Elige la mejor manera de meditar para ti

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¿Te interesa la meditación pero no sabes cómo empezar? Te ofrecemos pistas para que elijas el tipo de meditación que más se adapta a tu personalidad.

Pilar se siente anonadada cuando comprueba la cantidad de meditaciones guiadas que tiene en la aplicación de su móvil. No sabe cual seguir. Multitud de ellas se  aglomeran en su pantalla: Relajación profunda, Mindfulness en 10 minutos, Sueño pacífico, Ritual matutino, Meditación para la ansiedad, Atención a la respiración, Meditación Vipassana, Aceptar y dejarse llevar, Atención plena, Bondad, Escáner corporal, Viaje a la Clara Luz, Meditación Zen contando las respiraciones, Sentir el amor en todas las cosas…

Y me pide consejo. Vamos a buscar cual puede ser la mejor meditación para cada uno. Tarea que nos proponemos sabiendo que Buda anunciaba 80.000 maneras de meditar. Para encontrar la más adecuada a nuestras características deberíamos comenzar definiendo qué es meditar

 

¿Qué es meditación?

Es estar allá donde estamos, haciendo aquello que hacemos justo en el instante en que lo hacemos. Siguiendo esta premisa podemos meditar sentados sin hacer nada, pero también andando por una calle o cocinando un plato de espagueti. Las meditaciones son de dos clases, las que solo precisan sentarse en silencio y las que precisan de aparatos o acciones sean externas, como la música, o internas, como cantar.

Si nos centramos en la primera forma de  meditación podremos observar qué es lo que sucede cuando estamos sentados en una silla o con las piernas cruzadas en el suelo y el tronco y la columna vertebral dirigidos hacia el cielo en ambos casos.

¿Qué sucede al meditar?

En cualquier momento hay cinco elementos que están pasando en el presente en nuestro interior: los sentidos (el sabor, el olor, el tacto, el gusto y la vista), los pensamientos, la respiración, la atracción en forma de peso de la gravedad de la tierra y nuestra atención.

Cada uno de ellos posee un elemento consciente que nos permite percibirlo, y otro inconsciente. A los cinco podemos llegar con la atención y cada uno de ellos modifica a todos los demás. En nuestra sociedad estamos entrenados para poner la atención en el pensamiento, en los ojos y en los oídos.

Esta relación continuada facilita la comunicación de las neuronas correspondientes. Enseguida tenemos un pensamiento para una acción o un sobresalto que nos ocurrió en el exterior. O los ojos quedan prendados de un espacio bellísimo que llega de una pantalla y modifica nuestro espacio interior. O el oído queda atraído hacia una música que engendra una emoción o un pensamiento.

La atención está entrenada pra pensar, mirar o a escuchar en detrimento de los otros elementos que suceden en nuestro interior. Las neuronas encuentran en los pensamientos y en las sensaciones un camino abierto que facilita el recorrido. Tenemos verdaderas autopistas de comunicación hacia esos elementos. En cambio, los elementos internos son sendas poco transitadas llenas de matojos.

¿Qué meditación debo escoger?

Para elegir una meditación o una app para meditar deberemos, primero, potenciar la respiración, el peso, el gusto, el olfato y el tacto prestándoles pacientemente atención.

Con la información que esta primera etapa nos da, escogeremos la meditación.

Si precisamos relajación, que es una de las condiciones previas de la meditación, podemos escuchar cualquiera de las meditaciones guiadas sobre la respiración o las que utilizan sonidos relajantes.

Si precisamos volver al aquí y ahora porque nuestros pensamientos son tumultuosos, podemos hacerlo con una voz que nos hable de las virtudes del relajarse y nos colme de bienestar.

Si nos encontramos perdidos, podemos escuchar palabras bellas que ahuyenten los fantasmas. Pero para un momento, no para siempre.

Una vez pasada la primera desazón deberemos volver a meditar sin ayuda. Si no fuera el caso estaríamos ampliando la comunicación con el oído, que es el órgano que potencian las meditaciones guiadas. Y en el extremo le estaríamos entregando nuestro bienestar. Seriamos esclavos de esa meditación.

Es como quien corre para relajarse. Cuando no puede porque se ha lesionado o no tiene espacio o tiempo, se encuentra con toda la tensión multiplicada y sin poder hacer nada. Ha entregado su poder al correr, su bienestar depende de una actividad externa a sí mismo.

¿Qué meditación es más recomendable?

La que se realiza sin aparatos, sin sonidos y que precisa una explicación básica al principio, pero no durante el proceso meditativo. Son las meditaciones Taoísta, Zen o Vipassana. Se pueden realizar en cualquier lugar y momento: en casa, en la consulta, en el trabajo, en el tren o en la montaña.

Precisan entreno, pero nos permiten meditar allí donde estamos. Escuchar la respiración, cómo damos el peso, experimentar los cinco sentidos, ver los pensamientos como nubes en el cielo que van y vienen. Iniciar cualquiera de estos procesos nos acerca a la verdadera esencia y al camino de luz que precisamos.

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