Del neolítico a las turbinas submarinas

25.10.2013
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Viajamos hasta el rompeolas de Europa, las islas Orcadas, donde un monumental complejo neolítico convive con punteros proyectos energéticos basados en el aprovechamiento de la fuerza del mar.

Las Orcadas, o la cuna del neolítico. Las Orcadas, o el rompeolas de Europa… Pasado y futuro se dan prodigiosamente la mano en este entramado de 70 islas desprendidas de la punta de Escocia, donde se asentaron también en su día los vikingos, atraídos por su valor estratégico en la confluencia del Mar del Norte y el Atlántico. Mucho antes, hace 5.000 años, los pobladores de la edad de piedra llegaron hasta aquí atraídos por una clima más benigno y crearon una tradición agrícola que perdura hasta hora. En pleno siglo XXI, las Orcadas reivindican sin embargo ahora su condición de proa mundial en la energía de las mareas y de las olas.

Sorprende nada más llegar el verde intenso y ondulado, sin apenas árboles, en un paisaje moldeado por los vientos y las corrientes. La fuerza de la naturaleza es tal que uno se siente casi impulsado con la mochila al hombro, dejándose llevar por el instinto. Empecemos pues volviendo la vista al pasado, antes de saltar con pértiga hacia el futuro, aunque cons tiempo siempre para destilar el presente entre el relativo ajetreo de Kirkwall (la capital de las islas) y la quietud incomparable de Stromness, a la que volveremos al final de este viaje…

 

Stromness, en las islas Orcadas (Escocia). "Más allá de lo que uno puede creer" reza
como bienvenida.

Los apacibles habitantes de las Orcadas (20.000, según el último recuento) se refieren a ellas como “las piedras”, con toda la naturalidad del mundo. Al fin y al cabo, llevan ahí más de 50 siglos, clavadas entre el lago Stenness y el lago Harray, soportando estoicamente el azote incesante del viento..

Nadie ponía en duda que las Orcadas, con más de 3.000 vestigios identificados hasta la fecha, fueron el epicentro norte del Neolítico británico. Lo que parece cada vez más claro es que ésta fue precisamente la “cuna” de las ideas y las innovaciones que luego se propagaron hacia el sur: desde los famosos círculos megalíticos hasta la cerámica acanalada (por no hablar del “novedoso” hábito de pintar con pigmentos rojos y amarillos las paredes).

Hasta ahora, las Orcadas rivalizaban en la distancia con Stonehenge con sus cuatro monumentos considerados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco: las “Piedras” de Stenness, el Anillo de Brodgar, la sepultura de Maeshowe y el pueblo neolítico de Skara Brae. En los últimos años ha emergido sin embargo por derecho propio este otro “descubrimiento” que amenaza con ensombrecer  a sus parientes cercanos y lejanos: los templos del Ness of Brodgar.

“Lo que estamos viendo no es más que el 10% de un inmenso complejo que ocupa lo que cinco campos de fútbol”, advierte Nick Card, el director de la excavación, mientras muestra a los visitantes (aprovechando la pausa del "lunch") los restos de 14 edificaciones, protegidas por dos paredes gigantescas de 100 metros de largo y cuatro de alto.

 
 
 


Nick Card, director de la excavación del complejo neolítico que incluye el Anillo de Brodgar.

“Los arqueólogos no podemos reservar nuestros hallazgos como si fueran tesoros”, advierte esta especie de Indiana Jones local, junto al descubrimiento que ha reabierto la historia del neolítico y que ha convocado la atención del medio mundo ante lo que ya se conoce como el "Stonehenge" escocés. A menos de un kilómetro del Anillo de Brodgar, las excavaciones están abiertas al público, que puede asomarse desde una plataforma al deslumbrante pasado que desentierran pacientemente decenas de voluntarios durante seis semanas todos los veranos (las inclemencias del tiempo lo impiden durante el resto del año).

Con la ayuda de magnetómetros y radares, Nick Card y su equipo han llegado a la conclusión de que hay enterradas hasta un centenar de estructuras cuyo propósito último se desconoce, aunque todo parece indicar que se usaron para fines rituales, incluido el sacrificio de animales domésticos.

"Esto es diferente a Stonehenge", precisa Nick Card. "No estamos ante un conjunto megalítico que salta a la vista, sino ante una intrincada estructura de edificios, de unos 5.000 años de antigüedad, sin parangón en Europa. Aquí están enterradas posiblemente las claves de la vida en el neolítico ".

“Ha llegado tal vez el momento de darle la vuelta al mapa de la edad de piedra", advierte Nick Card, durante una pausa en las excavaciones. "Hasta ahora teníamos una visión 'surcéntrica', influida sin duda por Stonehenge. Pero está cada vez más claro que el centro de las innovaciones de las islas británicas durante aquella época estuvo en las Orcadas. Aquí hemos encontrado los primeros ejemplos de cerámica acanalada, aquí se erigieron también los primeros 'henges' o círculos de piedra, aquí hemos encontrado los pigmentos con los que se empezaron a pintar las paredes. Esta fue la fuente del nuevo pensamiento, y desde aquí las ideas se propagaron posiblemente al resto de nuestra geografía”.

Sostiene Card que el clima en las islas era bastante más benigno durante el Neolítico, y que eso propició la transición de una cultura de cazadores-recolectores al florecimiento de la agricultura y la ganadería entre los años 4000 y el 2200 antes de Cristo. El poblado de Skara Brae a orillas del Atlántico, con sus graneros de cebada y trigo y los corrales para cerdos y ovejas, era hasta la hora la referencia obligada en el vibrante pasado de las islas Orcadas.

Aunque todos los caminos conducían inevitablemente a la Piedra del Reloj de Stenness, y por supuesto al Anillo de Brodgar, de 103 metros de diámetro, con 27 de los 60 megalitos originales aún en pie, posiblemente usado como calendario lunar. A tiro de piedra, fundidos en un paisaje de suavísimas colinas verdes, se encuentra la impresionante cámara de sepultura de Maeshowe.[pagebreak]

 
 


El Anillo de Brodgar (en inglés, Ring of Brodgar), neolítica circular en las islas Orcadas, y vista aérea
de las islas.

Hasta hace diez años no se detectó la existencia del inquietante complejo del Ness of Brodgar donde estamos ahora. Las excavaciones arrancaron en el 2008 y acapararon la atención mundial en el 2011 gracias al "Brodgar Boy", la figura antropomórfica de mayor valor hallada en las Orcadas. Nick Card calcula que el enigmático promontorio se usó durante mil años y que fue abruptamente abandonado, por causas desconocidas, en torno al 2.300 antes de Cristo, con una ceremonia en la que posiblemente se sacrificaron hasta 600 animales domésticos. "¿Fue exclusivamente un templo o hubo también un pueblo densamente poblado?", se pregunta Card. "Eso no lo sabremos hasta que lleguemos a niveles más profundos. De momento, sólo hemos rasgado la superficie".

Y mientras el arqueólogo y su tropel de voluntarios siguen “rasgando” en el pasado, los ingenieros y los operarios “bucean” en las aguas de las Orcadas, a la busca de su tesoro mejor guardado: la energía de las mareas y de las olas. Nos encontramos ahora en el puerto de Kirkwall, donde una veintena larga de empresas apuran las labores de mantenimiento de las turbinas, las “serpientes” metálicas y otras novedosas estructuras para cosechar la energía inagotable generada por el mar.

Escocia ha decidido impulsar a toda máquina la energía marina. La meta es generar 1,6 gigavatios en el 2020 y poder contribuir así al objetivo de 100% renovables por las mismas fechas. Seis proyectos despuntan en el horizonte, y uno de ellos está impulsado directamente por Iberdrola, a través de su filial ScottishPower Renewables, en el codiciado estrecho de Islay.

“Nos acercamos al 2016, que va a ser el año crítico de las energías marinas”, advierte el ingeniero de ScottishPower Barry Carruthers, ante una de las impresionantes turbinas de aspas rojas de Andritz Hydro Hammerfest, que salen una vez al año del fondo del mar para pasar por revisión. Con una potencia de un megavatio y 200 toneladas de peso, las hélices submarinas son parientes muy cercanas de los “molinos” de tierra. Están ancladas a 45 metros de profundidad y han sido diseñadas para girar con la corriente de las mareas.

“Estamos en mitad de una carrera apasionante en la que existe tanta competencia como colaboración”, asegura Carruthers. “Nadie tiene hoy por hoy la “llave” de la energía marina: todos nos necesitamos unos a otros”.

El puerto de Kirkwall es la encrucijada en la que convergen las viejas y las nuevas tecnologías, en la “tregua” de apenas seis semanas al año que concede el riguroso clima para mantener a punto la infraestructura. En Stromness, el otro punto estratégico de la isla principal, se encuentra el Centro de Energía Marina (EMEC), el mayor “laboratorio” mundial de experimentación con energía mareomotriz y undimotriz, creado en el 2001 con capital público y gestionado ahora como un consorcio.

“El Mar del Norte y el Atlántico convergen aquí y crean unas condiciones únicas en Europa”, asegura Liza Mackenzie, portavoz del EMEC. “Tenemos unos recursos naturales únicos, tan sólo un brazo de mar nos separa de Escocia y podemos acceder directamente a la red eléctrica. Vivimos en unas islas privilegiadas que ya generan su propia energía limpia y que pueden marcar la pauta al resto del mundo”.

El EMEC cuenta con dos privilegiados enclaves de experimentación en las Orcadas. En el canal de Warness, junto a la isla de Eday, convergen los siete proyectos de prueba de la energía de las mareas (entre ellos, el de ScottishPower). En el oeste de la isla principal llegamos hasta las aguas agitadas de Billia Croo, donde pueden contemplarse en acción a las “serpientes” marinas de Pelamis, los cilindros de Aquapower o los flotadores octogonales de Seatricity, entre otros dispositivos para captar la energía de las olas.

 
 

 


Gigantescas turbinas del proyecto mareomotriz de Andritz Hydro Hammerfest.

“La energía de las mareas ha evolucionado más rápido porque las turbinas aprovechan gran parte de la experiencia acumulada durante décadas por la energía eólica”, advierte Barry Carruthers, de ScottishRenewables. “Pero existe un gran potencial para crear 'parques' de olas en todo el mundo, y tenemos grandes expectativas de que el sector progrese en los próximos años”.

De momento, la gran apuesta es la energía de las mareas. Se estima que Escocia podría proporcionar el 25% de la capacidad europea, seguida de lejos por los países nórdicos (y más de lejos por el Cantábrico). El Gobierno escocés ha dado de momento el visto bueno a la construcción de la mayor central mareomotriz de Europa en Pentland Firth, con una capacidad de 86 megavatios, suficientes para abastecer las necesidades energéticas de 42.000 hogares (el 40% de los habitantes de las Tierras Altas).

ScottishPower Renewables ha decidido por su parte dar un nuevo impulso a su proyecto de energía de las mareas en el estrecho de Islay, que aspira a convertirse también temporalmente en el mayor del mundo.  “Probaremos las nuevas turbinas de Alstom en los próximos meses, con el objetivo de poder instalarlas en el 2015”, anticipa sobre el terreno el ingeniero Barry Carruthers. “Después de los altibajos de la última década, parece cada vez más clara la apuesta: la energía marina tiene un tremendo potencial global, y más si logramos integrarla con los parques eólicos marinos. Ampliar el 'mix' de las renovables es lo más deseable”.

Dejamos atrás las islas Orcadas, que vivían hasta hace poco de la agricultura y la pesca, avanzando con paso firme hacia la promesa del mar. El diálogo entre el pasado y el futuro seguirá intensificándose en las próximas décadas, en estas tierras y estos cielos que dejan en las retinas fugaces una imborrable impronta. El cartel a la entrada de Stromness no engaña: "Más allá de lo que uno puede creer".

Volveremos…

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