¡Costas sin plásticos!

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El movimiento iniciado por los surfistas británicos se hace global.

Barco con desechos plásticos, una protesta de Surfers Against Sewage.

Los surfistas de Cornualles fueron los primeros en otear la ola. Allá por los años noventa, el problema eran las aguas residuales. Poco a poco empezó a tomar cuerpo la plaga del plástico, y Surfers Against Sewage (SAS) levantaron la voz y la tabla ante lo que se venía encima. Desde su enclave marino en St. Agnes, en la punta suroeste de Inglaterra, el grupo de infatigables activistas ha lanzado ahora el reto de las costas sin plásticos.

“Los surferos sentimos antes que nadie el impacto en nuestros propios cuerpos y en las playas que amamos”, asegura James Havey, director de campañas de SAS. “Nos hemos tomado el asunto como una cuestión personal y emocional. Cuando hablamos de este tema, lo hacemos con nuestro corazón “azul”. Y pedimos a la gente que se una a nosotros en esta lucha, que es la de todos”.

 

Penzance fue la primera en subirse a la ola, con la meta de alcanzar las 125 ciudades costeras “plastic free” de aquí al 2020. “Las previsiones nos han desbordado”, reconoce James Harvey. “Quince pueblos han logrado ya la certificación y más de 270 comunidades en todo el mundo, con una población total de 20 millones de habitantes, han decidido asumir el reto”.

El “reto” consiste no solo en la creación de grupos de voluntarios para limpiar periódicamente las costas (como hace en España el Proyecto Libera, apadrinado por SEO/Birdlife y Ecoembes). La acción va más allá y se extiende a las campañas de concienciación ciudadadana y de educación en las escuelas. Aunque el punto clave es el compromiso de las empresas locales para atajar el problema.

La meta es embarcar a cientos de empresas –sobre todo los hoteles y los restaurantes- en la ardua tarea de acabar con el plástico de un solo uso: de los cubiertos desechables a los vasos para el café, pasando por las ubicuas pajitas de plástico (8.500 millones de unidades se consumen todos los años en el Reino Unido, según las alarmantes estimaciones de la Marine Conservation Society).


Activistas durante la campaña Plastic Free Coastlines, de Surfers Against Sewage.

La certificación “plastic free” no garantiza que de un día para otro desaparezca el plástico de las playas, pero sí refleja una ambición y un propósito colectivo de acabar con la cultura de usar y tirar. La ola impulsada por los surfistas de Cornualles ha llegado ya a lugares tan dispares como Dubai y las Islas Malvinas, pasando por la ribera del Támesis y por el Palacio de Westminster.

Hasta allí llegó recientemente el barco fletado por Surfers Against Sewage y fabricado con el plástico recogido en las playas de Cornualles, por aquello de hacer visible la dimensión del problema. La simbólica “botadura” puso en marcde la campaña Plastic Free Paliament. Objetivo: eliminar los dos millones de artículos de plástico de un solo uso que todos los años consumen sus señorías.

Con el apoyo de 200 parlamentarios de todos los partidos, SAS ha extendido la invitación “a todos los políticos electos para que prediquen con el ejemplo y aprueben la legislación necesaria para acabar con la adicción a los plásticos de un solo uso, que suelen acabar en los océanos, en la naturaleza o en los vertederos”.

El ministro de Medio Ambiente, Michael Gove, ha convertido incluso la ofensiva contra el plástico en arma arrojadiza contra Bruselas y en emblema del “Green Brexit”. “Damos la bienvenida a los recientes planes del Gobierno, pero creemos realmente que hay que ir más allá y hacerlo más rápido”, recalca James Harvey. “Lo esencial es eliminar todo el plástico evitable y los embalajes innecesarios”.

Gracias a la labor de WRAP, la asociación pionera de la economía circular en Reino Unido, más de 40 grandes empresas –de multinacionales como Unilever, Pepsi y Coca Cola a cadenas de supermercados como Waitrose y Sainsbury's- han suscrito también recientemente el así llamado “Pacto del Plástico”.

Los fabricantes han asumido el compromiso de que el 100% del plástico utilizado en el 2025 sea reusable, reciclable o compostable. Los supermercados, embarcados ya en la cruzada contra las bolsas de plástico de un solo uso, pondrán en marcha medidas como la creación de secciones de venta a granel y las hileras de productos “libres de plásticos” (como ya existen en los supermercados holandeses).

A la ola se han subido también los grandes medios como The Daily Mail, con sus campañas Turn the Tide y The Great Plastic Pickup. O como la cadena televisiva Sky, con su Ocean Rescue Campaign, recorriendo el país con la ballena de plásticos que fue “bendecida” por  el Príncipe Carlos a su paso por Londres.

Aunque el “surfero” mayor en esta insólita aventura ha sido sin duda Sir David Attenborough. En el último capítulo de “Planeta Azul”, la serie de la BBC seguida por 14 millones de británicos, el veterano naturalista lanzaba su particular S.O.S.: “Cada año acaban en el mar más de ocho millones de toneladas métricas de aquel material que un profesor mío calificó con orgullo como indestructible, y que efectivamente puede tardar cientos de años en degradarse. Los océanos se han convertido en el vertedero global del plástico. En nuestras manos está darle la vuelta a la marea”.

En una esquina del mar…

En las costas de Cornualles, a la altura de Plymouth, la madrileña Mariana  López tiene su particular “esquina del mar”. The Ocean Corner da nombre a la empresa social creada por esta marinera en tierra, que hace bueno el dicho “basuras para unos, tesoros para otros”. Lo que llega hasta las playas acaba incorporándose como un elemento más a sus sombreros y complementos, o a vestidos “vintage” como “Abisal” (inspirado por las profundidades) o “Vamos a contar mentiras” (las dos caras del Mediterráneo). Todo lo que incopora Mariana a sus prendas, de las redes de pesca a los plásticos de colores, tiene en el fondo una dimensión creativa y educativa: “Quiero quitarle el estigma a la basura y trasmitir un mensaje positivo, pero intento crear al mismo tiempo conciencia y trasmitir ante todo el amor al mar, y la necesidad de cuidarlo y protegerlo”.

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