Cómo hacer papel reciclado

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Los árboles son un bien muy precioso y escaso, por lo que reciclar el papel es una manera de cuidar el planeta.

En casa podemos convertir papel usado en papel artesanal de una forma sencilla.

Afortunadamante ya son muchas las personas que saben que el papel no se puede derrochar y, en la mayoría de casas y oficinas, se recicla el papel o se utiliza papel reciclado. Pero todavía podemos dar un paso más allá y convertir el reciclaje en algo creativo, transformando el papel usado en un producto artesanal y artístico. La técnica para hacerlo es muy sencilla y el resultado es espectacular.

Material necesario

 

Para elaborar hojas o láminas de papel artesanal, necesitamos los siguientes elementos:

• Papeles usados. Los más aconsejables son las fotocopias, los tisús, las cartulinas blancas o de color, los diarios, los envases de cartón de huevos o cartones corrugados. En cambio, no podemos utilizar papeles engomados, plastificados, metalizados o de calcar.
• Una licuadora. Puede ser de vaso o una batidora más simple, tipo minipimer.
• Listones de madera. Nos servirán para construir un tamiz. Este debe tener las dimensiones de las hojas que deseemos obtener. Una buena medida puede ser la del papel DIN A-4 (21 x 29,7 cm). En este caso, teniendo en cuenta los 2 cm de anchura del listón, necestiaremos cuatro listones de 23 cm y cuatro de 32 cm. Otra opción más sencilla, en lugar de fabricar el tamiz con listones, es coger dos marcos de fotos y retirar las láminas de cristal.
• Una malla de acero inoxidable del número 30. Debe tener un tamaño algo superior al interior del bastidor. Se puede conseguir en una buena ferretería.
•Trapos. Pueden usarse sábanas de algodón para recortar trozos del tamaño de las futuras hojas de papel. También se pueden utilizar bayetas, que tienen un mayor poder absorbente.
• Una prensa. También se pueden utilizar montones de libros, guías telefónicas u otros objetos pesados.
• Material para decorar. Pueden ser hojas secas, pétalos, zumos vegetales o témperas para teñir el papel.
• Un pulverizador con agua.
• Un colador.
• Una palangana.
• Un recipiente ancho y profundo.
• Una plancha.

Cómo preparar el tamiz

El tamiz está formado por un marco y un contramarco, confeccionados con los listones de madera.

Lo primero que debemos hacer es fijar la malla de acero inoxidable de trama número 30 al marco, con la ayuda de clavos o grapas. Esta malla será la encargada de recoger la pulpa.
El contramarco es igual que el marco, pero sin malla. Se coloca sobre el marco, por el lado donde se ha fijado la malla. Su función es la contener la pulpa al retirarla del agua.
No hace falta unir las dos piezas, basta con sostenerlas juntas con las manos mientras sacamos la pulpa.[pagebreak]

Obtención de la pulpa

Seleccionamos el papel a reciclar y lo cortamos en pequeños trozos. Es conveniente hacer el troceado a mano para favorecer la absorción del líquido. Cada trozo debe tener unos 2 o 3 cm de lado como máximo.
Colocamos el papel cortado en la palangana con abundante agua templada, desde un mínimo de tres horas hasta una noche entera. Cuanto más tiempo pase, más fácil será obtener una pulpa fina.
A continuación, tomamos cantidades pequeñas del papel empapado y las colocamos en el vaso de la licuadora con suficiente agua para que la máquina funcione sin problemas.
Trituramos el papel hasta hasta que no se vean trozos ni grumos.
Recogemos la pulpa con un colador fino hasta llenar una taza.
Colocamos esta pulpa en el recipiente profundo y ancho de plástico con unos cinco litros de agua.
Agitamos la pulpa con la mano para que permanezca en suspensión. Si queremos incorporar elementos decorativos lo haremos en este punto. Podemos añadir hojas secas, pétalos, tallos y otros materiales que puedan darle una textura o un aspecto original al papel. La elección de estos elementos depende de la creatividad de cada uno y del resultado que queramos obtener.
Si la pulpa es blanca y queremos darle color, podemos incorporar jugos de diferentes vegetales, como remolacha o zanahorias. También la podemos teñir con témperas o tintes naturales.

Fabricación de la hoja

Introducimos el tamiz en el barreño en vertical hasta que llege al fondo del mismo. A continuación, lo colocamos en posición posición horizontal y lo sacamos lentamente. En el interior del molde se irá formando una lámina con la pasta. Conviene vigilar que la pulpa quede destribuida uniformemente.
Dejamos que escurra el agua durante diez segundos por lo menos.
Quitamos el contramarco del tamiz y colocamos un paño –antes lo habremos humedecido ligeramente con el pulverizador– sobre el papel.
Le damos la vuelta y colocamos el lado de la pulpa sobre un trapo o bayeta. Con una esponja podemos presionar a través del tamiz para extraer todo el agua posible.
Levantamos el tamiz y cubrimos la hoja con otro trapo. En este momento, podemos pasar un rodillo pastelero, sin presionar demasiado, para alisar la hoja y extraer más agua.
Vamos haciendo hojas hasta que la pulpa se acabe.
Sobre las hojas, dispuestas entre los trapos, colocamos pilas de libros o algún objeto pesado (si disponemos de una prensa, podemos utilizarla).
Después de tres o cuatro horas sacamos las hojas y las colocamos una al lado de otra, cada una encima de su trapo, para que sigan secándose durante 24 horas. También podemos tenderlas como si fueran prendas de ropa.
Al deshidratarse, las hojas pueden ondularse. Para alisarlas, colocaremos de nuevo libros encima. También podemos terminar el secado y alisado con una plancha tibia.

Un poco de historia

Según la tradición, el primero en fabricar papel, en el año 105, fue Cai Lun (o Tsai-lun), un eunuco de la corte Han oriental del emperador chino Hedi (o Ho Ti), que probablemente utilizó un molde de tiras de bambú. Durante unos 500 años, este preciado invento estuvo limitado a China. En el año 610 se introdujo en Japón y, alrededor del 750, en Asia central. 

Aproximadamente en el año 800 ya se había introducido en Egipto y, posteriormente, los árabes lo introdujeron en Europa. Al parecer, la primera fábrica se estableció en España en el año 1150.

En Europa, durante siete siglos se emplearon los trapos como materia prima para elaborar papel hasta 1840, cuando se empezó a convertir la madera de los árboles en pulpa.