10 buenas razones para aumentar el contacto con la naturaleza

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Ir a la montaña, el bosque o la playa es mucho más que respirar aire puro y no hacer nada. La naturaleza nos permite crecer en todos los sentidos.

1. La naturaleza relaja. Aquel que se relaja tiene mejor acceso a sus fuerzas y capacidades. En estado de relajación también trabajan de manera más eficiente las fuerzas autocurativas del cuerpo.

2. Fuera en la naturaleza estamos rodeados de pura vida. Nos trinan los pájaros al oído y la brisa nos sopla en la cara. Es fácil abrirse a todas estas experiencias sensoriales y volver a experimentar el hecho de estar vivo.

 

3. En la naturaleza todo tiene su sentido y toda forma de vida tiene su lugar. Esto abre una visión existencial acerca de la propia vida. ¿Quién soy yo? ¿Cómo quiero vivir? Son preguntas que tienden a aparecer cuando nos entregamos a la vida natural consciente y las respuestas se encuentran más fácilmente si conectamos con la naturaleza, la gran maestra de sabiduría.

4. En contacto con la naturaleza el ego vuelve a recuperar su tamaño normal. El Homo sapiens es una parte de la red vital. Ni más ni menos. Ni el narcisismo ni los sentimientos de inferioridad tienen cabida fuera. Las proporciones vuelven a conseguir el equilibrio.

5. Estando solos en la naturaleza no hay nadie frente a quien debamos demostrar algo. De esta manera las estructuras limitantes del carácter no tienen sentido y nos abrimos a nuestro auténtico ser y personalidad.

6. Quien quiera salir a la naturaleza se tiene que mover. De esta manera el sistema cardiocirculatorio se pone en marcha. La respiración se hace más profunda y el intercambio de sustancias mensajeras en el cerebro funciona mejor. No es por casualidad que los médicos recetan entre otras cosas movimiento para combatir la depresión. Cuando el cuerpo se mueve, se mueve toda la persona con sus sentimientos y sus pensamientos.

7. La naturaleza es una espacio de libertad que no pretende nada, y por ello nos ofrece incontables posibilidades de experimentarnos a nosotros mismos. Aprendemos a conocernos y a apreciarnos mejor.

8. La naturaleza está en cambio constante. Nos da valor para superar fases vitales difíciles (los inviernos del alma) y a confiar en la primavera interior. Experiencias de pérdida pueden verse en un contexto más amplio y con ello ganan en sentido.

9. La experiencia en la naturaleza afecta a todos los sentidos, contacta con el cuerpo, y el alma por igual. De esta manera podemos interiorizar nuevas experiencias y anclarlas permanentemente. Además esta visión holística contrarresta con el desequilibrio de nuestro mundo tecnológico, donde cada vez más aspectos de la vida humana están en riesgo de sufrir un retraso en el crecimiento.

10. La estancia en la naturaleza favorece las experiencias arquetípicas. Nuestra profunda pertenencia a la naturaleza y al destino humano colectivo, se manifiestan y podemos ganar nueva confianza en la existencia.