Los campos de césped artificial pueden ser cancerígenos

3.11.2014
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Un estudio español demuestra la presencia elevada de compuestos tóxicos en el caucho que se utiliza en zonas de juego infantiles.

Una entrenadora de los Estados Unidos denuncia la incidencia anormal de cáncer entre las jugadoras. 

Existen alternativas más seguras.

A nadie le gusta dar noticias alarmistas, sobre todo cuando pueden afectar a muchos niños, pero las sospechas están ahí: las superficies de juego infantil y los campos de césped artificial acolchados con granulado de caucho SBR obtenido de neumáticos reciclados pueden estar favoreciendo la aparición de casos de leucemia y linfoma no-Hodgkin, entre otros problemas de salud.

 
 CÉSPED ARTIFICIAL. Las fibras de polietileno se encuentran sobre una capa de granulado de caucho SBR. 

El granulado SBR (caucho estireno-butadieno) contiene metales pesados muy tóxicos y emite compuestos orgánicos volátiles. Los niños que juegan sobre el césped artificial están directamente expuestos al granulado que se cuela en el calzado deportivo, entre la piel y la ropa, se adhiere al cabello e incluso puede entrar en los oídos y la boca y ser ingerido. Los porteros de fútbol estarían en especial riesgo.

María Llompart, investigadora y profesora titular del departamento de Química Analítica Nutrición y Bromatología en la Universidad de Santiago de Compostela, tras realizar un estudio sobre la composición y las emisiones del SBR concluye que su uso en superficies de juego infantil debiera estar legalmente prohibido o regulado por sus posibles riesgos, dada la alta concentración de algunos compuestos tóxicos.

El estudio, publicado por la revista Chemosphere ( pdf), demuestra la presencia de grandes cantidades de sustancias tóxicas que incluyen hidrocarburos aromáticos policíclicos y ftalatos. Otros estudios ( 1, 2, 3) han hallado también metales pesados como el plomo, un potente neurotóxico. 

 
 El granulado SBR también se utiliza para dotar las zonas de juego infantiles de un suelo blando.

Los hidrocarburos policíclicos aromáticos alcanzan el 1% de la composición en una de las muestras analizadas de losetas de caucho. Estos compuestos pueden volatilizarse y entrar en el organismo de los pequeños con el aire que respiran (por tanto el riesgo aumenta si el espacio de juego está cerrado, como ocurre en algunos restaurantes que cuentan con zona de juego y suelo de este material). Buena parte de los hidrocarburos policíclicos aromáticos son cancerígenos y favorecen las malformaciones de nacimiento. Los ftalatos, por su parte, interfieren el funcionamiento del sistema endocrino y pueden producir trastornos en el desarrolllo del sistema reproductivo (como criptorquidea, alteración en el descenso de los testículos) y favorecer la aparición de cánceres con relación hormonal. Debido a sus efectos, uno de los ftalatos que se encuentran en mayor cantidad en el caucho de las zonas de juego inftantiles, el Di(2-etilhexil)ftalato (DEHP), ha sido prohibido en Francia para su uso en los espacios hospitalarios de pediatría, neonatología y maternidad.  

    
  EFECTOS DE LOS COMPUESTOS PRESENTES EN EL SBR 
  

• Cáncer
• Irritación de las vías respiratorias
• Irritación de los ojos, la piel y las mucosas
• Daños sobre hígado y riñón
• Alteraciones neurológicas
• Reacciones alérgicas

Fuentes:  1, 2

 
    

Los resultados del estudio son alarmantes, pero Llompart asegura que no ha recibido la llamada de autoridad sanitaria alguna. "Sabemos que algunas de las sustancias presentes en estos materiales presentan un claro riesgo para la salud. El problema es que como los daños derivados no se verán hasta dentro de años o décadas, a nadie le interesa reaccionar", nos dice.

Sobre el silencio que reina sobre la cuestión influye que el reciclaje de neumáticos es un gran negocio y la construcción y mantenimiento de zonas de juego infantil y campos de fútbol son sus principales aplicaciones. Un solo campo de fútbol puede recoger 27.000 neumáticos hechos trizas que de otra manera se acumularían en un vertedero. El negocio del reciclaje es presentado por autoridades y empresarios como una gran idea verde... si no se mira el riesgo que representa para la salud de las personas.  

María Llompart y sus colegas piensan seguir investigando el tema. Próximamente publicarán los resultados obtenidos de analizar muestras tomadas de campos de césped artificial. Muchos padres y desportistas están esperando, aunque los resultados no diferirán demasiado de los ya conocidos. Todo indica que se confirmará el riesgo de jugar sobre césped de plástico con caucho.

 
 Granza de caucho en un campo de fútbol.

Mientras en España se mira hacia otro lado y no se hace caso de las investigaciones, en Estados Unidos ha llamado la atención el estudio de la Universidad de Santiago de Compostela a raíz de las denuncias realizadas por la ex futbolista y actual entrenadora estadounidense de la selección sub-20 Amy Griffin, que ha investigado a título particular la incidencia de cánceres –con predominio de leucemia y linfoma no-Hodgkin– entre jugadores de fúbtol, encontrando 38 casos, de los cuales 34 eran porteros. No es un dato científico o estadístico, pero apoya sus sospechas iniciales. "He entrenado durante 27 años y en los 15 primeros nunca me encontré con un caso de cáncer. De repente hay una aluvión", dice.

La construcción de los campos con SBR comenzó en el año 2000 y se ha impuesto sobre los campos naturales porque tienen un coste menor, gracias a que necesitan menos agua y menos horas de mantenimiento. Pero los campos de SBR también se riegan, sobre todo en verano, para reducir la temperatura de la superficie. El agua arrastra los compuestos tóxicos y se convierte a su vez en un contaminante ambiental.

 
 La entrenadora Amy Griffin con una futbolista enferma de cáncer. 

Griffin no es la única preocupada en los Estados Unidos. La sensación de que cada vez hay más casos de cáncer entre los futbolistas jóvenes se está extendiendo y se están formando asociaciones de padres y vecinales que luchan contra la construcción de nuevos campos rellenos de SBR. Aunque el gobierno de Estados Unidos tampoco ha tomado una decisión contra el caucho (alega que faltan estudios concluyentes), ayuntamientos importantes como los de Nueva York y Los Ángeles ya han decidido no utilizarlo más.

Existen alternativas

Además del césped natural, existen alternativas al granulado de caucho SBR como el plástico Ecofill, de la empresa italiana Mondo, o las fibras de coco o corcho de InfillPro Geo (este producto de Limonta Sport ha sido la opción elegida por el Atlético de Madrid para los campos de entrenamiento del equipo de primera división).

Monsanto en el origen

El césped artificial fue inventado en 1964 por la empresa Monsanto, la misma que unas décadas más tarde se convirtió en bestia negra del ecologismo por sus experimentos transgénicos. Aquel césped se vendió con el nombre de Chemgrass. Se trataba de una simple moqueta peluda de plástico que se instalaba sobre superficies de cemento y resultaba muy dura para la práctica deportiva, favoreciendo todo tipo de lesiones. Llegó a instalarse en campos de fútbol de la primera división inglesa, pero en 1988 se desautorizó. El año 2000 comenzó la proliferación de la nueva generación de césped artificial acolchado con SBR que ha triunfado absolutamente en el ámbito del fúbtol formativo y aficionado. Actualmente el fútbol huele inevitablemente a neumático, un aroma muy distinto al que se espera encontrar sobre una pradera verde.