Los alimentos cotidianos contienen hasta 30 tóxicos diferentes

17.07.2012
0 comentarios

La Fundación Vivo Sano publica una guía para el consumidor sobre disruptores endocrinos, sustancias químicas que alteran nuestro sistema hormonal y que pueden provocar problemas de fertilidad, daños cerebrales, cáncer, obesidad o diabetes.

Guía editada por la Fundación Vivo Sano

Las lechugas, los tomates, los pepinos y las manzanas son los productos donde se han localizado mayor número y mayores dosis de disruptores endocrinos. A través de estos alimentos, habituales en nuestras mesas, sobre todo en verano, los consumidores están expuestos hasta a 30 sustancias químicas diferentes que pueden provocar efectos muy negativos en la salud, dado que alteran el sistema hormonal de las personas.

“Aunque las sustancias que se han encontrado están bajo los límites legales, el consumidor debe saber que estos valores no tienen en cuenta sus efectos acumulativos ni el resultado de la combinación de todas ellas. Cada elemento es estudiado de manera individual y puntual y esto no se corresponde con la realidad”, asegura Alfredo Suárez, director de la Fundación Vivo Sano.

 

Existe una amplia evidencia científica que vincula los disruptores endocrinos con distintas enfermedades crónicas, como problemas de fertilidad, cánceres de tipo hormonal (por ejemplo, de mama o de próstata), daños cerebrales, obesidad o diabetes.

“Lo más preocupante es que estamos hablando de enfermedades cada vez más frecuentes en Europa”, explica Nadia Bennich, responsable de la campaña en España, “y aunque se han logrado ciertos avances para eliminar los disruptores endocrinos de cosméticos, biberones y juguetes, la presencia de estos contaminantes en los alimentos se está pasando por alto y eso es francamente alarmante”.

Para Alfredo Suárez, director de la Fundación Vivo Sano, hay muchas cosas que cada uno de nosotros puede hacer en el día a día para evitar exponernos a este tipo de tóxicos. Por ejemplo, dado que la lechuga es uno de los alimentos donde se han localizado más restos de disruptores endocrinos, lo mejor es sustituirla en nuestras ensaladas por otros vegetales de hoja verde, como las espinacas. "Pero para poder hacer esto, lo primero es tener la información”, explica.

Los expertos también insisten en la conveniencia de optar por productos ecológicos siempre que sea posible, fundamentalmente en la alimentación infantil o de mujeres embarazadas, y lavar bien la fruta y las verduras antes de consumirlas.

La guía para el consumidor detalla qué alimentos contienen más disruptores endocrinos y cuáles de estas sustancias pueden encontrarse en cada alimento. A la cabeza de los alimentos contaminados están, por este orden, la lechuga, los tomates, los pepinos, las manzanas, el puerro, los melocotones, las fresas, las peras, las uvas y los pimientos.

“Es importante saber que no hay un ‘nivel seguro’ de exposición. Es decir, por pocas trazas que encontremos de estas sustancias químicas, ya es demasiado para nuestro sistema hormonal. Si además tenemos en cuenta que en cada uno de estos alimentos encontramos una combinación de distintas sustancias, el riesgo se multiplica”, explica Nadia Bennich.

La normativa europea actual sobre pesticidas no contiene ningún criterio específico que defina oficialmente qué sustancias son consideradas disruptores endocrinos, y los legisladores están tardando en incorporar los nuevos puntos de vista científicos, sobre todo en lo referente a los efectos que una dosis baja de disruptores endocrinos pueden tener sobre la salud humana.

La Comisión Europea tiene previsto resolver esta situación en diciembre de 2013. Hasta entonces, la Fundación Vivo Sano y PAN Europe continuarán desarrollando campañas activas de divulgación para prevenir a los ciudadanos sobre los riesgos de este tipo de tóxicos en los alimentos.

Sobre la Fundación Vivo Sano

La Fundación Vivo Sano es una organización independiente, de iniciativa privada y sin ánimo de lucro, orientada a la salud. Trabaja para crear una sociedad más sana donde las personas se encuentren bien en todos los aspectos de su vida, disfrutando de una buena salud física y emocional y de unas relaciones constructivas, viviendo en un entorno saludable. Para ello, promueve hábitos saludables para el cuerpo, la mente, el medio ambiente y la sociedad; fomenta un nuevo modelo de atención sanitaria basado en la medicina integrativa; y vela para que instituciones y legisladores antepongan la salud de los ciudadanos a cualquier otra consideración.