Elige fertilizantes ecológicos para tus plantas

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Los fertilizantes minerales convencionales no aportan a las plantas todo lo que necesitan. Además son un problema ambiental.

La planta, ya sea de interior, de jardín o huerto, necesita de vez en cuando una dosis de fertilizante para vigorizarse. Según la fase del ciclo vital en que se encuentra, extrae del suelo ciertas cantidades de elementos esenciales, lo que implica que con el tiempo alguno de ellos llegue a escasear, provocando carencias nutricionales a la planta. Estas posibles insuficiencias se corrigen a través del abonado. 

Los fertilizantes convencionales aportan casi exclusivamente tres elementos: fósforo, que beneficia las raíces; potasio, que mejora la floración y el estado de los tallos; y nitrógeno, que estimula el desarrollo de la hojas. Los resultados inmediatos son excelentes, porque la liberación de nutrientes es rápida, pero la composición de los fertilizantes convencionales es en realidad pobre, porque no contienen una serie de minerales que también son importantes para la salud de las plantas, como boro, cobre, hierro, yodo, magnesio, manganeso, molibdeno, azufre, cinc, sodio o silicio, así como enzimas y ácidos húmicos (como el oxalato sódico, la urea y otros).

 

Por otra parte, los fertilizantes convencionales incrementan demasiado la concentración de nitratos en la tierra, ya sea en macetas o jardín. Los nitratos, tarde o temprano, son un problema ambiental porque contaminan las aguas del subsuelo, de los ríos y finalmente la del grifo. En el organismo los nitratos sufren cambios químicos que los convierten en nitrititos, unos componentes cancerígenos.

Microorganismos colaboradores

Mientras que los fertilizantes convencionales se basan en elementos inorgánicos solubles, obtenidos industrialmente del minerales, los orgánicos, naturales o ecológicos incluyen materia orgánica, fuente del carbono indispensable para la vida de los microorganismos que viven en torno a las raíces, y que ayudan a las plantas a obtener los nutrientes que necesitan de la tierra y a defenderse frente a enfermedades.

Respecto al nitrógeno, los fertilizantes orgánicos también lo contienen, pero en cantidades moderadas y en una forma asimilable por las raíces, de manera que la parte arrastrada por el agua es menor. Además las fibras vegetales del humus se comportan como esponjas que retienen el agua, impidiendo que ésta arrastre los nutrientes demasiado rápido.

Los fabricantes de fertilizantes orgánicos, naturales o ecológicos recurren, por ejemplo, a las algas, que son extremadamente ricas en oligoelementos minerales, fitohormonas (auxinas, giberelinas, citoquininas), vitaminas y aminoácidos. Otras materias orgánicas utilizadas son el excremento de pingüino (periguano) -un tradicional y excelente fertilizante, si se utiliza en dosis moderadas- y el compost, obtenido de la descomposición de la materia orgánica.

Un tipo especial de compost es el elaborado por lombrices, que digieren la tierra y las materias vegetales que consumen. Existen vermicomposteros (contenedores que sirven para fabricar compost con lombrices) que se pueden instalar en una terraza. Los demás composteros necesitan asentarse sobre la tierra.
Independientemente del fertilizante natural que se aplique, es recomendable leer detenidamente las instrucciones de uso que aparecen en los envases para conocer las dosis que hay que suministrar y evitar así cualquier tipo de perjuicio en la planta.

Respecto a las mejores épocas para alimtar las plantas con fertilizantes orgánicos, son tres: principios de primavera; principios de verano y fin de verano. Los abonos líquidos se mezclan con el agua de riego. Generalmente se administra cada dos semanas durante los meses de mayor actividad de las plantas (normalmente abarcan de marzo a octubre). Por otra parte, existen unos fertilizantes apropiados para plantas de hoja y otros para plantas de flor.