Silenciosa revolución ciudadana

22.10.2012
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Ciudades en Transición propone dar soluciones ciudadanas a la crisis climática, económica y social, desde iniciativas locales y sostenibles.

Rob Hopkins, impulsor de este movimiento, cree en "la capacidad de la gente ordinaria de hacer cosas extraordinarias en momentos realmente ‘extraordinarios’ como éste”.

El pueblo de Totnes, en Gran Bretaña.

Rob Hopkins no inventó la palabra transición pero casi. A su gentil manera, sin prisa pero sin pausa, desde un pueblo de 7.000 almas en el suroeste de Inglaterra llamado Totnes, este espigado profesor de permacultura ha puesto en marcha una silenciosa revolución que se despliega ya por 34 países y está empezando a dar una vibrante cosecha de cambio económico, energético y social al cabo de seis años.

Planes de descenso energético, agricultura urbana, apoyo a las ecomomías locales, monedas complementarias...

Digamos que Hopkins oteó la crisis en los tiempos de las vacas gordas. Y aunque los primeros reclamos de Transition Towns fueron el cambio climático y el pico del petróleo, el mensaje ha evolucionado ahora hacia la necesaria regeneración económica, empezando por lo que tenemos más cerca.

“El sistema con el que funcionamos se encuentra en un definitivo callejón sin salida”, sostiene Hopkins. “Y el problema es que, hoy por hoy, no existe ninguna alternativa válida sobre la mesa... En el movimiento de la Transición estamos intentando crearla con un abanico de ideas: planes de descenso energético, cooperativas de energía solar, proyectos de agricultura urbana, apoyo a las ecomomías locales, monedas complementarias... No podemos decir que tenemos todas las soluciones, pero al menos las estamos buscando. Estamos dando los primeros pasos de lo que puede ser un experimento a gran escala”.

La única convicción, advierte Rob, es si acaso ésta: “Si esperamos a que actúen los Gobiernos, será demasiado tarde. Si tomamos la iniciativa en solitario, será demasiado poco. Pero, si actuamos en comunidades, posiblemente será suficiente y a tiempo”.

En España, el movimiento está dando aún los primeros pasos, aunque del 12 al 14 de octubre ya se ha celebrado el Segundo Encuentro de Decrecimiento y Ciudades en Transición, en Vitoria (País Vasco), y en las mismas fechas el Encuentro de Pueblos en Transición de Valdepaciélagos (Madrid), con el el lema “Desarrollo local para resistir mejor la crisis. Cómo depender menos del petróleo”.

El documental In Transition 2.0 da testimonio del efecto multiplicador que está teniendo el movimiento en los puntos más remotos del planeta: de Nueva  Zelanda a India, pasando por Japón, Brasil o Italia (con el ayuntamiento de Monteveglio adoptando públicamente la primera y firme resolución de transición).

En Gran Bretaña, las ramificaciones del movimiento son cada vez más palpables. Tan solo en Londres, hay más de 40 grupos conectando los grandes barrios y promoviendo iniciativas de autonomía alimentaria, movilidad urbana o dinero local, como la emblemática libra de Brixton. En mayo, una ciudad de medio millón de habitantes, Bristol, dio un tremendo impulso con la adopción de la nueva divisa electrónica y complementaria que aspira a convertirse en el motor de la economía local.

“Ciudades en transición empezó como una respuesta directa al cambio climático y al pico del petróleo, pero el mensaje se ha adaptado a los tiempos y a las necesidades”, admite Hopkins. “Cómo reconstruir las economías locales, cómo respaldar a los emprendedores y crear empleo o cómo aspirar a una mayor igualdad son ahora otras de nuestras prioridades... Necesitamos una nueva economía que funcione para la gente y para el planeta”.

Aunque, puestos a ahondar en qué es lo que mueve en realidad a la gente, más allá de los mensajes de urgencia ecológica o de regeneración económica (tanto da), la respuesta es así se simple: la necesidad de conectar. “Es algo que hemos podido comprobar en todas las partes del mundo”, admite Hopkins. “La gente quiere conocer a sus vecinos, sentirse parte de algo, compartir inquietudes y vislumbrar soluciones... En 
Totnes hemos puesto en marcha el programa Transition Streets, con la idea de empezar el cambio casa a casa, calle a calle, y la respuesta ha sido impresionante”.[pagebreak]

Totnes, por cierto, es un pueblo bucólico pero no utópico a orillas del río Dart. Los coches circulan aún por sus calles empinadas, que rompen en el castillo. El plan de descenso energético prevé grandes cambios de aquí al 2030, pero nada diferencia aparentemente el pueblo de otros en la campiña de Devon; en todo caso, la variedad y la actividad incesante de los comercios locales.

“Los cambios más profundos llevan tiempo”, advierte Hopkins, que puso en práctica su experimento en Totnes en el 2006, cinco años después de haber urdido su primer plan de transición para Kinsale (Irlanda),  cuando ni siquiera se había apropiado aún del término.

“Transición: pasaje de un estado a otro, período de transformación”... Le contamos a Rob el significado claramente positivo –de la dictadura a la democracia– que el término tiene por nuestras tierras. La palabra adquiere un nuevo y poderoso significado ahora, en tiempos de crisis, “aunque cada país y cada cultura lo está adaptando a su manera y con sus propios ingredientes”.

“No hay una fórmula exacta ni un camino más corto hacia la transición”, sostiene Hopkins. “Cuando empezamos, acuñamos los doce pasos, pero ahora hemos dejado atrás esa aproximación porque era demasiado rígida y la gente empezaba a tomárselo como si fueran los doce mandamientos. No hay siquiera una guía, en todo caso un Compañero de Transición, y así es como hemos titulado el libro que recoge las experiencias en todo el mundo”.

Empezar. Profundizar. Conectar. Construir. Esos son en todo caso los cuatro pasos que recomienda Hopkins a quienes se atrevan a iniciar este viaje que ha de tener, eso sí, una meta tan deseable y apetitosa como un pastel de chocolate... “La visión de otro mundo posible y mejor es totalmente necesaria. Es algo que te pones delante de los ojos y hacia lo que caminas, aunque por momentos pueda parecer imposible. Somos la generación que puede definitivamente construir algo de lo que nuestros hijos puedan sentirse orgullosos”. 

Le preguntamos finalmente a Hopkins si esa visión no está tardando acaso demasiado tiempo en cuajar, si no hemos desperdiciado ya demasiadas oportunidades para cambiar a tiempo... “Está claro que la transición tenía que haber empezado mucho antes, yo diría que en los años ochenta. Pero en el fondo yo soy un gran creyente del espíritu humano. Creo en la capacidad de la gente ordinaria de hacer cosas extraordinarias en momentos realmente ‘extraordinarios’ como éste”.

 

Sobre el autor
Carlos Fresneda lleva media vida de corresponsal para el diario El Mundo en Italia, Estados Unidos y Gran Bretaña. En El Correo del Sol nos cuenta todo lo que se cuece en la trastienda de la actualidad diaria. Ha publicado un libro, La Vida Simple (Ed. Planeta).
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