En defensa de los bienes comunes

28.3.2013
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El mundo atraviesa un periodo de transición. La etapa del egoísmo irresponsable queda atrás con dolor, mientras organizaciones discretas pero eficaces trabajan por un modelo social organizado en torno a los “bienes comunes globales”.

La crisis financiera mundial que atravesamos ha dado lugar a declaraciones espectaculares por parte de políticos y analistas. Es el fin del capitalismo. Nada volverá a ser como antes. La culpa ha sido de la avaricia y la desregulación. Pero las palabras no vienen acompañadas de decisiones que indiquen un verdadero cambio de rumbo. Sin embargo, puede estar produciéndose. Lo impulsan personas y organizaciones que están diseñando el futuro. Sus actividades alimentan un lenguaje que poco a poco se filtra hacia la superficie: cada vez hablamos más de "los bienes comunes", de la eficacia de la cooperación frente al individualismo y la competencia, de la responsabilidad para con las generaciones futuras o de tener en cuenta los valores espirituales, no únicamente el patrimonio material.

¿Cuáles son los
bienes comunes?

 


Son bienes comunes el aire, los océanos y la vida salvaje. También lo son los conocimientos y las creaciones artísticas, así como las iniciativas desarrolladas a partir de las posibilidades de las nuevas tecnologías de la información.

La sabiduría tradicional acerca de las plantas medicinales o la agricultura son bienes que pertenecen a la humanidad y deben ser protegidos de las empresas que pretenden patentarlos y privatizarlos para obtener un beneficio económico (biopiratería).

Bienes comunes pero apropiables son aquellos que pueden ser comprados y vendidos, como el petróleo, el suelo o las frecuencias de radio. La gestión de este tipo de recursos debiera realizarse de acuerdo con los intereses generales.

En el ámbito de la propiedad intelectual, se han popularizado las licencias “Copyleft” y “Creative Commons”, contrapuestas al “Copyright”. Tienen su origen en el movimiento a favor del software libre y se refieren al derecho a modificar y divulgar gratuitamente la obra intelectual. Son utilizadas en los proyectos de creación intelectual colectiva y voluntaria, como la Wikipedia (www.wikipedia.org).

Antonio Lafuente, doctor en Ciencias Físicas e investigador del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Centro Superior de Investigaciones Científicas, autor del informe Laboratorio del procomún, y miembro del Medialab Prado, define los bienes comunes o procomún como el conjunto de cosas “que son de todos y de nadie”. “Forman una comunidad de recursos –continúa– que debe ser activamente protegida y legada a las generaciones futuras. Está constituido por los dones de la naturaleza que hemos heredado, como el aire, la biodiversidad, la luz del Sol, la polinización o los fondos oceánicos. También está conformado por los bienes que hemos creado conjuntamente, hechos culturales como la lengua, el folclore, la ciencia, la gastronomía, las calles o el paisaje. Sin ellos, la vida simplemente no es posible”.

Dentro del movimiento a favor de los bienes comunes conviven todo tipo de intereses. Entre las organizaciones que lo impulsan, algunas son bien conocidas por el público gracias a su aparición en los medios de comunicación; otras están formadas por ciudadanos de a pie que se movilizan por diferentes causas; y algunas cuentan con expertos y personalidades influyentes que se manejan entre los círculos del poder político y económico. Lo curioso es que todas estén ahora empujando en un mismo sentido.

El Club de Roma fue fundado por “un grupo de ciudadanos del mundo que compartían la preocupación por el futuro de la humanidad”, en el simbólico año de 1968, y se dio a conocer en 1972 con la publicación del informe Los límites del crecimiento, realizado por científicos del Massachusetts Institute of Technology (MIT, de Estados Unidos), que denunciaba por primera vez que el desarrollo económico y el aumento de la población mundial podrían agotar los recursos naturales. El Club de Roma propuso como solución a los gobiernos y a la sociedad el “crecimiento cero”, concepto que está en el origen del “desarrollo sostenible”. La obra se tradujo a más de 40 idiomas y se difundieron más de 50 millones de copias.

En su declaración de principios, el Club de Roma afirma que “es posible evitar las actuales y previsibles catástrofes, cuando son el resultado del egoísmo humano o de equivocaciones incurridas en la forma de gobernar el mundo”. Las soluciones sólo pueden hallarse a través del análisis racional de los problemas, sin los prejuicios que imponenen las ideologías; del desarrollo de una conciencia mundial para aforntar conflictos planetarios; de una ética basada en la libertad, la igualdad, la justicia, la cooperación, el respeto de los derechos humanos; y del uso sostenible de los recursos naturales. 

Recientemente el Club ha presentado un nuevo informe, 2052, en el que plantea que la humanidad tiene 40 años por delante para cambiar el rumbo si no quiere enfrentarse a un declive incontrolable. Hacen falta propuestas para diseñar el futuro, y con el fin de reflexionar sobre ellas, el Club ha convocado a 60 jóvenes activistas, pensadores, artistas y científicos a un encuentro en su sede de Winthertur (Suiza), el próximo mes de diciembre. Asistirán, entre otros, representantes de la primavera árabe, de los movimientos “Occupy” e “Indignados” o del Partido Pirata. 

El movimiento por el decrecimiento, aunque comparte las principales conclusiones de Los límites del crecimiento no tiene nada que ver con el elitismo del Club de Roma. De hecho reúne ideas y proyectos desarrollados por personas de a pie y organizaciones sociales de base, cuyo objetivo es reducir progresivamente la producción económica, de manera que se llegue a establecer una nueva relación de equilibrio entre los seres humanos y entre estos y la naturaleza. 

Un buen número de entidades a favor del decrecimiento han adoptado como logo el caracol, en referencia a las palabras de Iván Illich sobre la “lógica del caracol”: la concha se construye a través de espiras cada vez más amplias, que a partir de un punto de inflexión comienzan a decrecer y a enroscarse sobre sí mismas. Afirman que ya no es posible conservar el bien común de la naturaleza si continuamos creciendo económicamente y consumiendo cada vez más. 

El agotamiento de los recursos naturales (petróleo, gas, carbón...), la extinción de especies y el cambio climático son los síntomas evidentes de que hemos llegado al punto donde el cambio de rumbo es obligatorio si queremos conservar los bienes comunes. El reto es que todos vivamos mejor con menos. Los protagonistas del decrecimiento son los proyectos de escala reducida, que consiguen obtener la máxima eficiencia de los recursos naturales, y que se organizan con método cooperativos. A nivel intelectual se inspiran en Henry David Thoreau, Tolstoi, Ivan Illich, Gandhi, Vandana Shiva o el economista Serge Latouche.[pagebreak] 

Cooperación o indidualismo


 Los vicios privados no son virtudes públicas, como afirmaba Bernard de Mandeville en La fábula de las abejas, obra escrita en 1714 y referencia del pensamiento liberal. La actual crisis financiera ha puesto de manifiesto que la avaricia puede causar graves problemas a todos.

El control social de las actividades económicas y la responsabilidad colectiva se plantean como los valores del futuro. Pensar en el bienestar y las necesidades de los demás dará mejores resultados que el egoísmo.

 Los problemas complejos que afectan al planeta no pueden ser resueltos por una sola persona u organización. Hace falta inteligencia colectica, trabajo en equipo y participación de todos los agentes implicados. Lo mismo puede decirse de la gestión de empresas o entidades de importancia social. 

Si bien los proyectos inspirados por el decrecimiento son “reales”, una de las características del movimiento es que utiliza internet para organizarse y expandirse. Francia es probablemente el país del mundo donde el decrecimiento ha conseguido más implantación. En España se extiende rápidamente y cuenta con varias webs de referencia como www.decreixement.net, en Catalunya, o www.decrecimiento.info

La Global Commons Foundation, con sede en San Franciso (Estados Unidos), pretende crear una alternativa al capitalismo imperante a partir de las organizaciones anti-hegemónicas que en los países empobrecidos desarrollan iniciativas creativas a favor de un futuro más justo y sostenible. Es decir, propone que las soluciones lleguen desde el Sur (Asia, África y América Latina), no desde el Norte (Europa, Estados Unidos y países de la costa del Pacífico), y para conocerlas organiza eventos, exhibiciones y publicaciones donde se den a conocer.  

Para esta fundación, compuesta por profesionales universitarios, dedicados al activismo social y las artes, los bienes comunes planetarios más importantes son los espacios democráticos y accesibles al diálogo, el pensamiento y la acción. Su deficiencia lleva a las crisis, a menudo violentas, causadas por la agudización de las desigualdades, por las amenazas persistentes sobre el entorno natural y por la erosión continuada de la libertad, la dignidad, la salud, los conocimientos y el bienestar de los pueblos y de las personas.

El cambio forma parte de la naturaleza de las cosas y puede ser para bien o para mal, pero por una vez es posible que la sociedad humana se esté encaminando hacia una nueva forma de vivir juntos, presidida por el respeto, el conocimiento, la colaboración y la generosidad. 

Internet de todos

www.wiserearth.com —un proyecto del Natural Capital Institute (NCI), organización “comprometida con la regeneración de la Tierra y con la curación de la cultura humana”, con sede en Estados Unidos— tiene por objetivo esencial servir de infraestructura virtual para el trabajo del millón de organizaciones que trabajan en todo el mundo a favor de la sostenibilidad, la justicia económica, la protección de los derechos humanos y la paz. Desde el año 2007, hasta ahora se ha creado en torno a WiserEarth una comunidad de 100.000 personas y se han creado nuevos proyectos de escala internacional en torno a los temas centrales de nuestra época: el cambio climático, la pobreza, la protección de la naturaleza, la paz, el agua, la justicia social o los derechos humanos. 

En la web se halla el directorio de organizaciones no gubernamentales más extenso del planeta (110.000 en 243 países, territorios soberanos e islas). Unas 20.000 personas participan habitualmente en la comunidad virtual, realizando contactos, compartiendo recursos e imaginando soluciones a los problemas globales. Según el director del NCI, a través de WiserEarth se visualiza “el movimiento social más importante del mundo, que existe aunque pocos se estén dando cuenta”. No tiene nombre, líder, ideología, nación ni sede, pero puede poner en marcha una fuerza de 100 millones de personas en todo el mundo. España aparece representada en la base de datos con 1.534 entidades.

www.worldchanging.com quiere cambiar la forma de pensar sobre los problemas del mundo. Su creador, Alex Stephen, ha organizado una red mundial de de periodistas, diseñadores e intelectuales independientes que dan a conocer las respuestas más creativas a los retos del siglo XXI. Pero no son grandes palabras, sino soluciones reales que ya se han puesto en práctica. A lol argo de cinco años Worldchanging ha elaborado una base de datos con más de 8.500 artículos, llenos de ideas positivas sobre todo tipo de temas (producción industrial limpia, salud, energías renovables, conservación de la naturaleza, transportes, ocio…) que inspiran a todos los ciudadanos del mundo interesados en construir un futuro mejor. 

comunes.org es una iniciativa sin ánimo de lucro cuyo objetivo es facilitar el trabajo de otras organizaciones y activistas mediante el desarrollo de herramientas web y recursos libres, con el objetivo de fomentar los bienes comunes. Algunos de sus proyecto son: Ourproject.org promociona la cultura libre en general, proporcionando servicios web (hosting, listas de correos, wiki, ftp, foros, etc.); Kune es una plataforma para la promoción de los métodos colaborativos; y Move Commons, una sencilla herramienta web para que iniciativas, colectivos y organizaciones no gubernamentales, puedan visibilizar los principios básicos con los que se han comprometido.

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