¿Los hospitales son centros de salud?

¿Los hospitales son centros de salud?

Se entiende por hospital el lugar donde se acogen y curan enfermos. Sería lógico pensar que son centros de salud, donde el paciente se recupera y aprende a cuidarse mejor. Pero en realidad no son más que lugares especializados donde el protagonista, más que el enfermo, es la enfermedad. Los hospitales son el reflejo del tipo de medicina que se practica. 

Dos visiones de la enfermedad

Una visión mecanicista de la enfermedad en la que se tratan órganos o partes del cuerpo, en la que todo el poder terapéutico está en la medicación, la tecnología, o en la actuación médica, puede justificar grandes edificios en el centro de la ciudad, rodeados de cemento, con habitaciones de ventanales herméticamente cerrados para mantener una temperatura constante, y donde los enfermos pasan el tiempo recorriendo su estancia una y otra vez, viendo la televisión, o dormitando en la cama, a la espera de pruebas diagnósticas, de la intervención quirúrgica, de la terapia altamente especializada, o simplemente de los comprimidos o el jarabe medicinal.

La misma construcción de largos pasillos con habitaciones a ambos lados, que se asemeja a un parking, en este caso de enfermos, acrecienta el sentimiento de pasividad, de “estar estacionado”, de poca participación en el propio proceso de curación. Los interrogantes que surgen acaban generalmente siendo contestados con evasivas por el personal sanitario, puesto que existe la idea de que cuanto menos sepa el paciente sobre su enfermedad mejor.

Lejos de casa, de su ambiente familiar, sin comprender muchas veces lo que está sucediendo, y en un estado de latente espera, de esa alta que no sabemos si llegará antes o después del fin de semana, no es de extrañar que el paciente se sienta anímicamente abandonado, lo que de alguna forma retrasará su curación.

La visión más vitalista de la enfermedad, que entiende que es una persona con sus dolores, sus angustias y sus emociones, la que llega al hospital, y no sólo un hígado o un corazón alterados, y que sabe que la salud es el resultado de la forma en que nos relacionamos con nuestro entorno, cree que las actuales “ciudades sanitarias” podrían ofrecer mucho más a sus pacientes.

Ubicación y actividades

Mejorar la calidad del aire dentro de los hospitales es una medida que se está cuidando y que hay que aplaudir, pero existen muchísimas más cosas que pueden hacerse para mejorar el medio ambiente hospitalario.

Por ejemplo, podría cuidarse también la calidad del aire fuera del hospital, para favorecer el intercambio y la renovación diaria del oxígeno de todas las salas de los enfermos. Creo que es imprescindible, y así se hace en algunos lugares, que el paciente este lo más cerca posible de los agentes de salud (aire, sol, luz, agua...).

Hospital Groot Klimmendaal, en Holanda

La ubicación ideal de una clínica es en plena naturaleza. Un edificio desde donde la simple vista del paisaje levante el ánimo, con jardines que permitan pasear descalzo sobre el césped y tomar baños de luz y de sol, o sentir la vitalizante energía del agua que cae sobre el estanque y que se desliza hacia el arroyo donde poder refrescarse los pies. Los pacientes, lógicamente cada uno según sus capacidades, y con la supervisión del personal sanitario, han de realizar en este lúdico lugar las actividades que sean más convenientes para su problema. Todo esto es terapia.

Parte de los “tiempos muertos”, en que el paciente está “aparcado”, puede emplearse en aprender a comer bien, a respirar mejor, a resolver conflictos de relación... Ya existen clínicas, fuera de nuestro país, donde se aprovecha la estancia del enfermo para realizar cursos de cocina sana, de yoga, de psicoterapia en grupo... o charlas educativas sobre temas de interés general: “como controlar el estrés”, “errores más frecuentes en la dieta”...

La alimentación

Siempre me ha llamado la atención la poca importancia que se le da a la alimentación de los enfermos ingresados. Las dietas suelen estar estandarizadas, sin tener en cuenta la patología de cada paciente. La calidad de los alimentos apenas se valora y casi todo lo que se consume es congelado, envasado, refinado, con aditivos y conservantes, y por supuesto sin importar su procedencia (suelen ser de cultivo intensivo, con abonos químicos y pesticidas).

Tal es el desinterés que he llegado a recomendar un zumo natural para un paciente ingresado que salía de una huelga de hambre, y han tenido que ir a comprar una licuadora porque no la tenían en un hospital de más de cuatrocientas camas; e igual sucedió con la miel.

Es de esperar que un centro que no se preocupa por lo que comen sus enfermos, no tenga inquietudes para enseñarles a comer bien. Creo que es algo que urgentemente se debe corregir.

El equipo profesional

Pero para que un hospital sea un centro de salud, más que un lugar en el que sólo se traten enfermedades, es necesario que el equipo de profesionales, además de ser pluridisciplinar, entienda que su objetivo es aprovechar la estancia del paciente para ayudarle a mejorar su calidad de vida, aportándole la información y los cuidados necesarios para su equilibrio, tanto a nivel físico, como mental o espiritual.

El médico, además de intentar resolver la molestia o el problema orgánico, debe descubrir las otras demandas o carencias del enfermo; el personal de enfermería además de su función técnica de dar la medicación o de toma de constantes, ha de mantener el contacto directo con el paciente, ayudándole en sus actividades terapéuticas y aplicándole medidas de ayuda como la reflejoterapia, el drenaje linfático...; los psicólogos han de colaborar con su apoyo a resolver los conflictos que aparecen en la vertiente emocional y sentimental de la persona; los dietistas han de individualizar los menús y velar por la calidad de los alimentos... Y todos ellos han de ser al mismo tiempo verdaderos educadores, haciendo que la estancia en el hospital, acompañada habitualmente de resignación y conformismo, sea un aprendizaje para la propia vida, convirtiéndola en una fuente de vitalidad y optimismo. Sin duda este es el camino más corto para evitar recaídas y mejorar la salud de la población.