¡Sexo es salud!

10.10.2013
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Lo común es pensar que primero es necesario gozar de buena salud para luego disfrutar del sexo. Raramente se enfoca el tema al revés: ¿qué puede hacer el sexo por la salud?

Hacer el amor fortalece el corazón, alivia el dolor, equilibra la mente y ayuda a mantener alejadas las enfermedades. 

 

Los investigadores exploran los efectos de la satisfacción sexual sobre todos los rincones del organismo, desde el cerebro al corazón pasando por el sistema inmunitario. Llevar una vida sexual activa y satisfactoria favorece una vida más larga, una mejor salud cardiovascular, una capacidad mayor para mantener alejado el dolor, un sistema inmunitario más robusto e incluso una protección añadida frente a ciertos tipos de cáncer, por no hacer mención de las pocas posibilidades de caer deprimido. 

La asociación estadística entre práctica sexual y mejor salud está demostrada. Un estudio realizado en el Hospital Real de Edimburgo (Escocia) con 3.500 hombres de 30 a 101 años halló una relación directa entre la frecuencia del acto sexual y una mayor longevidad. El autor de la investigación, el neuropsicólogo David Weeks, atribuyó el efecto a la reducción del estrés, la autoestima y el mejor sueño.

 

Otro trabajo, titulado “Sexo y muerte: ¿están relacionados?” y publicado por la revista British Medical Journal, concluyó que los hombres que decían hacerlo por lo menos dos veces por semana tuvieron menos de la mitad de riesgo de morir por varias causas en los 10 años siguientes en comparación con los que disfrutaban de menos orgasmos. 

La hormona de los mimos

Ronald Glaser, un veterano investigador de la relación entre emociones y salud, director del Instituto de Investigación en Medicina del Comportamiento de la Univesidad del Estado de Ohio, ha fijado su atención en la hormona oxitocina, conocida por su intervención en el control de los músculos del útero durante el nacimiento. Esta hormona es también un lubricante de la maquinaria sexual: durante el orgasmo, se multiplica por cinco la cantidad que fluye por la sangre. La hormona de los mimos favorece además el establecimiento de vínculos emocionales entre los amantes. A niveles más prosaicos, influye sobre la regulación de la temperatura corporal, la presión arterial, la curación de heridas y la percepción del dolor. 

La prueba más concluyente a cerca de los beneficios del sexo procede de estudios realizados sobre la gimnasia aeróbica. El acto sexual quema aproximadamente 200 calorías en media hora, el equivalente de correr a buen ritmo durante el mismo tiempo. En el orgasmo, la frecuencia cardiaca y la presión sanguínea se doblan bajo la influencia de la oxitocina.

Resulta lógico concluir que el sexo, como otros ejercicios aeróbicos, previene las enfermedades cardiacas. Así es. Un estudio realizado en el País de Gales mostró que los hombres que practicaban el sexo dos veces o más por semana sufrían, después de diez años, la mitad de infartos que los hombres que lo hacían menos de una vez al mes.

Investigaciones recientes se han centrado en las hormonas dehidroepiandrosterona (DHEA) y testosterona. Ambas son importantes para la libido y está relacionadas con una reducción del riesgo de enfermedad cardiaca y con un mejor restablecimiento después de un infarto. Es una de las razones por las que los médicos mantienen que el sexo después del ataque es relativamente seguro e incluso recomendable, pese al miedo de los implicados.

Placer por dolor

La doctora Beverly Whipple, de la Universidad Rutgers, ha realizado importantes aportaciones al conocimiento de la sexualidad humana. En los años setenta identificó el punto G femenino, el "interruptor vaginal" que enciende la excitación y puede llevar hasta un orgasmo especialmente intenso. También descubrió uno de los efectos más sorprendentes de la oxitocina: su capacidad para mitigar el dolor. 

Whipple demostró que una estimulación suave del punto G aumentaba el umbral del dolor un 40% y que durante el orgasmo se doblaba la resistencia al dolor. Pero no pudo explicar el vínculo hasta que no se inventaron las imágenes de resonancia magnética funcional. Utilizando las IRMF para observar los cerebros de mujeres durante el orgasmo comprobó que se activaba un “centro eliminador del dolor”. En el momento del clímax, desde este lugar se ordena la producción de endorfinas y corticoesteroides, sustancias que adormecen temporalmente las terminaciones nerviosas, responsables de la transmisión de todo tipo de molestias, desde los calambres menstruales, a los dolores causados por la artritis o la migraña. Es decir, el dolor de cabeza no es excusa para evitar el sexo, sino un motivo añadido para practicarlo.

Un estudio realizado por la Universidad Wilkes (Estados Unidos) en 1999 con más de cien universitarios, encantados de participar,­ halló que los niveles de immunoglobulinas —­células inmunitarias que luchan contra bacterias y virus­— eran un 30% más altos en los estudiantes que hacían el amor una o dos veces por semana en comparación con los que guardaban abstinencia, por obligación o por el bien de la ciencia. 

Pero curiosamente, los que lo hacían más de dos veces volvían a las tasas normales entre los célibes. ¿Significa esto que hay una frecuencia sexual idónea para mantener fuertes las defensas frente a la enfermedad? 

Moderación oriental

Todo indica que así es. En Occidente ha actuado la ley del péndulo. Se ha pasado de considerar el sexo como perjudicial para la moral y para el cuerpo a no poner límites por no pecar de mojigatos. En cambio, las doctrinas sexuales milenarias de China e India han recomendado la moderación, especialmente en el caso de los hombres.

Según la medicina tradicional china, la práctica sexual gasta la valiosísima energía vital del riñón, y como consecuencia pueden aparecer cansancio, desmotivación y dolores lumbares entre otros trastornos. Por eso se suele recomendar que no se pase de las dos o tres eyaculaciones por semana, sobre todo si el hombre tiene ese órgano debilitado. 

El yoga indio coincide. En la relación sexual intervienen dos de las energías que gobiernan el funcionamiento del cuerpo y la mente: prana vayu, que se encarga de absorber energía y materia, y apana vayu, la energía excretora. Es decir, prana vayu se ocupa de las «entradas» y apana vayu de las «salidas», y la salud es el resultado de un equilibrio entre ambas. Un exceso de salida, en este caso de semen, podría ser causa de enfermedad. 

Taoístas y tántricos está de acuerdo en la conveniencia de evitar la eyaculación. Pero esto no quiere decir que haya que renunciar al placer y el resto de beneficios del sexo. Al contrario. Existen métodos para aprender a separar el orgasmo de la eyaculación. Así no sólo se protege y mejora la salud general, sino que se disfruta del sexo con más intensidad. Como es sabido, en las prácticas taoístas y tántricas más avanzadas la relación sexual se convierte en un medio para alcanzar un grado mayor de conocimiento.  

Inmunidad y cáncer

De vuelta a Occidente, científicos suecos están investigando cómo el sexo afecta otra función inmunitaria: la autocuración de heridas. Una vez más la oxitocina muestra el camino. Utilizando inyecciones de la hormona para excitar a ratones de laboratorio, investigadores suecos han hallado que las escoceduras en sus espaldas se curaban dos veces más rápido que sin la influencia de la dosis extra de hormona. 

Otras investigaciones han descubierto que el sexo aumenta el número de células inmunitarias T y que por tanto protege también de las infecciones bacterianas y víricas, entre ellas gripes y resfriados. 

El pionero de los científicos que han estudiado la relación entre sexualidad y salud fue el austriaco Wilhelm Reich, que realizó sus trabajos en las décadas de los 30 y los 40 del siglo pasado. Reich se atribuyó los descubrimientos de la energía orgónica cósmica y de la función en la salud de las convulsiones orgiásticas.

Para Reich, autor de La revolución sexual y otras obras que han fundamentado las terapias bioenergéticas y psicocorporales, la represión cultural de la sexualidad estaba en el origen del cáncer y otros muchos trastornos. Sus aportaciones no recibieron el beneplácito de las corrientes científicas dominantes en las últimas décadas, pero estudios recientes muestran que la actividad sexual frecuente protege a las mujeres frente al cáncer de pecho y a los hombres del de próstata.

Los investigadores actuales obvian la energía orgónica —que puede identificarse fácilmente con el chi o el prana orientales— y buscan una interacción entre la oxitocina y los estrógenos u hormonas femeninas en las mujeres, y la oxitocina y la testosterona masculina en los hombres.

Equilibrio mental

El efecto del sexo sobre el equilibrio mental es casi un conocimiento popular, pero en los tiempos que corren hace falta demostrarlo todo. El Instituto por la Sexualidad Humana Avanzada ha realizado un estudio a largo plazo con 37.000 adultos y ha concluido que los participantes con vidas sexuales satisfactorias gozaban de mejor salud mental en general, estaban más relajados, tenían mejor apariencia y gozaban de más confianza en sí mismos.

Cuando se investiga sobre evidencias a veces se encuentran resultados inesperados. En un estudio realizado hace dos años con la participación de 293 mujeres, el psicólogo Gordon Gallup halló que aquellas cuyas parejas no utilizaban condón eran menos susceptibles de sufrir depresión.

Puede que la psique de estas mujeres fuera de sensibilidad más fina que el látex, pero Gallup sugiere que el beneficio es debido a las prostaglandinas, que se encuentran en el semen y que al ser absorbidas por el tracto genital femenino actúan como moduladoras de los altibajos en los niveles de hormonas femeninas.

¿El semen es una especie de elixir?

Quizá no tanto, pero estudios recientes indican que ingerirlo sólo puede traer beneficios. Contiene altas concentraciones del mineral antioxidante zinc, calcio, magensio y otras sales, y por lo menos 13 tipos de prostaglandinas y hormonas cuya calidad es muy superior a las que se prescriben con receta médica.

Los efectos conocidos son una reducción en la incidencia de cáncer de ovarios y la remisión del acné. Pero más curioso es que los efectos positivos se dan en las mujeres monógamas, no en las que tienen varias parejas. Al parecer, esto es debido a que es importante la regularidad en la composición del semen. 

Cómo hacerlo bien

Como cualquier actividad, el sexo puede hacerse más o menos bien. Es lógico pensar que la intensidad de los efectos positivos dependa de la pericia con que se realice. 

• El sexo no es sólo orgasmo y penetración. Ésta ni siquiera es el acontecimiento más importante en una sesión. La atención debe dirigirse exclusivamente a las sensaciones del instante, sin dejarse influir por la ansiedad del pasado ni por expectativas de clímax futuro. 

• El factor tiempo. El sexo no puede ir a la cola de las actividades banales que se suelen dejar para las últimas horas del día. No se puede llegar al mejor momento cansados. No hay que tener prisa por dormir o por levantarse. Es necesario darle un lugar de honor y olvidarse por completo del reloj.

• La estimulación de la piel mediante caricias desempeña seguramente una función esencial para que comiencen a fluir abundantemente las hormonas y otras sustancias. Por tanto es una buena idea dedicar un tiempo a las caricias y al masaje sobre la cara y el cuello de la pareja porque en sus músculos se acumula una cantidad enorme de estrés psíquico. Esta tensión es debida a la represión de emociones por culpa de las reglas de la vida social: no se puede reír, llorar o enfadarse en cualquier lugar y siempre que se desea.

• Retrasar la eyaculación. Conviene considerar las recomendaciones de taoístas y tántricos. Si no evitarla siempre, al menos en ocasiones o retrasarla. Con la salida del esperma, por muy atento que se sea, se desvanece el magnetismo que une a la pareja y se vuelve abruptamente a lo cotidiano. Se corre el riesgo de que la relación sexual se reduzca a una descarga de tensión, cuando puede ser mucho más: la brasa que mantiene caliente el amor, la sensación de comunión, que da magia a todas las horas del día.

• No hay que intelectualizar el acto. No hay pensar lo que se está haciendo, al contrario, hay que soltarse para que actúe el instinto. Esto no es contradictorio con el hecho de ser más consciente. Como en la meditación, se trata de observar lo que ocurre en la mente y en el cuerpo. Cuando se realizan ejercicios respiratorios o determinadas posturas, las instrucciones se realizan lo más automáticamente posible, sin pararse a pensarlas.

• Tras el orgasmo, es una buena idea dejarse vencer por el sueño o descansar al menos durante media hora a una hora. Algunos sexólogos opinan que conviene separar los cuerpos para reencontrarse con uno mismo y asimilar la experiencia, dejando que la pareja haga lo mismo. Pero el descanso no tiene porqué ser el final. Al contrario, cuando la relajación se realiza en el momento oportuno permite disfrutar de horas de relación sin llegar a sentirse exhausta/o.

LA IMPORTANCIA DE LA RESPIRACIÓN

El control de la respiración es uno de los métodos más eficaces para dominar la eyaculación y multiplicar los beneficios que proporciona la relación sexual, tanto en el hombre como en la mujer.

La respiración aumenta el ritmo a medida que se acerca la eyaculación. Por tanto hacerla más lenta y profunda ayuda a retrasarla al tiempo que reduce la tensión nerviosa. 

Estar menos nervioso no quiere decir estar menos excitado sexualmente. Al contrario, al relajarse durante el encuentro sexual se incrementa la capacidad de sentir y se sustituye el componente violento por armonía. Ésta se favorece enormemente si la pareja consigue sincronizar su respiración: cuando el hombre penetra y espira, la pareja inspira; cuando se retira e inspira, la pareja exhala. Si se adopta una respiración lenta y profunda se puede repartir cada inspiración y espiración en varios vaivenes.

Si a la respiración se suma el control de los músculos del perineo, todavía mejor. El placer se hace más intenso y se mejora el control. 

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