Las medicinas de la selva

14.2.2014
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Las empresas farmacéuticas buscan en la naturaleza sustancias terapéuticas que no se pueden crear en el laboratorio.

Las plantas continúan siendo la principal fuente de principios activos.

Algunas empresas intentan apropiarse de los conocimientos tradicionales y de las plantas.

Chaman recogiendo chacruna / Heberto H. García Ramírez

Son más de 200 las compañías farmacéuticas y los centros de investigación médica de todo el mundo que buscan en los bosques tropicales una cura para el cáncer, para el sida o para otras enfermedades. Algunos ejemplos son las alemanas AlzChem, Boehringer Ingelheim Pharma KG, Rütgers Organics, Midas Pharmachemie, la norteamerican Biovectra y la china Huazhong Pharmaceutical.

Estas y otras empresas están examinando los remedios tradicionales a base de plantas medicinales en su búsqueda de nuevos principios activos terapéuticos. Este interés ayuda a que se reconozca la eficacia de los tratamientos naturales, pero también es origen de problemas como la biopiratería, es decir, el intento de explotar comercialmente lo que la naturaleza ofrece gratis y sin reconocer los derechos culturales de los pueblos indígenas. 

Por otra parte, que en la natureleza, en especial en los bosques tropicales, pueda encontrarse la curación de enfermedades que hasta ahora no tienen un tratamiento eficaz es un argumento más para proteger las especies amenazadas por la explotación comercial, la desertificación, la urbanización y el cambio climático.

La mitad de los medicamentos todavía procede de la naturaleza

Las sustancias naturales, especialmente las procedentes de las plantas, han sido durante siglos la principal fuente de remedios curativos. El 50% de los medicamentos actuales tuvo su origen en productos naturales y las plantas continúan siendo la principal fuente de nuevos medicamentos.

La mitad de la sesentena de drogas anticancerígenas desarrolladas en la última década por el National Cancer Institute de Estados Unidos son productos naturales, derivados o sustancias sintéticas basadas en una estructura natural.

El interés de la gran industria farmacéutica en la investigación sobre productos naturales había decaído en las últimos décadas debido al desarrollo de nuevos procedimientos de laboratorio como la química combinatoria, que permite la síntesis de infinidad de nuevos compuestos artificiales. 

Pero la eficacia de estos métodos no ha sido la esperada. Se ha demostrado que mediante síntesis química no se consiguen estructuras moleculares tan complejas y eficaces como las naturales.

La selva es una reserva de remedios

Todo ha llevado a que algunas industrias recuperen el interés por estudiar los ecosistemas más ricos del planeta. Según Michael Balick, director del Instituto de Botánica Económica del Jardín Botánico de Nueva York, hay por los menos 300 nuevos principios activos esperando a que sean descubiertos y se encuentran en las selvas tropicales.

Este especialista calculó la cifra relacionando las plantas que existen (unas 250.000 especies vegetales) y las que se han estudiado (un 1%, unas 2.500). La naturaleza es todavía una enorme reserva de agentes curativos.

Se cree que la región amazónica posee entre el 30 y el 50 por ciento de la diversidad biológica de la tierra, y los sanadores tradicionales indígenas de la región acumulan siglos de conocimientos acerca de los recursos medicinales naturales de la región. 

Curare   

La selva amazónica ya ha contribuido con decenas de sustancias a la medicina occidental. Entre las más conocidas están el curare, un componente fundamental de los anestésicos modernos, y la quinina, el principal remedio para tratar la malaria. 

Otros ejemplos más recientes de las decenas de contribuciones amazónicas son hierbas como la chanca piedra, que los indígenas usan para “limpiar los conductos internos del cuerpo” y para “destruir las piedras del riñón”, que es la base de remedios diuréticos, y la manaca, que tiene propiedades antiinflamatorias y se utiliza para tratar problemas del sistema endocrino.

En compañía de chamanes

La investigación en la selva no la realizan los científicos en solitario. No sabrían por dónde empezar, por eso requieren la ayuda de los chamanes de pueblos que lleven asentados muchas generaciones en áreas de gran diversidad biológica.

El Instituto de Etnomedicina, un organismo sin ánimo de lucro en el que participan varias universidades norteamericanas y europeas, tiene como objetivo principal "investigar nuevas curas estudiando los patrones de salud y enfermedad de los pueblos indígenas". Este camino les ha llevado a descubrir dos nuevos fármacos para el tratamiento del Alzheimer y el Parkinson.  

Ray Cooper, químico de la empresa californiana Shaman Pharmaceuticals, la primera que se dedica a trabajar exclusivamente con plantas para desarrollar fármacos, lo explica en su método de trabajo: “no recogemos plantas al azar; en lugar de eso, nos centramos en una enfermedad, recopilamos plantas que utilizan los curanderos tradicionales y las probamos en sistemas biológicos en nuestros laboratorios para confirmar lo que dicen los chamanes”.

Los investigadores saben que cualquier indígena puede identificar plantas con propiedades medicinales, pero sólo el sanador tradicional posee los conocimientos precisos sobre cuál es la mejor planta para tratar una enfermedad grave o poco común.

Las estadísticas indican que la información etnomédica puede incrementar en aproximadamente unas diez veces la probabilidad de éxito en la búsqueda de nuevos medicamentos.

Según Darrel Addison Posey, antropólogo y etnobotánico, que estudió los últimos 23 años de su vida, hasta 2001, el potencial curativo en la región de los indios Kayapo del Amazonas, los habitantes de cualquier poblado utilizan nada menos que entre 300 y 400 plantas medicinales distintas.

Leslie Taylor, en su libro Herbal Secrets of the Rainforest (Secretos herbarios de las selvas), aporta más datos sobre la importancia de los conocimientos tradicionales: en el sureste de Asia, los curanderos tradicionales utilizan unas 6.500 plantas distintas para tratar la malaria, las úlceras de estómago, la sífilis y otras patologías graves.

La biopiratería viene de lejos

El lado oscuro del trabajo de las farmacéuticas en la selva es la biopiratería, que en realidad no es algo nuevo. A finales de los años 50, la compañía farmacéutica Elli Lilly, después de seguir la pista a sanadores de Madagascar, investigó una pequeña planta tropical con flores rosáceas. Descubrieron que contenía los alcaloides vinblastina y vincristina, cuyas versiones sintéticas son actualmente dos de los fármacos más potentes contra el cáncer.

Vinca rosea   

El primero de ellos resultó ser muy eficaz contra el linfoma de Hodgkin: logra un 80% de remisiones. El segundo, la vincristina, se usa para tratar a los niños con leucemia. Con estos dos productos, Elly Lilly gana millones de euros cada año, pero ni Madagascar ni los chamanes reciben una parte, y la planta de la que se extrajeron estos compuestos, Vinca rosea, ya no existe por culpa de la desforestación. 

La biopiratería no sólo no se ha combatido en las últimas décadas sino que ha recibido apoyos desde entidades que promueven la globalización económica. El acuerdo de la Organización Mundial de Comercio sobre los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio ha facilitado dede 1995 que empresas privadas se apropiaran del conocimiento tradicional de los pueblos indígenas patentando genes de vegetales.

Por citar sólo un ejemplo, la empresa W.R. Grace patentó un extracto a base de nim (Azadirachta indica), adjudicándose así la exclusiva de la comercialización de un producto que había sido utilizado como fungicida durante generaciones por los agricultores de la India. En este caso la patente fue revocada en la Unión Europea después de una intensa campaña de protestas por parte de grupos ecologistas, que erigieron el caso en símbolo de la estrategia de las multinacionales occidentales para apropiarse de los bienes biológicos comunes y de los conocimientos tradicionales.

Por fortuna existen proyectos de colaboración entre las comunidades tradicionales y las empresas que alimentan la esperanza. Uno de ellos es Amazon Coop, una cooperativa cuyo objetivo es conseguir la autonomía financiera de 1.300 nativos pertenecientes a 6 tribus a través de la comercialización de plantas medicinales y de alimentos cultivados en sus tierras. Para ello están firmando acuerdos con las empresas interesadas en investigar y vender sus productos. Este es el modelo defendido por entidades científicas independientes, como la Sociedad Europea de Etnobotánica, y las organizaciones solidarias no gubernamentales.


FARMACOPEA NATURAL

En la tabla se enumeran algunos ejemplos de medicamentos convencionales importantes que se obtienen de vegetales. Además están los cientos de plantas que se utilizan terapéuticamente en la medicina naturista. 

COMPUESTO O
TIPO DE COMPUESTO

FUENTE BOTÁNICA

USO TERAPÉUTICO

Hormonas derivadas de la diosgenina, hecogenina y estigmasterol

Dioscorea

Anticonceptivos orales y otros usos hormonales.

Digoxina, digitoxina

Digitalis purpurea

Glicósidos cardiotónicos (cardenólidos)

Ácido acetil salícilico

Filipendula ulmaria)

 

Atropina, hiosciamina, escopolamina

Atropa belladona, Datura metel,
D. stramonium, Hyoscyamus niger, Mandragora officinarum,
y otras solanáceas

Anticolinérgicos

Codeína, morfina

Papaver somniferum L

Analgésicos, antitusivos

Reserpina

Rauwolfia serpentina

Antihipertensiva, psicotrópica

Vinblastina, vincristina

Catharantus roseus

Anticáncer

Fisostigmina

Physostigma venenosum

Colinérgico

Pilocarpina

Pilocarpus jaborandi

Colinérgico

Quinina, quinidina

Cinchona

Antiarrítmico, antimalárico

Colchicina

Colchicum autumnale

Antigotosa

Cocaína

Erythroxylum coca

Anestésico local

D-tubocurarina

Strychnos toxifera, Chondodendron tomentosum

Relajante del músculo esquelético

Taxol

 

Taxus brevifolia

Anticancerígeno

Podofilotoxina

Podophyllum peltatum

Anticancerígeno

Tetrahidrocanabinol

Cannabis sativa

Tratatamiento de la náusea y el dolor