Influencia de los astros en la agricultura

14.02.2014
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Desde hace miles de años, el ser humano ha tenido en cuenta la influencia del sol, la luna y otros astros sobre las distintas tareas agrícolas.

La observación del sol, la luna y otros astros y su aplicación en las prácticas agrícolas es algo ancestral, aunque en la agricultura convencional muy poco ha pervivido de esa sabiduría popular, fruto de la observación directa y la experiencia y transmitida de generación en generación.

El refrán "hombre lunero no llena granero" indica que si solo nos fijamos en sembrar ciertas plantas en determinada fase lunar y nos olvidamos de regar cuando corresponde o no fertilizamos adecuadamente el suelo, los resultados de nuestro trabajo serán mediocres o incluso desastrosos. Pero si fabricamos un buen compost, trabajamos la tierra convenientemente, disponemos de semillas de buena calidad, regamos cuando corresponde y procuramos realizar las labores del huerto de la forma más adecuada posible, también podemos tener en cuenta una serie de factores energéticos que de forma sutil inciden sobre la vida.

Todos los astros emanan energías y radiaciones diversas, muchas de las cuales bombardean incesantemente la Tierra, bañándola e impregnándola con sus distintas frecuencias electromagnéticas y patrones vibratorios. Maria Thun ha dedicado su vida a investigar las influencias cósmicas en los cultivos y nos dice que, cuando removemos la tierra, se produce una especie de fotografía estelar, quedando grabado el patrón vibratorio de ese instante preciso; es como si expusiéramos un papel fotográfico, impregnado de sustancias químicas fotosensibles. Esa fotografía cósmica grabada en la tierra contiene la información astral de un momento preciso, impregnando las moléculas que han sido expuestas a las radiaciones cósmicas, y dicho patrón vibratorio hará que ese suelo vibre y tenga resonancias que estimulen de forma preferente determinados órganos vegetales, manteniendo esa precisa información hasta el momento en que volvamos a remover esa tierra.

Nosotros podemos aprovechar la experiencia –fruto de la observación– para mejorar el desarrollo y el resultado final de un determinado cultivo: labrar o remover la tierra, sembrar o trasplantar, podar, esparcir estiércol o compost a fin de obtener plantas más sanas y productivas, o cosechar con intención de que se conserve lo recogido durante el máximo tiempo posible, sin estropearse.

Múltiples variables

Tradicionalmente las influencias lunares se limitaban a unas pocas reglas generales. Para las plantas cuyo objetivo final era la obtención de frutos –tomates, habas, berenjenas, etc.– se realizaba la siembra o plantación en la fase de luna llena –asociada a la fertilidad–. Si lo que deseábamos era un predominio de la masa vegetal y de las hojas –lechugas, acelgas, habas forrajeras, espinacas, etc.– se efectuaba su siembra o trasplante con la luna nueva, y las plantas de raíz y tubérculos –zanahorias, rabanitos, nabos, patatas…–, se sembraban con luna menguante.

Durante los días de luna nueva, la planta acumula más agua y se estimula su desarrollo foliar

Otras labores, como sacar el estiércol de las cuadras, voltear el montón de compost, cortar las cañas que servirán de tutores o cosechar los tomates de colgar, se hacían siempre con luna llena.

La experiencia demuestra que estas observaciones son demasiado generalistas y que las influencias cósmicas incidentes sobre los seres vivos son más complejas, existiendo otros ritmos que influyen sobre las labores, diferentes al de las fases lunares; como la luna ascendente/descendente o el paso de la luna bajo ciertas constelaciones. En la práctica existen muchas variables y ello crea dificultad para conocer lo suficiente estas fuerzas cósmicas y sus influencias específicas sobre cada planta o incluso sobre cada ciclo vegetativo, hasta el punto que incluso los agricultores más experimentados se hallan a menudo ante una especie de quiniela cósmica en la que no resulta fácil un acierto pleno. Por ello, si nos interesa aplicar los conocimientos sobre la influencia de la luna, quizás valga la pena recurrir a un calendario lunar como el calendario biodinámico de Maria Thun o al Lunario de Michel Gros.

Los cuartos visibles de la luna

La influencia de la luna sobre las plantas está relacionada con la luz solar que refleja a modo de espejo por las noches. Dependiendo de su rotación y su posición con respecto al sol y la Tierra –las fases lunares– durante la noche nos llega más o menos intensidad de luz solar reflejada, lo que estimula la actividad o el desarrollo de unas determinadas partes de las plantas que se bañan con esa luz solar difusa.

Las observaciones realizadas sobre estas influencias muestran que, durante los días de luna nueva –con muy poca intensidad de luz en el cielo nocturno–, la planta acumula más agua y se estimula su desarrollo foliar, por lo que es un período ideal para preparar la tierra para sembrar o transplantar plantas de hoja como lechugas o acelgas. Durante la luna creciente la savia sube hacia arriba y estimula las partes aéreas como las hojas, pero sobre todo propicia la formación y el cuajado de las flores. En la etapa de mayor intensidad de luz –asociada a la luna llena– se favorece la fertilidad y la fructificación, siendo un período ideal para trabajar los árboles frutales, o sembrar y transplantar plantas de fruto como tomates, calabacines o melones. En el período de luna menguante la energía y la savia descienden hacia las raíces, por lo que favorece el enraizado de las plantas trasplantadas y sobre todo es propicia para la siembra de plantas de las que aprovechamos sus raíces o tubérculos, como zanahorias o patatas.

Descárgate el calendario lunar de El Correo del Sol

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